Irene Lozano y la vicepresidenta Carmen Calvo participaron en un acto a favor de la profesionalización del fútbol femenino el mismo día que se anunció la salida del Lozano del Consejo Superior de Deportes (CSD) y su incorporación como número tres en la lista del PSOE para las elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid. Calvo prometió ante Lozano que la nueva ley del Deporte asegurará que las mujeres compitan en "las mismas condiciones de igualdad" que los hombres en todas las disciplinas deportivas.

El epitafio de Lozano al frente del deporte español ha sido su tumba política, según ha sabido Vozpópuli. La presidenta del CSD se ha enfrentado al presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, a cuenta de la liga femenina de fútbol. Una guerra de poder que agrietó las relaciones entre el Gobierno y la Federación. Rubiales y Lozano habían sido uña y carne hasta este episodio. Dicen que la última reunión entre ambos en el despacho de Lozano terminó a gritos.

El choque con Rubiales ha sentenciado a la responsable del deporte español porque, básicamente, se había quedado sin aliados. Lozano ha conseguido en poco más de año y medio enemistarse con la Federación; el presidente de LaLiga, Javier Tebas; el del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco; y su propio ministro, José Manuel Rodríguez Uribes.

"El motivo de su salida ha sido el enfrentamiento con el COE y Rubiales", dicen fuentes del deporte español. "Tanto Blanco como el presidente de la Federación han acabado más próximos a Uribes que a la propia responsable del CSD".

El compromiso de Lozano

Lozano sustituyó a María José Rienda al frente del CSD con la misión de impulsar la nueva ley del Deporte. Pero ha sido incapaz de llevarla al Consejo de Ministros en todo este tiempo, a pesar de que tenía un anteproyecto redactado por el equipo de Rienda. El autor intelectual de la norma era el ex director general de Deportes, Mariano Soriano. Lozano fulminó a Soriano para colocar en el cargo al embajador Joaquín de Aristeguí, una persona de su total confianza.

Es cierto que Lozano, como cualquier miembro del Gobierno, ha visto alteradas sus prioridades políticas por los estragos del coronavirus. El impacto de la pandemia ha sido especialmente relevante en el mundo del deporte. Las principales competiciones deportivas a nivel mundial, como los Juegos Olímpicos, tuvieron que ser suspendidas el año pasado. Y el CSD ha establecido protocolos y ha aprobado normas para el regreso paulatino de la práctica deportiva.

El acuerdo más importante fue el que suscribió el CSD con la LaLiga y la Federación Española de Fútbol para la vuelta del fútbol. El llamado pacto de Viana (se firmó en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores del Palacio de Viana, en Madrid) supuso una tregua en la guerra entre Tebas y Rubiales, que permitió el regreso de la primera división sin público en los estadios y el testeo masivo a los futbolistas.

Lozano vendió el acuerdo como un éxito personal. Pero se trató de una confluencia de intereses que ni mucho menos cerró las heridas entre LaLiga y la Federación. El otro gran encargo de Lozano era pacificar el fútbol. Primero tomó partido por Rubiales. El CSD llevó a la Fiscalía el llamado caso Fuenlabrada por los vínculos de Tebas con el club madrileño. La Fiscalía archivó esa denuncia. El origen del problema se produjo al final de la temporada pasada en segunda división. El club madrileño con un brote de covid-19 en la plantilla viajó a Galicia a jugar frente al Deportivo de la Coruña. El partido tuvo que ser suspendido, lo que alteró la última jornada por los puestos de ascenso y descenso en juego.

Choque Lozano-Rubiales

Pero cuando Lozano colocó en su agenda la profesionalización del fútbol femenino se encontró en frente a Rubiales. Parte del Gobierno ya se la tenía jurada a la Federación por llevar la Copa del Rey a un país como Arabia Saudí, lo que estuvo a punto de provocar un cisma en el Consejo de Ministros. La sorpresa es que en el tema del fútbol femenino ha encontrado más apoyo en Tebas, que sin embargo no le puede perdonar "su sectarismo del pasado".

Lozano, como cualquier presidente del CSD, ha tenido también sus más y sus menos con el COE y Alejandro Blanco. El regreso de las competiciones ha sido un campo de batalla, en el que Uribes se ha posicionado del lado de Blanco para cabreo de Lozano, cuya ambición, según el equipo del Ministerio de Cultura, no conoce límites. Esa ambición le ha acabado pasando factura.

Los roces entre Cultura y Deportes son constantes por la falta de comunicación. Unos se acusan a otros de hacer la guerra por su cuenta. El ministro, por ejemplo, fue de los últimos en enterarse de que Lozano quería nombrar a De Aristeguí director general de Deportes. Y en uno de los primeros encuentros con las federaciones, el equipo de Uribes les trasladó que era el ministro y no Lozano quien marcaba las directrices.