Sus declaraciones ante el juez

Así confesaron los terroristas de Barcelona su plan de "derrumbar la Sagrada Familia"

Los detenidos por el atentado del 17-A detallaron la influencia del imán, hablaron de un lote de armas escondido en un monte o los planes de otro grupo francés para atentar en Lloret de Mar  

Los atentados de Barcelona y Cambrils contados de viva voz por sus propios autores. A lo largo de varias horas de declaraciones en la Audiencia Nacional, los detenidos y únicos responsables con vida del ataque yihadista confesaron en primera persona que el plan inicial era "derrumbar la Sagrada Familia de Barcelona". Entre otros detalles, también pidieron protección para sus familias, una "condena corta en una cárcel con gente normal" y acusaron al imán de Ripoll de haberles lavado el cerebro, incluso de drogarles.

Durante el interrogatorio, a Driss Oukabir, primer arrestado, se le quiebra la voz cuando recuerda que al ver su foto en la televisión pensó en suicidarse o huir. Finalmente se entregó, aunque mintió a la policía con una versión falsa por miedo a que le pegasen "un tiro". Mohammed Huoli Chemlal, quien apenas unos días antes se había salvado por minutos de morir en la explosión de la casa de Alcanar, se expresa con un tenue hilo de voz. Tanto que la fiscal y actual ministra de Justicia, Dolores Delgado, le insta a que hable más alto. En ese momento sólo habían pasado cinco días del ataque y el país aún se reponía del golpe.

Pese a su estado, Houli Chemlal fue quien aportó la mayoría de detalles sobre las actividades de este grupo, autor de la muerte de 16 personas en la Rambla de la ciudad condal y Cambrils entre el 17 y el 18 de agosto del año pasado.

Según pudo relatar a duras penas, todo empezó hace dos años, cuando el imánAbdelbaki Es Satty llegó a la mezquita de Ripoll. Allí iban a rezar la mayoría de terroristas y allí estableció relación con ellos el líder religioso y antiguo contacto del CNI. El vínculo fue especialmente estrecho con Younes Abouyaqouub, el conductor de la furgoneta de la Rambla, y Mohammed Hichamy, fallecido en Cambrils.

Así se planeó el intento de ataque a la Sagrada Familia

Las reuniones se aceleraron semanas antes del atentado. Se citaban en Ripoll, en plena calle y a la luz del día. "A nosotros nos empiezan a hablar del martirio hace dos meses, nos decían que estaba bien hacerlo, pero que se podía hacer contra monumentos", describió Houli Chemlal ante el juez. Casi sin poder hablar, ataviado con el pijama del hospital, venía de prestar declaración hasta en seis ocasiones ante los Mossos d'Esquadra. Pasada la hora de interrogatorio, el juez Fernando Andreu puso fin a la comparecencia, no sin antes hacerle una última pregunta: "¿Sabes que todos tus amigos han muerto?... Todos". Houli Chemlal, que llevaba días detenido e incomunicado, se limitó a guardar silencio.

Regresó a la Audiencia Nacional el 15 de septiembre para otra declaración, de nuevo más de una hora, pero esta vez descansado y recuperado de sus heridas. A juzgar por la voz, parece otra persona. Casi no es necesario siquiera que le hagan preguntas ya que dice querer colaborar a cambio de protección para su familia. "Nos sentaron en un banco y nos dijeron que lo que querían hacer era derrumbar la Sagrada Familia y que teníamos que estar con ellos. Pensamos que eran habladurías, ¿quién la va a poder derrumbar?... Y menos unos chicos normales como nosotros". El plan no estaba muy detallado o al menos a él no se lo comunicaron, dice, porque lo primero era preparar los explosivos.

Así es como llegó a la casa de Alcanar, la base logística del grupo en Tarragona. Allí vio las bombonas de butano, fundas de almohada en las que introducir la carga y un cinturón de explosivos que iba a utilizar el imán. "Ellos notaron mi miedo, notaron que me quería echar para atrás, cambiaron totalmente conmigo, ya me miraban con mala cara, no hablaban conmigo nada. Yo dormía fuera porque tenía miedo de que me mataran", aseguró ante el juez Houli Chemlal. 

Quedaban apenas 48 horas para la explosión del inmueble que acabó con la vida del imán y empujó al grupo a un plan B improvisado. La Sagrada Familia dejó de ser el objetivo. A pesar del vació que le hacían sus compañeros, Houli Chemlal pudo escuchar algunas de sus conversaciones. Antes de reproducirlas en alto ante el juez, este detenido insistió en pedir protección para su familia.

"Decían: 'esos dos hombres que tienen mucho dinero han ido con el imán a Francia y a Bélgica'", narró el detenido sin poder precisar la identidad de esas personas. "La otra fue que decían: 'cuando cojamos lo que tiene el imán en la montaña, más el otro grupo del otro imán, que bajarán de Francia pasando por Andorra y comprarán las armas para atentar en Lloret de Mar en el Ayuntamiento y contra la policía, vamos a hacer algo grande, van a saber quién somos". Preguntado acerca de qué es lo que podía tener el imán escondido, el acusado apuntó a armas o explosivos.

El 16 de agosto, Houli Chemlal iba a entrar en la casa, pero una fuerte explosión se lo impidió y le mandó al hospital. Nacido en Marruecos, pero afincado en España desde los seis meses de edad, hijo de un trabajador en una fábrica de palés, ahora se enfrenta a una más que probable condena de muchos años. Antes de despedirse del juez, quisó terminar pidiendo disculpas: "Quiero pedir que me perdone si he hecho algo malo, yo me he visto obligado a estar con esta gente, me podrían haber matado en cualquier momento".

"Yo el día de la explosión si no hubiera explotado hubiera ido con mis padres o la Policía y se lo hubiera dicho. Soy un chico joven, sé que me vais a condenar, pero no me hagáis una condena muy grande. Quiero salir, tener mi novia, casarme con ella. Les pido por favor que si me van a meter en la cárcel, me metan con personas normales. España me lo ha dado todo, yo no soy capaz de matar a una persona inocente", sentenció.

En sus casi dos horas y media en total que prestó declaración en sus dos visitas a la Audiencia Nacional, Houli apenas se refirió a Driss Oukabir, si acaso para exculparle o sacarle del lugar de los hechos. Pero Oukabir está acusado de prestar su documentación para alquilar la furgoneta que el 17 de agosto recorrería la Rambla de Barcelona sembrando el caos a su paso.

En una primera versión ante los Mossos mintió y dijo que su hermano -otro de os fallecidos en Cambrils- se la había robado. Después admitió haber ido en persona a la empresa de alquiler, pero pensó que iban a usarla para una mudanza. No supo precisar quién se mudaba, a dónde y por cuánto tiempo querían en vehículo.

"No sabía qué hacer; si suicidarme, escaparme, esconderme... la mejor idea que tuve fue entregarme porque yo no he matado a nadie, no he hecho nada. Estaba esperando a que viniese mi novia porque estaba acojonado, para que no me pegasen un tiro. Por eso al principio me acojoné y dije lo que dije", narró Oukabir al rememorar su arresto. También mostró ante el juez una actitud colaboradora y aceptó revisar su teléfono móvil cuya contraseña era Allahu Akbar. "En nuestro idioma es Dios es grande, no quiere decir nada malo", explicó sin que nadie le preguntase. 

En otro momento del interrogatorio se refirió a su hermano, miembro del grupo terrorista. Acusó al imán de haberle lavado el cerebro lo que le llevó a cambiar de actitud, de ropa, rezaba más veces de lo que exige la religión islámica. Driss Oukabir dijo que se le quitaban las ganas de ir a visitar a su madre sólo por no tener que soportar a su hermano a quien ubicó en Francia antes de los atentados. Pero no supo explicar por qué ni con quien.

La presencia de varios miembros del grupo en el país galo también la confirmó Houli Chemlal y es una de las partes del sumario que sigue bajo secreto de sumario. También las investigaciones realizadas en colaboración con las autoridades de Marruecos, país de origen de todos los integrantes del grupo y a donde viajó el propio Driss días antes de los ataques. Los billetes de avión se los compró su hermano con el dinero de su madre, según declaró el acusado. Explicó que en su familia saben que si a él le dan 500 euros se los gasta en una noche de fiesta.

La investigación sobre los billetes implica a un tercer detenido, el dueño de un locutorio en Ripoll llamado Sahl El Karib. Según su declaración, el hermano y la madre de Driss Oukabir acudían al establecimiento habitualmente. El Karib ganaba cinco euros de comisión a cambio de comprar billetes de avión a sus clientes usando su tarjeta de crédito personal. Según su versión, así es como los Oukabir compraron los billetes pagándole en metálico el precio más la comisión que después él ingresó en su cuenta. Durante su declaración invitó al juez y a los fiscales a revisar sus movimiento bancarios para comprobarlo. 

Durante su comparecencia le mostraron una serie de fotografías para identificar a investigados. Al único que reconoció fue al imán de Ripoll porque era el responsable de la mezquita a la que él acudía anteriormente. Después cambió para ir a otra. 



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