España

El símbolo es el desafío

                                 

El diputado de Amaiur Sabino Cuadra rompe un ejemplar de la Constitución en la tribuna del Congreso.
El diputado de Amaiur Sabino Cuadra rompe un ejemplar de la Constitución en la tribuna del Congreso. EP

En estos días en que la victoria de los independentistas en las elecciones autonómicas del próximo 27S parece cierta, no pocos se andaban preguntando el por qué de la "desaparición" de escena del nacionalismo vasco, tradicionalmente mucho más bronco, violento y ruidoso que el catalán. Es el silencio del cómplice. Y en esas, acaso para recordarnos el terror y la sangre sufridos durante décadas, apareció en nuestras televisiones el diputado Sabino Cuadra, rompiendo desde la mismísima tribuna de oradores del hemiciclo que representa la soberanía nacional un ejemplar de la Constitución de 1978. Una tribuna a la que Cuadra accedió vestido con una camiseta con la bandera independentista catalana. Toda una provocación. Cuadra es diputado de Amaiur, partido que se niega a condenar el terrorismo de la banda terrorista ETA y que está en las instituciones porque el actual gobierno ha renunciado, como ya lo hiciera el de Rodríguez Zapatero, a instar su ilegalización.

Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, considera que el diputado de Amaiur "faltó al respeto no sólo a los diputados, sino a todos los españoles que han votado y aprobado la Constitución". Además, califica de "patética y deleznable" la actuación de Cuadra, quien le "avergüenza como representante que cobra de mis impuestos". En opinión de Pedraza, el numerito nacionalista, "no se tenía que haber permitido".

Cuando Cuadra subió a la tribuna era consciente de que el insulto a los españoles o a la nación española sale gratis. O casi. Lo hemos visto muchas veces

Pero sucede que cuando Cuadra subió a la tribuna era consciente de que el insulto a los españoles o a la nación española sale gratis. O casi. Lo hemos visto muchas veces. La Ley que no se aplica para no soliviantar a quienes la pisotean y se ríen de la democracia. Precisamente, estos días se presenta el informe de la Fundación Universidad + Diversidad que contiene 29 casos que vulneran la ley, incitan al odio o a la violencia contra los españoles en Cataluña. Desde la elaboración de una supuesta constitución catalana por parte de un magistrado en ejercicio al simulacro de referéndum celebrado el pasado 9 de noviembre, que no pocos juristas consideran podría haber supuesto la comisión de un delito de sedición, hasta el incumplimiento sistemático de sentencias. Ninguna de estas acciones ha tenido coste alguno para un separatismo cada día más crecido ante la complicidad de buena parte de la izquierda y los complejos de la derecha. Al fin y al cabo, y he ahí la causa, todo nacionalismo es inevitablemente socialista y todo socialismo es inevitablemente nacionalista, como señalara Fichte en El Estado comercial cerrado. Que se lo digan al bailarín Iceta.

Ningún diputado presente le dijo a Cuadra que la Constitución de 1978 ha sido de lo más complaciente con los nacionalismos, para quienes se sacó de la manga la Ley D’Hont, además de introducir en la carta otorgada articulado vario, cuyo único fin era satisfacer a los nacionalismos -véase lo de las nacionalidades que tan confundido tiene hoy a Felipe González y a Pedro Sánchez-. Sin la Constitución de 1978 Cuadra hoy no sería diputado. Tampoco nadie le recordó al tal Cuadra que el grado de descentralización de España es muy superior al de Estados Federales, como Alemania.

Jesús Posada, presidente del Congreso de los Diputados, en lugar de expulsar y sancionar al diputado, como sucedería en cualquier país de nuestro entorno, justificó su pasividad limitándose a decir al término de la sesión, que la actitud de Cuadra era "inadmisible" pero "simbólica".  Como si la política nacionalista no estuviera, precisamente, basada en símbolos y sentimientos por cuanto es irracional, visceral, totalitaria y populista. Precisamente, el colectivismo nacionalista siempre ha aprovechado las crisis políticas para aumentar en intensidad sus reivindicaciones, prometiendo el paraíso terrenal a los suyos, caso de lograr el objetivo de la secesión. No es más que una de las ideologías que, fruto del romanticismo, emergieron en 1848. Un populismo más, pero que subordina el socialismo a la realidad empírica de la nación.

Solo Rosa Díez, líder de UPyD, acertó a actuar con celeridad frente a la provocación nacionalista, recordando que el artículo 106 del Reglamento del Congreso de los Diputados, que "cualquier persona que en el recinto parlamentario, en sesión o fuera de ella y fuese o no Diputado, promoviere desorden grave con su conducta de obra o palabra, será inmediatamente expulsado. Si se tratare de un Diputado, el Presidente le suspenderá, además, en el acto en su condición de Diputado por plazo de hasta un mes, sin perjuicio de que la Cámara, a propuesta de la Mesa y de acuerdo con lo previsto en el artículo 101, pueda ampliar o agravar la sanción". Y proponiendo, lógicamente, la suspensión de empleo y sueldo del separatista vasco. No sucederá. Son lo complejos. Esos que llevan a los políticos del Partido Popular, más si pertenecen a la familia de la democracia cristiana o, directamente, a la socialdemócrata, a contemporizar una y otra vez con el nacionalismo.

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