José Manuel Soria se ha refugiado en su casa de Las Palmas para evitar el ruido mediático de Madrid y centrarse en la preparación de su comparecencia parlamentaria del próximo lunes, recopilando datos y documentación sobre sus 'offshore', según fuentes de toda confianza. Tras presentar su dimisión este viernes, el hasta hoy ministro no efectuará declaración periodística alguna durante el fin de semana, tal y como le aconsejó Jorge Moragas en una tensa conversación celebrada en los pasillos del Congreso el pasado martes, en presencia de Dolores Cospedal y a la vista de un nutrido grupo de periodistas. Soria irrumpió en la semana con una dinámica atropellada, una estrategia desmedida, empeñado en aparecer ante los medios con unas explicaciones que en principio se antojaban confusas y que, finalmente, han desembocado en muy próximas a la falsedad. "De las contradicciones se ha pasado a la mentira", describía a este periódico un alto cargo del Gobierno que ha procurado permanecer muy distante con esta gran tormenta de magnitud creciente. 

Media docena de miembros del Ejecutivo salió el martes en tropel en defensa del cuestionado ministro. Este jueves todo era silencio con un fondo de ira

Este fin de semana se ha recluido en su entorno familiar, acompañado por algunos colaboradores que le van a ayudar en la elaboración de su argumentario de explicaciones y de defensa ante la difícil comparecencia prevista para la tarde del lunes. La búsqueda de documentos, papeles, escritos, han ocupado estas horas del ministro que, según algunas fuentes de su entorno, todavía no acierta a comprender cómo se ha disparado un asunto al que, en principio, apenas le concedía mayor importancia.  

Su presencia parlamentaria tendrá lugar en la comisión de Industria, que preside Fernando Maíllo, uno de los vicesecretarios generales del partido y que estos días está enfrascado en la resolución de otro asunto peliagudo, el embrollo surgido en torno al alcalde de Granada, investigado por casi una decena de delitos y que ha sido dado de baja temporalmente en el PP.

La aparición de su nombre vinculado a una empresa ‘off shore’ en el paraíso fiscal de Jersey, en el año 2002, según publicaba El Mundo, desbarató el frágil equilibrio de su línea de defensa, muy desportillado en las últimas horas por las numerosas contradicciones en las que había incurrido al principio de la semana. Su credibilidad está por los suelos. Tan sólo algunos ministros del entorno más próximo a Rajoy, como Jorge Fernández Díaz, titular de Interior, rompió este jueves el silencio imperante para efectuar una mera manifestación de buena voluntad.

Media docena de miembros del Ejecutivo salió el martes en tropel en defensa del cuestionado ya exministro. Este jueves todo era silencio con un fondo de estupefacción e ira. El presidente, quizás el único que no ha perdido del todo la fe, ha conversado con él en varias ocasiones desde el pasado lunes pero ha evitado hacer comentarios. Las dudas en esas instancias del Gobierno es si resultaba más aconsejable evitar que hablar el lunes en las Cortes, poorque se da por hecho que será una especie de 'fusilamiento al atardecer' por parte de todos los grupos de la oposición, o invitarle a que ceda los trastos del departamento a otro ministro, y así evitarse el amargo trance.

Es un asunto que medita a estas horas Rajoy. La opinión más extendida es que le permitirá explicarse y luego, aceptarle su salida. Se llevaría con él el peso absoluto de la culpa, que ahora salpica por vez primera a todo el equipo de Gobierno. Ha trascendiddo incluso el malestar de la propia vicepresidenta en funciones, Sáenz de Santamaría, por tener que dar explicaciones sobre este asunto en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. Santamaría y Soria nunca han mantenido unas relaciones políticas demasiado afectuosas. 

Un respaldo menguante

Las reticencias en el PP son notables, aunque todavía tiene el respaldo de un sector, no demasiado numeroso, de su formación que considera que este asunto, que data de hace dos décadas, está siendo utilizado políticamente por la oposición para vapulear al Gobierno en un momento tan delicado como es la negociación de cara a la solución del actual bloqueo institucional. 

Un grupo de presidentes de diputaciones, congregados en Cuenca en un acto del partido, presidido por Mariano Rajoy, no disimulaba su criterio sobre la necesidad de poner fin a este escándalo, que consideraban, en comentarios privados, ‘una catástrofe’ en vísperas del arranque del periodo preelectoral. Los diferentes grupos parlamentarios han reclamado la presencia en el Parlamento tanto del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, para explicar la presencia de más de un millar de españoles aparecidos en los denominados papeles de Panamá, como del propio presidente del Gobierno, en reclamo hecho en exclusiva por Ciudadanos.

Algunos miembros del equipo de colaboradores del presidente le han sugerido la necesidad de desprenderse de Soria cuanto antes

La respuesta desde las altas instancias de la formación en estas horas ha sido la de aguardar a las explicaciones de Soria, cada vez más insostenibles, para adoptar luego alguna decisión, si es el caso. “Ya es un cadáver político, si logra explicarlo todo con algún síntoma de verosimilitud será un milagro”, mencionaba un alto cargo de una Diputación del PP, abatido por el nuevo rosario de escándalos.

A lo largo de toda la tarde del jueves se sucedían todo tipo de rumores, que giraban desde la inminente sustitución de Soria al frente del Departamento o su renuncia en aras de no dañar la imagen de su partido. El silencio en el entorno del presidente era sepulcral. Las terminales de Moncloa se mantenían a la espera, por si ocurría alguna novedad. También Génova se encontraba en estado de alerta, todo el mundo en sus despachos para reaccionar con celeridad en el caso de que sobreviniera alguna contingencia. Apenas circulaba información aunque se sabe que algunos miembros del equipo de colaboradores del presidente le han sugerido la necesidad de desprenderse de Soria cuanto antes.

En apenas cuatro días, un asunto que el lunes aparecía como un pasaje algo turbio, pero no inquietante, en la trayectoria de uno de los miembros del Ejecutivo, se ha transformado en uno de los episodios más endiablados de cuantos ha tenido que afrontar Mariano Rajoy. El presidente asiste este sábado en Zaragoza a una convención del partido centrada en el pacto por la Educación. La dimisión de Soria centrará los corrillos, las preguntas y el interés de los informadores, dicen en el PP.