Derechos Humanos

Víctimas de la dictadura Argentina claman contra los 'paseos' de Scilingo: "Es una burla"

Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora dice que es una "falta de respeto a la memoria" de los fallecidos y la plataforma Hijos denuncia que vuelve "la impunidad" 

Taty Almeida (izquierda) durante una concentración de víctimas de la dictadura argentina
Taty Almeida (izquierda) durante una concentración de víctimas de la dictadura argentina EFE

A Taty Almeida su hijo Alejandro le abrazaba con su metro ochenta de altura y le decía “esta gorilita de mierda... sin embargo, yo la quiero”. Ella entonces no sabía qué quería decir eso de “gorilita”. Alejandro, el segundo de sus tres hijos, siempre le ocultó su militancia política, según dice ella, para protegerla. Taty Almeida era de una familia de militares, de “gorilas” como se les llama de forma despectiva en muchos puntos de sudamérica. Ellos se llevaron a Alejandro para siempre en 1975, todavía bajo el Gobierno de Isabelita Perón. Tenía sólo 20 años.

“En mi familia todos eran coroneles, tenientes… yo conocía a algunos de los golpistas. Para mi todo lo malo era culpa de los peronistas. Qué tonta fui”, relata a Vozpópuli. El hijo de Taty cursaba Primero de Medicina. Fue una de las primeras víctimas de la barbarie que se produciría después bajo el llamado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983).

Taty pide que la tuteen al otro lado del teléfono a pesar de su edad. Es una de las máximas representantes de la plataforma Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Ha leído la información publicada por este periódico sobre el lugar en el que pasa sus permisos fuera de la cárce el exmilitarAdolfo Scilingo, uno de los autores de la represión que secuestró a su hijo y condenado por los llamados "vuelos de la muerte" a 1.084 años de prisión en España.

"No puede ser"

“Me causa repulsión, me causa indignación, es un genocida, tiene que estar en la cárcel común y perpetua. Si la familia le quiere ver que lo vaya a visitar. Son delitos de lesa humanidad que no prescriben, que donde estén se les extradita para juzgarles. No puede ser que Scilingo, dios mio, uno de los autores de ‘los vuelos de la muerte’ que salga libremente a pasear como un viejito amoroso”, dice.

Taty insiste en dejar claro que “aquí no hay odio ni venganza, nada, justicia legal”. “Pido que se lo piensen las leyes españolas y que este genocida no salga jamás. Es insólito y acá con esto les faltan al respeto a la memoria de nuestros hijos, de los 30.000 (la cifra de víctimas que se le atribuye a la dictadura)".

El 30 de abril de 1977 por primera vez 14 mujeres fueron a la plaza de Mayo a preguntarle al dictador Jorge Rafael Videla por sus hijos desaparecidos. Eligieron ese lugar por estar frente a la Casa Rosada y “porque pasaba mucha gente por allí”. “Los primeros años una estaba muy desorientada, ¿desaparecidos?, esa palabra no la conocíamos”, dice remarcando cada sílaba. De aquellas pioneras solo quedan dos, todas las demás han muerto. “Son personas muy mayores”, apunta.

"Seguimos de pie"

“Es muy lamentable que después de 41 años y con muchos años más hayamos empezado otra vez con las entrevistas en el exterior, no hay derecho. Te digo lo siguiente: las madres, pese a los bastones y las sillas de ruedas, seguimos de pie”, zanja con tono jocoso, pero firme.

El padre de Camilo Juárez llevaba más de un año viviendo en la clandestinidad. Era dirigente de la juventud peronista, delegado sindical y cineasta, una combinación imperdonable para los golpistas. ”El 10 de diciembre de 1976 salió a una reunión y ya no volvió”, narra su hijo, quien apunta que es la misma fecha en la que se conmemoran los Derechos Humanos.

Les dijeron que había muerto junto a otras cuatro personas en un enfrentamiento contra la Policía, pero tras muchos años de derribar muros supieron que en realidad se lo llevaron al complejo de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el principal centro de tortura de aquella época. Allí llegó malherido tras haber sido sometido a todo tipo de golpes de tal modo que no pudieron hacer nada por su vida. “Afortunadamente”, apunta Camilo, consciente del infierno que le hubiese esperado para, quizá, el mismo desenlace final.    

Este es uno de los casos que fue llevado a juicio por los crímenes cometidos en la ESMA y que concluyó en diciembre del año pasado con la condena de 16 represores después de cinco años de investigación. Camilo también ha leído desde Argentina la información sobre Scilingo: "Es como reflotar toda la impunidad. Después de pelear por la justicia, que sean condenados, tenemos que seguir peleando porque se cumplan esas condenas y que no pueda salir a pasear como si fueran un simple ciudadano. Son como los que en Argentina tienen prisión domiciliaria, nunca han roto el pacto de silencio que tienen".

"Es una burla a la memoria"

"Es una burla a la memoria de nuestros seres queridos. Si me lo cruzase no sé qué les diría. Yo en el juicio les hablé, les pedí que dijesen qué hicieron con mi viejo, dónde está, qué hicieron con su cuerpo. Bajaron la vista y ninguno contestó. No me gustaría cruzármelo, la verdad", añade.

Camilo integra una plataforma que se llama Hijos, creada en 1995 y que aglutina a muchos que, como él, perdieron a sus padres en la represión. Su madre, Alicia País, también fue detenida por integrar las juventudes peronistas del barrio de San Telmo. El pequeño Camilo iba con ella cuando la arrestó la Policía. Fue la última vez que la vio con vida. Las autoridades les comunicaron que había muerto de asma, pero ni siquiera les llegaron a entregar el cuerpo. Recientemente les informaron que sus restos estaban mezclados con miles de cadáveres en un osario común del cementerio de Chacarita en Buenos Aires.   



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