España

Rajoy sobrevive sin despeinarse a un fallido tres contra uno

El presidente del Gobierno escapó sin despeinarse al frustrado tres contra uno. Sólo los papeles de Bárcenas, agitados por Rivera, le hicieron trastabillar en un debate en el que mostró solvencia y serenidad.

Rajoy, a su llegada al debate.
Rajoy, a su llegada al debate. EFE

Cómodo, suelto, profesoral, seguro, mejor preparado que en el cara a cara con el secretario general de PSOE de hace unos meses, Rajoy ofreció una imagen más solvente e imperturbable de lo previsto. Sobrevivió sin dificultades a lo que nunca fue el tres contra uno que algunos anunciaban. Tan sólo los directos a la mandíbula que le lanzó Rivera en el bloque de la corrupción le hicieron apearse de su inmutable estabilidad. Encajó el golpe con acusaciones de 'inquisidor' al líder de Ciudadanos, neto victorioso en ese apartado. Sabido es que el formato no le favorecía, pero resultó indemne. Por momentos, se paseó por el estudio como claramente victorioso. Había hecho los deberes. Más tono parlamentario que de refriega televisiva, quiso mostrarse inmune a los ataques y blindado contra las acusaciones. Quizás en algún momento pareció acusar algunas pullas, pero siempre bajo control. De pactos, nada claro salió de la velada televisiva. Rajoy insistió en que lo hará con los españoles. Y le sacudió un golpe bajo a Sánchez al burlarse de su tercer puesto en las encuestas. El líder socialista nada desveló sobre el futuro y el de Ciudadanos explicitó que con Rajoy no se va a ningún lado. 

Bloque económico

No miraba Rajoy demasiado a sus rivales. Era un imposible y, desde luego, fallido, tres contra uno, tal y como estaba previsto. Pedro Sánchez, quizás el más duro. Albert Rivera, intermitente y Pablo Iglesias, enmienda a la totalidad. Rajoy optó por dirigirse  a los presentadores, en contra de lo que, por ejemplo, hacía Sánchez, que escrutaba insistentemente al candidato del PP, que aparecía a su derecha. Una estrategia que manejó con insistencia a lo largo de toda la noche. Rajoy se presentó en actitud muy institucional, no como un miembro más del debate a cuatro. "Si se permite gobernar al más votado, no habrá tercera ronda electoral". Rajoy abrió con esta máxima que ha repetido a lo largo de esos seis meses de zozobra y negociación. Y pasó luego, satisfecho y firme, a sacar pecho de los datos del empleo conseguido por su gobierno, con respuestas precisas a las críticas de sus tres adversarios, con cifras de creación de puestos de trabajo (1.500 al día), del documento de apoyo de los autónomos, de los contratos fijos, de los datos de pobreza por debajo de la media de Europa. La reforma laboral fue un Punching-ball de los aspirantes, defendida con solvencia y buen manejo de datos y hasta exhibición de cuadros por parte del presidente en funciones. Y un ejemplo fulminante sobre el empleo precario, que todos habían arrojado contra el líder del PP: "Si a usted, y a usted, y a usted le contratan ahora y le hacen un contrato fijo y a mi me hacen uno temporal, y me lo renuevan dentro de tres meses, y dentro de otros tres, y así hasta doce veces, parecerá que sólo hay tres contratos fijos y doce temporales, y no es así, sentenció con rotundidad. Repitió, eso sí, como un mantra, al menos en tres ocasiones, que su partido puede crear dos millones de empleos en cuatro años. Una oferta electoral que quiso dejar bien clara una y otra vez.

El candidato de los populares, tras recordar lo cosechado en recaudación por fraude (50.000 millones), volvió a subirse al estrado de la experiencia y, como el profesor ante una clase de alumnos poco aplicados

"Ustedes tienen una visión triste de nuestro país, como si no se hubiera hecho anda en estos años, y nos encontramos un país al borde de la quiebra, con la prima de riesgo disparada, inflación desbordada, ahora es negativa, el sector exterior se ha activado y hemos pasado del 1,8 negativo al 3,2 positivo. Fue Sánchez quien puso en liza la reforma fiscal, "un regalo a las clases más altas", dijo, y los recortes del estado de bienestar. El candidato de los populares, tras recordar lo cosechado en recaudación por fraude (50.000 millones), volvió a subirse al estrado de la experiencia y, como el profesor ante una clase de alumnos poco aplicados, sentenció al cerrar el primer bloque: "He escuchado muchas mentiras, y aquí conviene traerse los temas estudiados, no se viene a hacer prácticas, se tiene que acudir con las lecciones aprendidas".

Políticas sociales

"A usted sólo le gustan los que le dan la razón, por eso le gusta el señor Rivera".El candidatopopular soltó una bofetada por duplicado a socialistas y Ciudadanos. "Sería un pésimo presidente", le espetó al socialista. Y pasó luego a centrarseen cuidar particularmente al grueso de su electorado, a los mayores y pensionistas.  Se explayó en comprometerse en la necesidad del pago de las pensiones, con recuerdos a la herencia recibida. Había pensionista por cada tres cotizantes cuando llegamos, ahora es uno de cada cinco, ese es el camino". Rivera introdujo críticas a Pablo Iglesias en tanto que el líder de Podemos alabó a Sánchez y repitió sus críticas a la pareja de la derecha, a PP y Ciudadanos.

"No recortaré nada". Tajante Rajoy al ser preguntado por la oferta incluida en la carta remitida por Moncloa a Bruselas. "Haremos una nueva senda de negociación para adaptarnos a las cifras del déficit". Rajoy empezó firme el tramo de las políticas sociales, recordando dos datos claros: el 60% del gasto del Estado se va a asistencias sociales, Educación y Sanidad. Y deslizó el dato de los 13 millones de españoles que perciben algún tipo de prestación cada mes. "Para conseguirlo, sólo hay una fórmula, crear empleo. Y estaremos en 20 millones de empleos en cuatro años", insistió ante los ataques sobre la insensibilidad del PP en este aspecto. En este bloque, Rivera se erigió en protagonista, con reproches a diestro y siniestro. Consiguió lo pretendido, recibir respuestas de sus compañeros de plató. Un leve respiro para Rajoy, abrazado a su política de la defensa del sistema de pago de prestaciones sociales frente a las voces del líder de Podemos sobre cómo se esquilma la caja de las pensiones. 

Regeneración democrática

La corrupción pareció romper cualquier posibilidad de entendimiento entre el líder del PP y el de CiudadanosRajoy se defendió como pudo del tramo más complicado del debate en el que fundamentalmente Rivera e Iglesias se vinieron arriba, con críticas muy duras contra el presidente y terminaron enzarzándose entre ellos, Venezuela mediante. "Usted votó a muchas de las leyes contra corrupción que nosotros presentamos en el Congreso y luego las incluyó en su acuerdo con Ciudadanos. Usted quiere hacer política con la moral", respondió a los ataques de Sánchez. En el bloque más incómodo para el presidente en funciones, se guardaron las formas. Nada que ver con el cara a cara de diciembre pasado. "España no es un país corrupto, y la corrupción no se combate con aspavientos, sino con leyes".

A su estilo mesurado y tranquilo, sin bajar más de lo preciso al barro, sin provocar polémicas, sin abrir la puerta de la confrontación, Rajoy evidenció en todo momento que su propósito era mantener la figura del único presidente de los cuatro candidatos

Con esta máxima quiso el líder del PP poner sordina a la lluvia de referencias sobre Bárcenas, Rato, Barberá, Panamá, Gürtel, y todos los escándalos que caen sobre su partido y que enumeraron puntualmente sus contrincantes. El más explícito fue Rivera, quien le recordó que "usted aparece en los papeles de Bárcenas, y sólo por eso es difícil confiar en usted". Le enviaba a su tesorero mensajes de 'Sé fuerte' después de ser imputado, y con eso es difícil confiar en usted", Rivera fue posiblemente el más duro con el líder popular. Sin insultar y sin llamarle "indecente". Dejó caer que su presencia en un futuro gobierno resulta muy difícil. De pactos que incluyen su continuidad al frente del Ejecutivo, de momento inviables. "Es usted inquisitorial", le espetó Rajoy. "Usted ha dicho que yo alguna vez he cobrado sobres y eso es una falsedad y una mentira", se sintió escocido el represente del PP. Incluso le recomendó al líder de Ciudadanos más modestia, más humildad e insistió en el tono inquisitorial. Incluso rescató un antiguo comentario sobre unas facturas pagadas con dinero negro. Un rifirrafe, basado en una anécdota mal recordada, que se convirtió en penoso bucle y que mostró el punto más incendiado del debate entre PP y Ciudadanos. Posiblemente, un punto de no retorno en las relaciones entre los líderes de las dos fuerzas del centroderecha. Rivera invocó varias veces la gran coalición pero pareció en este punto haber dejado fuera a Rajoy de antemano. 

Rajoy en el apartado referido a Cataluña mantuvo su postura inconmovible de firme defensa de la unidad de España, y atendió atónico al derribo de 'líneas rojas' como el referéndum, enunciado por Iglesias con la mirada puesta en Sánchez, su socio en el Ayuntamiento de Barcelona. 

A su estilo mesurado y tranquilo, sin bajar más de lo preciso al barro, sin provocar polémicas, sin abrir la puerta de la confrontación, Rajoy evidenció en todo momento que su propósito era mantener la figura del único presidente de los cuatro candidatos, imprimiendo a sus intervenciones un aire institucional y formal, alejado de las aguadillas y las zancadillas, interesado tan sólo en dejar claro los aspectos positivos de su gestión y en rechazar de plano las críticas que le llegaban de todos los frentes. Su esposa, Elvira, le había elegido para la ocaisón una camisa azul con puntitos blancos, a juego con su camisa azul celeste y su traje en tonos marinos. La estética de Rajoy en estado puro. Concluido el debate, Mariano Rajoy se trasladó hasta la sede de su formación, en la calle Génova, donde se habían concentrado vientos de seguidores que le coreaban gritos de 'presidente, presidente', muy satisfechos según parece con la intervención de su líder durante el encuentro televisivo. El candidato popular también ofrecía un semblante tranquilo y agradeció a la presencia y el apoyo de los allí concentrados.


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