El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha decidido cambiar de jefe de Gabinete. El Consejo de Ministros ha aprobado el cese del diplomático Camilo Villarino, una de las pocas personas que gestionó la llegada secreta del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en abril a España y que provocó la crisis con Marruecos, según informaron fuentes diplomáticas a Vozpópuli.

El sustituto de Villarino es Diego Martínez Belío, quien ya ocupaba el puesto de jefe de Gabinete con el secretario de Estado para la Unión Europea, Juan González-Barba, y que trabajó con Albares en Moncloa cuando este último dirigió la política internacional en Presidencia del Gobierno.

La anterior ministra de Exteriores, Arancha González Laya, tenía la intención de enviar a Villarino a Moscú, una de las embajadas más prestigiosas y mejor pagadas dentro de la diplomacia española. En su caso, sería la primera jefatura de misión que dirija.

Varios de sus compañeros diplomáticos subrayan que Villarino se la ha ganado a pulso pues ha logrado el récord de estar en dicho cargo con cuatro jefes de la diplomacia: Alfonso DastisJosep Borrell, brevemente con Margarita Robles en los meses que llevó el 'doble sombrero' con Defensa, y desde hace año y medio la citada Laya.

Su última etapa no ha estado exenta de polémica: UGT le acusó hace un año de colocar a su esposa durante casi 20 años en trabajos de asistencia técnica en Exteriores sin ser funcionaria y de forma casi ininterrumpida, pero la información recabada por este sindicato no hizo mella en Laya, quien le mantuvo en el cargo.

Sin embargo, el llamado 'caso Ghali' ha empezado a judicializarse en un juzgado de Zaragoza y puede derivar en citaciones judiciales de algunos miembros del equipo que tenía Laya, uno de los motivos que hacían muy difícil la continuidad de la ministra.

Villarino Laya Ghali
Camilo Villarino, el día de su toma de posesión como jefe de Gabinete de Alfonso Dastis.

El Gobierno aprobó en junio solicitar el plácet de Villarino a Moscú pero está por ver si las autoridades rusas lo concederán durante la investigación judicial y, sobre todo, si en último término -y tras la luz verde rusa- Albares llevará su nombramiento al Consejo de Ministros.

El viaje secreto de Brahim Ghali a España el pasado 18 de abril lo conocieron muy pocas personas en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Hasta el punto de que ni Cristina Gallach, 'número dos' de Laya, ni el embajador español en Argel, Fernando Morán, ni la directora general para el Magreb, Eva Martínez, fueron informados del traslado del líder del Frente Polisario y su posterior ingreso en un hospital de Logroño.

La gestión de este viaje se llevó a cabo desde el Gabinete de la ministra y la información sobre los pormenores del vuelo y la estancia de Ghali en territorio español se ocultó a otros departamentos del ministerio. Las citadas fuentes mostraron su sorpresa por este hecho ya que es completamente inusual.

La zona del Magreb es una de las áreas de trabajo de Gallach, que ostenta el puesto de secretaria de Estado de Asuntos Exteriores. Y sobre todo, afecta a la directora general de Magreb, Mediterráneo y Oriente Próximo, quien podría haber opinado sobre el riesgo de una operación de estas características con Ghali en la que no se informó a Marruecos con carácter previo. Aún más chocante es que el embajador en Argel estuviera in albis cuando estalló la crisis diplomática.

No se pudo identificar a Ghali

El avión en el que viajaba Ghali aterrizó en Zaragoza el 18 de abril sin que se llevasen a cabo los habituales controles de pasaporte e identificación del personal que viajaba a bordo. Al menos, esa es la versión que el general jefe de la Base Aérea, José Luis Ortiz-Cañavateofreció ante el juez instructor de Zaragoza mediante un escrito. Y los militares lo hicieron siguiendo las instrucciones del Estado Mayor del Ejército del Aire, que a su vez seguía las órdenes dadas por el Gabinete de la ministra de Exteriores.

Siempre siguiendo el relato presentado por el general en el escrito remitido al juez, el destacamento al mando de la base aérea de Zaragoza recibió instrucciones por parte de la sección de Relaciones Internacionales del Estado Mayor del Ejército del Aire. En concreto, que las personas que viajaban en el avión que aterrizó en la parte militar del aeropuerto no pasaran el control de pasaportes ni de aduanas, por lo que no se pudo identificar a Brahim Ghali ni a la persona que le acompañaba.