España

La investidura de Pedro Sánchez divide en dos al bloque soberanista catalán

Pedro Sánchez ha conseguido, sin buscarlo, partir en dos al bloque soberanista catalán en pleno proceso abierto para conseguir su investidura. Su equipo da por seguro el voto a favor de los 8 diputados de Democracia y Libertad y el rechazo de los 9 de Esquerra Republicana.

El portavoz de Democracia y Libertad, Francesc Homs, habla con Pedro Sánchez.
El portavoz de Democracia y Libertad, Francesc Homs, habla con Pedro Sánchez. EFE

La antigua Convergencia ya ha trasladado al líder socialista por diferentes vías que votará a favor de su investidura. Muy al contrario, Esquerra Republicana juega en estos momentos con la seguridad de que no apoyará a Pedro Sánchez. Fuentes socialistas informan de que esta partición en dos del bloque soberanista catalán no ha sido ni mucho menos buscada, sino que responde a los intereses cruzados de ambas formaciones. Por un lado, al presidente de la Generalitat, Carlos Puigdemont, le interesa abrir cuanto antes canales de diálogo con La Moncloa, sobre todo si de ella desaparece Mariano Rajoy. Por el otro, Esquerra Republicana no quiere que el partido que prepara Ada Colau a partir de la plataforma En Comú Podem, le siga robando votos. Conclusión: lo más probable es que los 8 diputados de Democracia y Libertad, la nueva marca de Convergencia en Madrid, voten a favor de la investidura de Sánchez y que los 9 de ERC lo hagan en contra.

El pacto con el PNV descansa en los gobiernos de coalición que mantiene con el PSE en las tres diputaciones

Pedro Sánchez también se ha ganado el favor de los 9 diputados de Compromís, partido que sostiene al socialista Ximo Puig en la comunidad valenciana, los 6 del Partido Nacionalista Vasco, los dos de IU y el del único parlamentario de Nueva Canaria. De todos estos avales a su investidura, al que concede mayor importancia el PSOE es al del PNV. Se trata de un acuerdo motivado por la lógica política, ya que los socialistas están gobernando en coalición con los nacionalistas vascos en las tres diputaciones forales, donde se maneja un presupuesto cercano a los 15.000 millones de euros.

De los grupos pequeños que podrían influir, según los casos, en la investidura de Sánchez, los que tienen prácticamente asegurado el voto en contra son, además de ERC, los 12 diputados de En Comù Podem, reacios a renunciar al derecho de autodeterminación en Cataluña, los seis gallegos de En Marea, que también acompañaron la lista nacional de Podemos, los dos de Bildu y el de Coalición Canaria, aunque en este último caso, según fuentes socialistas, puede reconsiderarse su posición.

La partida sigue en manos de Podemos

La partida, pues, sigue por razones aritméticas en manos de Podemos, sobre todo, y también de Ciudadanos. Las preferencias de Pedro Sánchez siguen inclinándose por un voto favorable de los 40 diputados de Albert Rivera y una abstención de los 42 de Podemos. Esta composición le traería a Sánchez menos problemas en el comité federal del PSOE y le permitiría gobernar ejerciendo una cierta geometría variable, siempre complicada por el control absoluto que el PP ejerce en el Senado. El presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page, dijo gráficamente ayer que “para conseguir el trofeo hay que torear a izquierda y derecha”. Desde Ciudadanos, se trasladó el mensaje de que no hay grandes obstáculos para alcanzar un acuerdo con el PSOE, a la vista del programa que ha repartido a los diferentes partidos. Sin embargo, desde Podemos se recordó a los socialistas que no habrá pacto si Iglesias y los suyos no entran en el Gobierno.

El PSOE, pragmático: "Para conseguir el trofeo hay que torear a izquierda y derecha"

PP y PSOE están pendientes de una próxima reunión entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, que previsiblemente se celebraría esta semana. El primero quiere que sea en el Congreso, en la misma sala donde está hablando con los diferentes portavoces. Sánchez anuló un encuentro que había fijado con el presidente en funciones para el 18 de enero. La relación entre ambos es gélida y no tiene visos de mejorar. Los dos se necesitan para encarar una reforma constitucional que el secretario general del PSOE sitúa en 2017. Es altamente probable que para entonces, él ya sea presidente del Gobierno o se haya tenido que retirar de la brega política tras una efímera carrera.

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