España

Los extorsionados por ETA: “Si no pagabas, estabas amenazado de muerte; si pagabas, muerto en vida”

A lo largo de sus casi 600 páginas, el libro 'La bolsa y la vida' ahonda, más que ningún otro estudio anterior, en la financiación de la banda terrorista y sus principales víctimas, los empresarios

Josu Ugarte, coordinador de 'La bolsa y la vida'
Josu Ugarte, coordinador de 'La bolsa y la vida'

Al menos 25.000 millones de euros es lo que ETA (Euskadi Ta Askatasuna, País vasco y libertad) ha costado al Estado español según la estimación del libro ‘La Bolsa y la vida’, que se presentará en Madrid esta semana. Siete especialistas, entre ellos, historiadores, economistas, politólogos y expertos en seguridad, han participado de este estudio multidisciplinar y pormenorizado sobre la historia financiera de ETA que ha coordinado Josu Ugarte. A lo largo de sus casi 600 páginas fruto del trabajo de seis años de investigación, el libro ahonda, más que ningún otro estudio anterior, en la financiación de la banda terrorista y sus principales víctimas, los empresarios, según esboza el propio Ugarte a Vozpópuli.

¿Cómo surgió ETA?

Surge en los años 50 en un proceso de radicalización de jóvenes vinculados al Partido Nacionalista Vasco, en concreto, la vertiente más fanática de su fundador Sabino Arana contra todo lo identificable como español, que consideraban que la acción de su partido no era suficientemente radical frente a la Dictadura de Franco. Querían luchar contra el “genocidio cultural del País vasco”, y por su independencia, y así acabarían pasando a la lucha armada como forma de acción política. Esta estalla en junio de 1968 con el asesinato del guardia civil Antonio Pardines a manos del primer líder de ETA, Javier Echevarrieta, tras descubrir el guardia que ‘Txabi’ iba en un coche robado. El líder etarra acabaría muriendo en un tiroteo por el mismo incidente, poniéndose en marcha el círculo de ‘acción, reacción, acción’ que la organización venía teorizando ya desde mediados de los 60. Quizá el principal inconveniente que tenían a partir de entonces era encontrar financiación para esa lucha armada y buena parte del libro se dedica a documentar todo lo aparejado a esa financiación del terror.

Portada de 'La bolsa y la vida'
Portada de 'La bolsa y la vida'

¿Cómo fue esa financiación?

Empleaban tres métodos: atracos, secuestros y extorsión. Hemos podido constatar que la forma más rentable fueron los secuestros: obtuvieron entre 103 y 106 millones de euros por esta vía al menos entre 1972 y 1996 (año en que acabó el secuestro más largo de un empresario, el de José María Aldaya, propietario de la compañía de transporte Alditrans, que duró 341 días). Efectuaron en total unos 49 secuestros, el primero de ellos, el de Lorenzo Zabala (consejero de Precicontrol). Los secuestros los hacían para conseguir dinero pero a veces, ya en democracia, también para conseguir una ‘victoria’ en una negociación laboral (y sustituir así a los sindicatos), como en el caso del director de Michelín, José Abaitua, del que participó el hoy líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, y que fue repudiado por UGT y CCOO.

La forma más rentable de financiación fueron los secuestros: ETA obtuvo entre 103 y 106 millones de euros por esta vía"

Por la vía del atraco consiguieron 19 millones entre 1977 y 1996, iban contra entidades bancarias aunque fueron viendo que los riesgos que asumían no eran razonables y por eso con el tiempo acabaron apostando más por las otras vías. Por la de extorsión, obtuvieron 21,5 millones entre 1970 y 1986. Las cartas de amenaza han llegado a al menos 10.000 personas, y hay casos detectados hasta 2010.

Según comentan en el libro, los empresarios han sido el principal objetivo de la extorsión...

ETA a lo largo de su historia ha tendido a identificar grupos en los que centrar su presión y, además de la policía, la guardia civil y los militares (se estima que ETA ha asesinado a alrededor de 500 miembros de las fuerzas de Seguridad), el otro gran grupo ha sido el mundo empresarial en sentido amplio, la burguesía: propietarios, directivos de empresas y profesionales liberales (en torno a 60 empresarios han muerto en diferentes circunstancias a manos de ETA). Para entenderlo, hay que recordar que ETA surge en la dictadura de Franco, la cual, de alguna manera, tenia una visión anticomunista, de apoyo al capitalismo mas salvaje. Y en esas condiciones de la dictadura ‘española’, los empresarios actuaron en condiciones mejores que en democracia, lo que les convertía en el ‘enemigo’ por excelencia de una ETA que fue alimentando su primigenio nacionalismo radical del caldo de cultivo ‘marxista’ de los años 60 y 70. Todo eso hizo que actuaran sin problema moral alguno contra los empresarios.

Bajo las condiciones de la dictadura ‘española’, los empresarios actuaron en condiciones mejores que en democracia, lo que les convertía en el ‘enemigo’ por excelencia de una ETA que fue alimentando su primigenio nacionalismo radical del caldo de cultivo ‘marxista’ de los años 60"

A once de los 49 secuestrados, de hecho les dejaron libres con un disparo en la pierna y tres fueron asesinados: Ángel Berazadi (1976, director gerente de Sigma), Javier de Ybarra y Bergé (1977, de la tradicional familia bilbaína) y Francisco Arín Ucola (1983, directivo de Construcciones Electromecánicas Irura), por no pagar su rescate, además de Luis Allende, que murió tras ser liberado a raíz de una enfermedad provocada por el secuestro.

Con ese contexto... ¿la mayoría de los amenazados acabó cediendo?

No podemos decir que una mayoría cedió. Hay mucha oscuridad en torno a este tema. Hemos podido hablar solo con 68 empresarios afectados de un colectivo de 250 con los que lo hemos intentado. En verdad, no sabemos realmente cuántas personas aportaron esos 21,5 millones que ETA obtuvo por la extorsión. Según la documentación de ETA que hemos encontrado, las cartas de amenaza llegaron a un mínimo de 10.000 personas pero no sabemos cuántas de ellas pagaron, porque no lo denunciaban a la policía.

‘Más que el miedo por mí mismo temía por mi familia’, me han confesado"

Nos consta eso sí que muchos fueron extorsionados y pagaban su libertad durante años pero no lo ponían en conocimiento de prácticamente nadie. ‘Más que el miedo por mí mismo temía por mi familia’, me decían los empresarios con los que he hablado. Se enfrentaban a un gran dilema: si no pagaban, estaban amenazados de muerte ellos y su familia. Y si pagaban, estaban muertos en vida, porque sabían fehacientemente que con ese dinero estaban contribuyendo a la muerte de otros. Un alto empresario actual del País vasco nos ha confesado que pagó y que todavía no supera su depresión.

Ejemplar de una carta de extorsión, en el Anexo de 'La Bolsa y la vida'
Ejemplar de una carta de extorsión, en el Anexo de 'La Bolsa y la vida'

El libro denuncia cierta ‘complicidad’ con ETA por parte de la sociedad y su silencio respecto a la extorsión…

Era un círculo vicioso, porque la persona amenazada asimismo sabía que la información sobre ella debía de haber salido o podía salir de algún compañero de trabajo, empresa o vecino. La sociedad en general miraba hacia otro lado. Los partidos políticos en general tuvieron un enorme deficit en el acogimiento a los extorsionados, al igual que la Iglesia y las propias organizaciones empresariales, con la excepción de la confederación de empresarios de Navarra, que se movilizó activamente en este sentido. Durante mucho tiempo no hubo un debate público o institucional sobre este tema. La Justicia, al menos, ha reconocido posteriormente ese déficit al no perseguir a nivel general el delito de colaboración con banda armada entendiendo que había un eximente de miedo insuperable.

Si no pagaban, estaban amenazados de muerte ellos y su familia. Y si pagaban, estaban muertos en vida, porque sabían fehacientemente que con ese dinero estaban contribuyendo a la muerte de otros"

Los empresarios amenazados vivieron prácticamente en soledad su amenaza, con miedo a ETA y todo el entorno de sus colaboradores, como el sindicato LAB, que sigue existiendo, y su brazo político, Herri Batasuna, que ha heredado EH Bildu. Un buen ejemplo de todo ello es el empresario que nos pidió que hiciéramos este libro. Nos confesó que recibió amenazas durante diez años y que nunca pagó, pero que solo comentó la situación con algún amigo y de forma muy íntima, y ahora, después de muchos años, habló con nosotros prefiriendo igualmente guardar el anonimato...

Entiendo que las cosas han cambiado pero cierto miedo todavía sigue…

Ya no hay mil personas que tengan que ir con un escolta. Ya es posible que un policía diga que es Policía Nacional o Guardia civil. La sociedad ha cambiado y ya empezó a cambiar desde los 80s, con las primeras reacciones sociales a ETA en la calle, como Gesto por la Paz, el Foro Ermua o Basta Ya!, que hicieron ver que su fin era posible, más allá de la creciente colaboración entre los poderes españoles y franceses que fue debilitándola. Ahora nos sentimos en cierta medida liberados, se nos ha quitado un gran peso de encima, aunque todavía existe un cierto miedo, cierto temor difuso a manifestarnos políticamente. Todavía existe este miedo a la libertad. La sombra de ETA todavía prevalece. Los herederos de su trama política, EH Bildu, todavía no han pedido perdón por el pasado de violencia terrorista y no han modificado sus objetivos políticos de independencia, inaceptables desde un punto de vista democrático.

¿Cuánto ‘daño’ ha provocado ETA?

Además del incalculable coste humano, en el libro documentamos el coste del daño material, de al menos unos 25.000 millones de euros para el Estado entre seguridad, indemnizaciones, y episodios como el del cierre de la paralización de la central nuclear de Lemóniz, que costó unos 5.000 millones a las arcas públicas. Pero más allá de eso, ETA ha afectado a nuestras vidas en conjunto. Siendo vasco, me ha afectado en mi vida, me ha indignado de tal manera que mi compromiso contra el fanatismo es una parte de mi vida. Nos ha puesto en una tesitura ante la que hemos dormido, y hemos callado. Ha hecho peligrar nuestro propio sistema democrático y, como demócrata, lo que le pido a ETA es que se disuelva sin condiciones. Ninguna nación en España puede exigir la independencia de España porque eso pondría en peligro la democracia en España y en Europa.



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