España El PSOE retiene el liderazgo en la izquierda pero vuelve a convertirse en rehén de Podemos para formar Gobierno

 Los peores pronósticos para el Partido Socialista no se han cumplido. Pedro Sánchez ha vuelto a conducirlo hasta el respaldo electoral más bajo de su historia, pero sin ceder a Pablo Iglesias el liderazgo dentro de la izquierda, aunque volverá a depender de él si intenta presidir el Gobierno.

Pedro Sánchezcosechó este domingo para su partido 85 diputados, 14 más que la coalición Unidos Podemos y sus confluencias, aunque lo ha situado casi empatado con ella en respaldo electoral. Es un mal resultado, pues queda cinco escaños por debajo del 20 de diciembre, con 122.000 votos menos. El adelantamiento en la izquierda en número de votos ya se produjo en las legislativas de hace seis meses y ha podido ser revertido ahora por el PSOE, obligado a gestionar el nuevo batacazo de este domingo en las circunstancias más difíciles de su historia reciente, teniendo que decidir más pronto que tarde si explora otra vez la formación de Gobierno con Pablo Iglesias –entre las dos fuerzas políticas suman 156 parlamentarios, a 20 de la mayoría absoluta– o, por el contrario, facilita la continuidad del PP en La Moncloa absteniéndose en la investidura de su candidato, teniendo en cuenta el éxito de Mariano Rajoy: 137 escaños, 14 más que en diciembre, con una ganancia de 666.000 votos. “Las urnas nos han colocado de nuevo como rehenes de Podemos y lo primero que  debemos resolver es si nos liberamos de este cautiverio y cómo hacerlo”, reflexiona un alto dirigente socialista, convencido de que el Brexit y el clima de inestabilidad le han jugado una mala pasada a su partido.

Sánchez dio la cara anoche con más del 95% del voto escrutado sin precisar sus intenciones. Antes, telefoneó a Mariano Rajoy para felicitarle por su triunfo y más tarde, ya delante de los periodistas, reprochó al líder de Podemos no haber apoyado su investidura, "dejando que la derecha mejore sus resultados". También reconoció su insatisfacción por los resultados, valoró el haber frenado el sorpasso y dio a entender que condiciona su futuro como líder del partido a lo que decidan en los próximos días sus máximos órganos de dirección. Ayer, fuera de las cámaras, las caras en Ferraz eran de preocupación, sin descartarse ni mucho menos la necesidad apremiante de un cambio en el liderazgo del PSOE.

Los socialistas se dejan cinco escaños desde el 20D, hasta los 85, la representación parlamentaria más pobre de su historia

La noche transcurrió en el cuartel general socialista en una atmósfera de permanente desasosiego que se fue alimentando a medida que avanzaba el escrutinio. Pedro Sánchez lo siguió desde su despacho de la quinta planta, reunido con su portavoz parlamentario, Antonio Hernando, y con sus fieles César Luena, José Enrique Serrano y Oscar López, además de otros colaboradores de su confianza. El recuento de votos acabó confirmando el éxito inesperado de  Rajoy con 11 puntos de diferencia sobre los socialistas, pero no así el relevo en el liderazgo parlamentario dentro de la izquierda, lo que le brinda todavía algún pequeño margen a Sánchez para aguantar en el cargo. De hecho, sus más firmes defensores jaleaban anoche la idea de que su dimisión no está todavía cantada. “Desmentido el peor de los pronósticos, solo queda aceptar esta nueva derrota acertando bien en nuestras decisiones, sabiendo que estamos bordeando dentro de la organización y también fuera de ella una de las peores crisis desde que estamos en democracia”, confesaba con visible amargura un destacado miembro de la dirección.

Después de esta nueva derrota , hoy está previsto que se reúna la comisión ejecutiva para analizar la dimensión del naufragio y, previsiblemente, gestionar al mismo tiempo la negociación con el resto de las fuerzas políticas con el calendario orgánico del partido, que probablemente pasará por la convocatoria del 39º Congreso federal este otoño, el mismo que Sánchez peleó por retrasar después de las legislativas del 20 de diciembre para garantizar su candidatura de este domingo. De todo ello se hablará también en el comité federal que probablemente sea convocado para este sábado.

El fracaso de Sánchez, embarcado durante los últimos meses en un frágil plan de supervivencia personal, apenas admite paliativos, aunque sus partidarios presentan como un triunfo el mérito de haber frenado el adelantamiento de Podemos en número de escaños a nivel nacional. La lista que él mismo ha encabezado en Madrid ha pasado de la cuarta a la tercera posición, por detrás de la del PP y Unidos Podemos, pero por delante de Ciudadanos. Es una foto que vuelve a retratar con bastante precisión la debilidad de su liderazgo y hace bueno el pronóstico que el expresidente Felipe González hizo antes de que Alfredo Pérez Rubalcaba tirara la toalla después del fracaso en las europeas de 2014: el PSOE estaba abocado a sufrir una travesía por el desierto con liderazgos efímeros mientras no acertara a elaborar un proyecto solvente para España.

La opinión mayoritaria en el PSOE es que hay que resignarse a que Rajoy vuelva a formar Gobierno

Esto mismo fue, con otras palabras, lo que González repitió el pasado viernes en el distrito madrileño de Villaverde, donde dejó clara su opinión de que el PSOE, visto lo visto, no puede colaborar en un Gobierno con Podemos y debe aspirar a defender un proyecto para todo el país. Esta es, precisamente, la discusión que está a punto de abrirse en las filas socialistas, ya que federaciones como la catalana, la balear y la gallega, entre otras, han sido proclives a explorar el pacto con Pablo Iglesias, hipótesis a la que se opone con uñas y dientes la organización que dirige Susana Díaz desde Andalucía, más partidaria de facilitar que en unas circunstancias como éstas gobierne el PP, principal ganador de estos comicios, pronto veremos si con la condición de que Rajoy desaparezca de escena. Este debate interno estará influenciado en cualquier caso por el mal resultado que el PSOE ha obtenido este domingo en la comunidad valenciana, en Galicia, en las dos Castillas, Aragón y Extremadura y, por tanto, por la flojedad demostrada por los barones regionales en estos y otros territorios.

El PSOE andaluz ha dejado de ser la fuerza más votada en su comunidad, posición que le ha ganado el PP y, por tanto, ve reducida también su autoridad dentro del conjunto del partido, pese a haber evitado allí el sorpasso a manos de Podemos y no haber sufrido la derrota tan severa que algunas encuestas pronosticaban. Durante la pasada campaña, Susana Díaz fue la primera en advertir a Sánchez que debía salir a ganar estas elecciones porque no bastaba con resignarse a convertir al PSOE en un partido bisagra, mensaje que hace dos días avaló también Felipe González. A partir de entonces, el candidato socialista intentó aprovechar la reserva emocional de militantes y simpatizantes, aunque sin despejar algo que sus asesores reconocen ha sido uno de sus puntos más débiles, qué hacer con sus votos teniendo en cuenta que descartó dar la presidencia del Gobierno tanto a Podemos como al PP y que la posible reactivación del acuerdo firmado con Ciudadanos en febrero no le da ahora ni mucho menos para llegar a La Moncloa. Albert Rivera ha perdido 8 escaños desde el 20D y ahora su suma con los socialistas daría 117 escaños, muy alejada de la mayoría necesaria para gobernar.

Anoche había quien recordaba en Ferraz que Sánchez ha hecho caso omiso a todos los que desde la derrota del 20D le aconsejaron evitar el colapso abriendo las puertas al diálogo con el PP para eludir, precisamente, convertirse de nuevo en un prisionero de Pablo Iglesias. También fue un error por su parte, aseguran fuentes socialistas, favorecer unas segundas elecciones a pesar de que Podemos e Izquierda Unida juntos, no han acertado a rentabilizar mejor los 923.000 votos que esta última formación logró por separado el 20D y solo le valieron para tener dos escaños por Madrid.

Los defensores de Sánchez recuerdan que Susana Díaz y el resto de los barones que la apoyan han obtenido un mal resultado electoral

En estas circunstancias, habiendo perdido de nuevo las elecciones y quedado segundo en escaños a tan corta distancia de Podemos, sería “una provocación” por parte de Sánchez, aseguraban anoche en Ferraz, trasladar a la militancia los posibles pactos electorales, estratagema que sí le valió para afianzar su acuerdo con Albert Rivera e, incluso, para amenazar a los barones críticos con su gestión anteponiendo la opinión de los afiliados al partido a la autoridad de su máximo órgano entre congresos, el propio comité federal. La opinión mayoritaria dentro de la ejecutiva es que Sánchez ya no está ni mucho menos para estos trotes y que el partido acabará resignándose a que sea Rajoy quien vuelva a formar Gobierno.



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