Policía Nacional

La vida en España del contacto de Al Qaeda detenido por su adicción a clonar tarjetas

Los seguimientos a un taxista colombiano llevaron a la Policía hasta el escondite del argelino Mourad Kaddar, investigado en la 'operación Dátil' por sus vínculos con la sucursal de Osama Ben Laden

Kaddar estaba enganchado a la adrenalina que le proporcionaba asumir las tareas más arriesgadas
Kaddar estaba enganchado a la adrenalina que le proporcionaba asumir las tareas más arriesgadas Policía

Mourad Kaddar, ‘Momo’, dirigía una prolija red de clonado de tarjetas de crédito sin apenas salir de su casa. Su vida era básicamente ir al gimnasio y rezar en la mezquita de la M-30. No obstante, este argelino de 50 años afincado desde hace décadas en España estaba enganchado a la adrenalina que le producía su trabajo. No podía evitar, de vez en cuando, salir a realizar las labores más básicas de su organización como probar la eficacia de sus tarjetas o incluso robar datáfonos en supermercados. Esa adicción, sumada a su excesiva obsesión por su seguridad, acabó siendo su condena.

‘Momo’ fue detenido el pasado 16 de octubre en el marco de la 'operación Argentum'. Cuando los agentes llegaron a su casa a primera hora de la mañana, Kaddar estaba en pijama. En el domicilio había decenas de gorras y pelucas que usaba para disfrazarse cuando salía a la calle. También cinco teléfonos móviles. En un momento del registro, una agente de Policía cogió un Corán para ver si había algo en su interior. “¿Estás limpia?”, le preguntó Kaddar a la mujer a la que instó a lavarse las manos.  

Se le acusa de haber defraudado al menos medio millón de euros. Contaba con una guardia pretoriana de delincuentes comunes que le llamaba ‘Martín’ y le protegía cuando salía de casa o le hacía los recados. Era una red de guardaespaldas, que se beneficiaba de sus profundos y rentables conocimientos en el negocio del clonado. Por eso la operación ha contado con decenas de arrestos entre colaboradores, subordinados y cómplices.

La sucursal de Bin Laden en España

Kaddar no era la primera vez que estaba bajo el foco de la Policía. Su nombre aparece numerosas veces en el sumario de la investigación de la 'operación Dátil', que en 2001 se saldó con la desarticulación de la red de Al Qaeda en España. Aquella investigación, dirigida por el juez Baltasar Garzón, fue la primera gran operación tras los atentados del 11-S en Nueva York. Según el tráfico de llamadas, Kaddar mantenía una relación fluida con varios integrantes de la célula que luego serían condenados en la Audiencia Nacional.

Los contactos tenían que ver siempre con las tarjetas de crédito, la gran especialidad de ‘Momo’. Según la Policía, les propuso una operación de clonado de las tarjetas de una persona que tenía entre cuatro y cinco millones. También tenía contacto con un exmuyahidin bosnio. La Policía llegó a registrar su casa. Vivía en la calle Valdecanillas, en el barrio de San Blas. Los agentes encontraron allí una pistola de gas de calibre 4,5.

Kaddar jamás abandonó su trabajo al que se empleaba sobre todo de madrugada, a solas con su ordenador contactaba con sus enlaces en otras latitudes como Estados Unidos. Así conseguía las numeraciones de tarjeta y los datos bancarios de víctimas de otros países. Esa era la información que introducía en la banda magnética al imprimir físicamente las tarjetas. Para probarlas, usaba datáfonos que su red robaba en restaurantes o supermercados.

Usaba distintos acentos

En una ocasión, las cámaras de un supermercado le grabaron a él mismo aprovechando el descuido de una cajera para llevarse uno de estos aparatos. Pero la Policía tardaría mucho tiempo en saber quién era aquella persona o que lideraba una organización criminal. La investigación, iniciada en 2015, estuvo varias veces en punto muerto. La Unidad Central de Ciberdelincuencia, coordinada por el Juzgado Central de Instrucción número Cinco de la Audiencia Nacional sabían que en la cúspide de la pirámide había una persona a la que llamaban ‘Martín’, pero no lograban ir más allá. ‘Martín’ era muchas personas al mismo tiempo; unos decían que era francés, otros que era árabe, otros que hablaba en inglés. Lo cierto es que Kaddar usaba distintos acentos en su obsesión por pasar desapercibido.

Así hasta que apareció el rastro de un taxista colombiano que registraba a menudo en su datáfono carreras muy elevadas que podían llegar hasta los 500 euros. Eso hizo sospechar a los investigadores, que procedieron a seguirle de cerca. Dio resultado. Trataba con una persona de nombre Mohamed, quien le daba instrucciones, usaban términos en clave para referirse a operaciones como “limpiar el zapato” (pasar la tarjeta), “llenar la nevera”, “hacer la pared” (manipular un cajero para clonar tarjetas). Y lo que más interesaba a los investigadores, hablaban de “Martín”.

El siguiente paso fue seguir los pasos de Mohamed lo que les dio acceso al círculo más cercano de su objetivo número uno. Así pudieron conocer el perfil de Mourad Kaddar, sus antecedentes, profundamente religioso, solitario, metódico, parco en palabras y obsesionado con su trabajo. Pero no lograban dar con su paradero exacto. El rastro de los datáfonos robados llevaba a la Policía hasta el barrio madrileño de Quintana. Ese era el único punto de referencia. También sabían que ‘Martín’ tenía un papagayo llamado Paco en la terraza. Los investigadores se pasaron días recorriendo a ciegas las calles del barrio buscando al animal en la terraza. Pero no hubo éxito.

Llegaron a su escondite

De nuevo, la investigación parecía abocada al colapso cuando en un momento dado advirtieron que uno de los integrantes del grupo iba a comprarle carne a ‘Martín’ a una carnicería halal y después se la llevaría a su casa. Sobre la marcha hubo que establecer un dispositivo de seguimiento que finalmente les llevó hasta la guarida del líder. Su escondite no tenía nada que ver con lo que se espera de una persona acostumbrada a mover miles de euros en operaciones.

Era un piso humilde de pequeñas proporciones sin ninguna ostentación. Había cientos de tarjetas, una impresora especial para este tipo de materiales, también perfumes y otros objetos de valor comprados con las tarjetas trucadas. A veces vendían ese material en otros países por lo que la Policía investiga también un posible delito de contrabando.  

El Juzgado de la Audiencia Nacional ordenó el ingreso en prisión de este individuo tras varias décadas dedicado a esta actividad ilegal. De las pesquisas posteriores a su arresto se ha podido comprobar que Mourad Kaddar había iniciado los trámites para regularizar su situación en España, donde se encontraba de manera irregular.



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