España

La abstención y la alianza Iglesias-Garzón amenazan el suelo electoral del PSOE

Pedro Sánchez obtuvo el pasado 20D los peores resultados de la historia para el PSOE, pero la hecatombe puede ser todavía más dramática el 26J. El aumento de la abstención y el acuerdo entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón amenazan el suelo del 22% de voto en el que los socialistas contuvieron su caída hace cuatro meses.

El desánimo con el que los socialistas afrontan las próximas elecciones generales va en aumento a medida que examinan encuestas propias y ajenas. El equipo de Pedro Sánchez concluye de ellas y del análisis del último CIS que la abstención y la alianza entre Podemos e Izquierda Unida son sus principales amenazas, pues asoman el peligro real del sorpasso y el de la posible perforación del suelo del 22% de voto al que el PSOE descendió el pasado 20 de diciembre.

Los abstencionistas fueron la principal fuerza el 20D y, previsiblemente, volverán a serlo el 26J

Los abstencionistas, casi 9,3 millones de un censo total que roza los 35 millones, integraron la primera fuerza en las legislativas celebradas hace cuatro meses. Los estudios que maneja el PSOE prevén que el 26 de junio la participación baje entre 6 y 11 puntos desde el 73% conseguido en diciembre, un castigo que se cebaría, sobre todo, con la izquierda. De ahí el interés de Pedro Sánchez en polarizar la campaña entre los socialistas y el PP para combatir varios peligros a la vez: que parte de los 5,5 millones de votantes que tuvo el 20-D se queden en casa, que apuesten por la alianza con la que comparecerán a las elecciones Pablo Iglesias y Alberto Garzón o que se pasen a las filas de Ciudadanos teniendo en cuenta que los votantes del PSOE puntúan mejor la actuación de Albert Rivera que la de su propio líder en la conducción de las negociaciones orientadas a formar Gobierno. De hecho, en el cuartel general de Ferraz y en el Grupo Parlamentario se tiene ya constancia de que la firma del acuerdo con Ciudadanos sirvió más para mejorar la imagen de la formación naranja entre los votantes socialistas que a la inversa.

Si se cumplen los peores temores de numerosos barones regionales del PSOE, la alianza entre Podemos e Izquierda Unida contribuirá también a deslucir el protagonismo de Sánchez en la campaña y a minar la representación parlamentaria, 90 diputados, que consiguió hace cuatro meses. En el arranque de las negociaciones entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón para concurrir juntos a las elecciones, algunos dirigentes próximos a Sánchez recordaron recientemente el desastre que supuso para Joaquín Almunia hace 16 años el pacto de última hora cerrado con Francisco Frutos para conseguir un Gobierno de izquierdas y desalojar a José María Aznar de La Moncloa. Lo cierto es que sus resultados no pudieron ser más catastróficos: el PP, que gobernaba desde 1996 con 146 escaños, subió hasta 183. Además, en las circunscripciones donde operó el pacto los socialistas descendieron 14 puntos e IU sufrió en ellas un descenso tres veces mayor. Al final, un millón de antiguos votantes socialistas y ochocientos mil de IU fueron a la abstención.

Un acuerdo diferente al de Almunia con Frutos

Sin embargo, las circunstancias no son las mismas ni tampoco el modelo elegido para que una parte de la izquierda confluya junta a las elecciones. En 2000, lo que hubo fue un acuerdo programático y de investidura, pero no listas conjuntas al Congreso. Ahora, a falta de conocerse los detalles del acuerdo, lo que persiguen Iglesias y Garzón es rentabilizar mejor los 923.000 votos de IU, que hace cuatro meses solo le dieron dos diputados. Ello, unido a que Garzón tiene mejor imagen que Pedro Sánchez, lleva a destacados miembros del PSOE a la conclusión de que el pacto a su izquierda puede desmovilizar al votante socialista empujándole a la abstención o bien a cambiar de bando.

El pacto Podemos-IU puede desmovilizar al votante socialista, se concluye en Ferraz

A quien menos parece preocupar la previsible bajada de la participación es el Partido Popular, pues es el que se beneficia de momento de un electorado más motivado: cerca del 80% de los ciudadanos que le votaron el 20D aseguran que volverán a las urnas. Ello explica el interés de Mariano Rajoy de moverse en una campaña de encefalograma plano que no se convierta en un acicate movilizador del votante de izquierdas.

El CIS conocido el viernes no hace sino disparar los temores de la actual dirección del PSOE: porcentaje de voto por debajo del obtenido el 20D y una proyección de escaños que no se precisa, pero que en ningún caso superaría los 90 con los que ha trabajado en la XI legislatura, la más corta en democracia.


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