Cuando alguien no es un intelectual, como Isabel Díaz Ayuso, debe recurrir a la estrategia para mantener el tipo en la 'arena política'. El 40% de votos que le otorgan las encuestas no es casualidad. Se debe a que se ha convertido en una especie de Eva Perón española. Es la figura que ha sabido capitalizar el descontento de los ciudadanos y los pequeños empresarios, amenazados por el paro y la quiebra durante la pandemia. Hoy por hoy, es la 'jefa espiritual' de hosteleros y taxistas, pese a sus limitaciones.

Eso le ha permitido plantear las elecciones madrileñas como unas generales. Es decir, como la líder del principal partido de la oposición. Por eso ha repelido este miércoles con solvencia la mayoría de los ataques que ha sufrido en el debate electoral de Telemadrid. Porque ante casi cualquier cuestión puede afirmar que 'el infierno son los otros'. El PSOE y UP. Gabilondo e Iglesias. Por cierto, debe verlo complicado el candidato socialista cuando ha lanzado de una forma tan evidente el guante a Iglesias. Y viceversa. "Pablo, tenemos doce días para ganar las elecciones".

No han faltado los enfrentamientos cara a cara en este debate a seis bandas, principalmente, entre Pablo Iglesias y Ayuso, conscientes de que el pimpampum entre ambos les beneficia en su propósito de movilizar a los electores que votan más 'a la contra' que 'a favor'. El problema es que el candidato de Podemos no es un desconocido para los electores. Ya no es un profesor de universidad anónimo que se presenta a unas elecciones para terminar con las desigualdades. Hace pocas semanas salió del Gobierno y eso le ha lastrado en el debate. Se pontifica peor cuando se ha gestionado la cosa.

Ayuso le ha culpado de no visitar ningún geriátrico durante la pandemia. “Es usted una pantomima que ha venido a rescatar un proyecto sin recoger un escaño. Es lo más mezquino de política española”, ha añadido. Rocío Monasterio ha sido todavía más expeditiva y ha mostrado un cartel que decía: “30 muertos por cada capítulo”. Se refería a las series de televisión a las que es aficionado el expresidente.

El KO de Gabilondo

Dicen los asesores políticos que los debates a varias bandas no se ganan, sino que se pierden. Eso es lo que ha ocurrido esta noche con Ángel Gabilondo, poco elocuente y más preocupado del diagnóstico sesgado de la realidad que de la exposición de propuestas. El socialista ha tratado de desgastar a Díaz Ayuso con una referencia a sus recientes declaraciones sobre los asistentes a las colas del hambre -”mantenidos subvencionados”, dijo sobre ellos-, pero no ha funcionado, pues Ayuso ha respondido con el traje de Eva Perón de los españoles: “Me opuse a que siguiéramos arruinando a personas que en lugar de salir por la mañana a conseguir su recaudación acaban en las colas del hambre por culpa del Gobierno”.

Monasterio también ha intentado en sus intervenciones aprovechar el descontento de la población y ha hecho referencia a la inseguridad (los menas), a los chiringuitos políticos y a los peligros del programa de la izquierda, pero la impresión es que el discurso de Vox no resulta tan efectivo contra Díaz Ayuso que contra Casado. Entre otras cosas, porque estos comicios se presentan en clave nacional, y no autonómica, y la popular no acude como presidenta madrileña, sino como alternativa a Pedro Sánchez. Y en la memoria colectiva todavía se encuentra el giro hacia la posición moderada que realizó el PP en la moción de censura de Vox.

Como esto es una batalla más de la guerra entre Ayuso -que no del PP- y el Gobierno, Gabilondo ha muerto en la orilla cuando ha hablado de bajar los impuestos, pues sabe que el ajuste fiscal español del que se habla en Bruselas afectará al bolsillo del contribuyente. Por eso, ha confrontado las acusaciones de mala gestión de Iglesias -no sin apuros cuando ha sacado a relucir las muertes en Madrid- con datos relacionados con las malas decisiones de Moncloa y el Ministerio de Sanidad.

Mónica García (Más Madrid) ha tenido intervenciones efectivas cuando se ha debatido sobre la pandemia (“Cuando necesitábamos rastreadores, hemos contratado curas (…) El Zendal es hangar sin sanitarios”), pero se ha desinflado en el bloque de economía; mientras que Edmundo Bal, que ha llegado a Telemadrid en moto, ha tratado de mantenerse a flote, sabiendo que partía con el agua al cuello. Porque Ciudadanos es, a día de hoy, un partido que genera una desconfianza parecida en la derecha que en la izquierda. Su estrategia ha sido la de situar a la formación naranja como una alternativa a Vox, pero Monasterio se ha mostrado ágil en los contragolpes: “Usted es el partido que ha traicionado a sus votantes para apoyar a Sánchez”.

Por lo demás, se puede decir que el debate a seis bandas ha servido para exponer un ramillete de propuestas de todo tipo. Los partidos que han gestionado los hospitales durante la pandemia, han prometido mejoras en la Sanidad y ayudas económicas. Iglesias ha hablado de dentista y gafas gratis; y Bal, de subvencionar tratamientos de fertilidad.

También ha habido espacio para los ataques barriobajeros: Ayuso ha citado la casa de Galapagar e Iglesias, el hotel de Sarasola. También ha habido una referencia al “chiringuito” público del que vivió Abascal y a los muertos de los geriátricos, que se han lanzado entre los atriles sin excesivo rubor. El trumpismo no es sólo cosa de Trump. Tampoco patrimonio exclusivo de un país ni de un partido. Hay ejemplos a mansalva.