Los escándalos no desplazan al partido conservador

Rajoy resiste en sus dos bastiones más corruptos

El Partido Popular mantiene la batalla en Madrid y en la Comunidad Valenciana, sus dos fortalezas tradicionales y sacudidas por los escándalos de corrupción.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, junto a Rita Barberá y Alberto Fabra -
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, junto a Rita Barberá y Alberto Fabra - EFE

El Partido Popular se mantiene firme en sus bastiones de Madrid y la Comunidad Valenciana. Los sondeos publicados en los últimos días sitúan a la fuerza conservadora al frente de ambas comunidades, al menos en cuanto al número de escaños. La corrupción ya le pasó factura al partido de Rajoy en las elecciones autonómicas de mayo de 2015, cuando no pudo reeditar su mayoría absoluta en ninguna de las dos regiones y perdió el poder en la valenciana. 

Los institutos demoscópicos han coincidido este fin de semana en atribuirle una estrecha victoria al PP en ambas plazas. En la región levantina el pulso entre los populares y la formación A la Valenciana, que lidera Podemos, se aprecia un resultado algo más ajustado, con dudas en torno al destino final del nuevo diputado que gana Valencia y pierde León. El resultado en Madrid es mucho más claro, con victoria inapelable del PP y un avance de Podemos, que ganaría dos escaños fruto de su fusión con Unidad Popular. 

El PP aporta en ambas circunscripciones más diputados al Congreso que ninguno de sus rivales desde las generales de 1993

El PP aporta en ambas circunscripciones más diputados al Congreso que ninguno de sus rivales desde las generales de 1993. Madrid y Valencia eran dos castillos inexpugnables del poder territorial de los populares, el vivero primordial de militantes así como fuente clave de financiación.  En los últimos tiempos, estas dos plazas han abandonado su posición preeminente y ejemplarpara convertirse en el símbolo de la corrupción del partido de Rajoy. Gürtel,Bárcenas,CorreaTaula, Púnica,Granados, la visita del Papa, Camps, Barberá, son algunos de los jalones más sonados de un historial vergonzante y, presuntamente delictiva. La mayor parte de estos asuntos están pendientes de su definitiva resolución judicial. Políticamente, ya pasaron su conveniente factura. 

Una reacción tardía y débil

Rajoy reaccionó con relativa contundencia y con no excesiva celeridad ante esta marea tóxica que amenazaba llevarse medio partido por delante. Situó a Cristina Cifuentes como la nueva imagen del PP en Madrid, quien se ha encargado de depurar los diferentes focos que aún supuran en el tejido de la organización. Sus últimas decisiones ha sido las de cortar algunas cabezas en el Canal de Isabel II, uno de los epicentros de los casos de corrupción madrileña, así como la empresa Arpegio, centrada en compra de suelo y recalificaciones de terrenos. Ambos casos todavía arrojarán sorpresas y novedades a antiguos dirigentes de la formación, según las fuentes de Vozpópuli.

¿La regeneración imposible?

El PP valenciano lucha desde hace meses por ultimar un proceso regenerador que arrancó con la designación de Isabel Bonig al frente de la estructura regional. Una misión casi imposible, un esfuerzo digno de Sísifo. Cada paso al frente de Bonig se venía abajo con la aparición de otro asunto tenebroso. El PP valenciano está partido por el eje, en el punto de mira de todas las sospechas y en infatigable trasiego por los juzgados.

Rita Barberá todavía bracea para no abandonar su actividad política. La ex alcaldesa de Valencia, hoy senadora, no ha sido investigada. El Supremo revisa con calma el 'caso Taula' y sus ramificaciones, en las que se divisan sospechas sobre una peculiar financiación irregular con 'aportaciones' de militantes y trabajadores a unos mil euros por cabeza. Una menudencia que se ha convertido en uno de los casos más mediáticos de cuantos han hecho zozobrar al PP en esa región. 

El firme timón de Madrid

Los populares consiguieron mantenerse en el puesto de mando de Madrid merced a las hábiles negociaciones de Cifuentes para lograr el respaldo de un equipo implacable de Ciudadanos, mucho más exigente que en Andalucía, donde el partido naranja casi le tendió una alfombra roja a Susana Díaz camino de la poltrona presidencial.

En estas generales el PP tan sólo aspira a mantener la posición, a enviar en torno a una docena de diputados por cada comunidad. Valencia puede crecer de 11 a 13. Madrid se quedaría en los 13. Si lo logra, podría hablarse de triunfo. Votar al PP en estas dos zonas, que llenan cada día miles de páginas y de minutos en los medios informativos, y no precisamente con asuntos positivas, se antoja una especie de milagro.



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