Génova no consigue poner punto final al escándalo de la exalcaldesa

Rajoy viaja a Valencia con el volcán Rita aún en erupción

Con una amenaza de embargo judicial sobre la sede del PP, con intensas réplicas del terremoto Cotino y el volcán Rita aún en erupción, Mariano Rajoy viaja este miércoles a Valencia.

Rita Barberá con el presidente en funciones, Mariano Rajoy.
Rita Barberá con el presidente en funciones, Mariano Rajoy. EFE

Valencia y Madrid, núcleos de los escándalos de corrupción más graves de cuantos sacuden al Partido Popular, serán objeto de atención preferente por parte de Mariano Rajoy, que intentará recuperar el voto abstencionista o el que se fugó a Ciudadanos en los comicios de diciembre. El presidente del PP, que este martes presenta la lista de sus candidatos al Congreso por Madrid, visita el miércoles Valencia con el objetivo de trasladar un mensaje de impulso a sus seguidores, abatidos por el largo rosario de escándalos que les asfixia desde hace años.

El 'caso Rita' aún está candente y sin resolver. El último capítulo fue la arremetida de la exalcaldesa, y todavía senadora y miembro del partido, contra Javier Maroto, vicesecretario general de la formación, una de las voces más críticas con el asunto Barberá, de quien dijo alegrarse 'muchísimo' por el expediente que en su día le abrió su partido. La 'lideresa' valenciana le espetó que mejor haría en dedicarse a explicar su condena (junto con el ministro en funciones Alfonso Alonso) a pagar 400.000 euros por un asunto ocurrido cuando ambos estaban al frente del Ayuntamiento de Vitoria. "Quizás no ha tenido tiempo de ocuparse de su caso por encontrarse en el Festival de Eurovisión". Unas palabras que produjeron un enorme desagrado en la cúpula de Génova, que no logra reconducir esta cuestión, eternamente aplazada y en ebullición permanente. Barberá se mantiene firme en la defensa de su inocencia y está  la espera de conocer la decisión del Supremo, dada su condición de aforada, para proceder a su investigación.

Una formación convulsa y soliviantada

Rajoy aterriza en Valencia con un PP soliviantado, con el grupo municipal en situación de rebeldía, con la presidenta regional, Isabel Boming, ninguneada insistentemente desde el aparato de Madrid y con unas perspectivas electorales bajo mínimos. La Comunidad Valenciana ha sido uno de los bastiones inexpugnables de los populares, importante vivero de votos y de fondos con lo que se financiaban buena parte de sus actividades. Apenas quedan las cenizas de aquella fortaleza. Gran parte de los dirigentes del PP han tenido que sentarse en el banquillo, hacer frente a juicios sin fin y abandonar sus responsabilidades políticas y orgánicas en su formación. Hubo un momento en que una tercera parte del grupo parlamentario del PP en las Cortes autonómicas se encontraba imputada. Luego fue el grupo municipal de Valencia.

Génova ha intentado una y otra vez enveredar una situación imposible. El verano pasado se designó a Isabel Bonig para proceder a una limpieza a fondo

Génova ha intentado una y otra vez enveredar una situación imposible. El verano pasado se designó a Isabel Bonig para proceder a una limpieza a fondo de toda la contaminación de tantos años de ilegalidades. En pleno proceso de limpieza, estalló el ‘caso Taula’, con Rita Barberá en el frontispicio, uno de los asuntos que más quebraderos de cabeza está produciendo a la dirección regional.

Rajoy ya se acercó hace apenas un mes a la Comunidad valenciana, para presidir una reunión con portavoces regionales celebrada en Alicante. El asunto de la corrupción se trató en forma muy tangencial y, en ocasiones, desde un prisma victimista. Ahora aterriza de nuevo en la región en un momento particularmente incómodo, después de que el juez de la Mata haya amenazado con proceder al embargo de bienes del PP en el caso de que no haga frente al pago de más de un millón de euros de fianza en el la causa que se sigue por la contabilidad B del partido. Es decir, el asunto del extesorero Bárcenas, que ya colea desde tiempo inmemorial.

La corrupción le ha pasado ya toda la factura al PP que cabía esperar, dicen los responsables de Génova. Perdió 3,5 millones de votos y más de 60 diputados en las generales de diciembre. Ahora las encuestas le sitúan como la fuerza más votada, muy por delante del resto de sus rivales. Hay un criterio muy amplio en las filas populares que considera que este asunto no se ha abordado con la valentía y rotundidad que debió hacerse, de ahí que cada lunes aparece algún nuevo cimbronazo desde los diferentes juzgados que se ocupan de las distintas ramas de la corrupción.

Oficialmente, la respuesta es que el Gobierno ya aprobó el pasado año el paquete más importante de medidas de transparencia y regeneración que se han despachado desde la renovación democrática. Algo tarde llegó esa reacción, se piensa en muchos estamentos del partido, que no alzarán la voz hasta que se haya superado el proceso electoral en el que ahora estamos sumergidos. Si Rajoy logra mantenerse en la Moncloa, pocos esperan el cambio en profundidad y la renovación que las circunstancias reclaman. En el caso de que tal cosa no ocurra, el PP abordará la inevitable catarsis, cuyo guión y cuyo reparto está todavía por escribir.



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