España

El 26J deja un parlamento ingobernable que aboca a unas terceras elecciones

Segunda convocatoria. El PP sube. El PSOE se mantiene segundo, pero pierde fuelle. El 'sorpasso' se difumina. Ciudadanos se la pega. ¿Pero habrá gobierno?

Rajoy, acompañado por el resto de miembros del PP, se dirige a los simpatizantes populares concentrados en Génova
Rajoy, acompañado por el resto de miembros del PP, se dirige a los simpatizantes populares concentrados en Génova EFE

Y llegó el 26J, la segunda oportunidad para deshacer los entuertos de unas elecciones, las del 20D, que rompieron el sistema del bipartidismo pero no aportaron solución para España. Cuando se esfuma el ‘sorpasso’ de Unidos Podemos al PSOE que adelantaban los sondeos a pie de urna, lo más destacable es el zarpazo que el PP le da a Ciudadanos a quien arrebate un buen porcentaje de votos útiles. A buen seguro que a los seguidores de Albert Rivera tampoco les gustó el inútil pacto alcanzado con el PSOE.

Han pasado seis meses de polémicas, debates, pactos que nunca sumaron, piruetas, puestas en escena. ‘Teatrillo’, como decían en el Partido Popular. Ha sido una campaña marcada por las grabaciones al ministro de Interior y el 'brexit'. Y con una lectura clara: los pactos para la gobernabilidad siguen pareciendo una quimera. Pero hay un ganador claro: Mariano Rajoy. De los 123 escaños cosechados el 20D ha pasado a 137, con 600.000 votos más que en aquella convocatoria. Parece difícil que nadie puede exigir que el líder del PP deje paso a otro popular para dirigir un hipotético gobierno de coalición. Pero el PP no suma con Ciudadanos: 169. Con el apoyo de PNV (5) y Coalición Canaria (1) consiguen la mitad justa del hemiciclo. La única posibilidad de Rajoy de repetir como presidente pasa por un apoyo, más o menos tácito del PSOE. Misión casi imposible

El PP ha cosechado una mejora en sus resultados a costa de Ciudadanos

Era una noche tensa donde se jugaban los escaños en algunas plazas estratégicas. Los principales responsables de los cuatro grandes partidos esperaron a confirmar oficialmente los resultados. Porque el reparto definitivo de escaños marca los pasos de las próximas semanas. El PSOE mantiene su segundo lugar y Pedro Sánchez su cabeza, aunque pierde fuelle. De 90 escaños pasa a 85. Derrota por la mínima. Pero derrota.

Como en aquella película, Atrapado en el tiempo, asistimos a una especie de nuevo día de la marmota. Porque a Sánchez, que se comprometió en público a que no habría unas terceras elecciones, su Ejecutiva Federal le va a poner muy difícil pactar con Pablo Iglesias y Unidos Podemos. La otra opción, la de que el PSOE permita gobernar al PP, auspiciada por las viejas glorias socialistas, podría convertir a un antiguo partido hegemónico en una formación residual, como le ocurrió al Pasok en Grecia.

Que el PSOE permita gobernar al PP le podría convertir en un partido residual

El claro perdedor de la noche es Pablo Iglesias. Podemos y sus confluencias cosecharon el 20D 69 escaños. Izquierda Unida, 2. La nueva coalición, Unidos Podemos, se queda con 71, muy lejos de las expectativas, los sondeos y las encuestas de la fruta. Para este viaje no hacían falta alforjas. El brexit en la recta final de la campaña, los vaivenes ideológicos del líder (de comunista a socialdemócrata), los coqueteos con el secesionismo y el tono de superioridad moral han pasado factura a quien pretendía llegar a un acuerdo de Gobierno con él de presidente y Pedro Sánchez de segundo de a bordo.

Si el máximo dirigente de Podemos es el perdedor (por expectativas), Rivera ha fracasado por número de votos y escaños. De 40 a 32. Ha dejado en el camino 400.000 sufragios, que han caído en el capacho del PP. Su extraño pacto con el PSOE para una investidura sin posibilidades no ha sido su mejor carta de presentación para una campaña con escasa participación ciudadana en los mítines.

La foto finish tras el 26J se parece mucho a estos seis meses vividos.  Rajoy seguirá, erre que erre, con que ha sido el líder más votado. Y Rivera acudirá en auxilio de la gobernabilidad. Sánchez e Iglesias, a tortas por el liderazgo de la izquierda, hablarán de un pacto en el que ninguno cree. La misma canción, una estridente composición que apunta a convocatoria de nuevas elecciones.


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