España

El pacto con Ciudadanos impide al PSOE explorar las cesiones de Puigdemont

Pedro Sánchez ha decidido ir con mucho tiento en el contencioso catalán, pues el pacto firmado con Albert Rivera le impide explorar lo que él considera un hecho evidente, la predisposición del independentismo a tender puentes de diálogo con el Partido Socialista haya o no nuevas elecciones generales.

Pedro Sánchez y Carles Puigdemont, en el Palacio de la Generalitat.
Pedro Sánchez y Carles Puigdemont, en el Palacio de la Generalitat. EFE

La decisión de delegar en el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, los contactos con En Comù Podem que pueden ayudar a despejar el referéndum en Cataluña como uno de los principales escollos que impiden el apoyo de Podemos a la investidura de Pedro Sánchez, no es casual. Fue pactada por los socialistas con la formación morada la pasada Semana Santa, días antes de que sus principales líderes mantuvieran su última reunión en el Congreso. El dato no es menor porque forma parte del contexto en el que el PSOE quiere operar en Cataluña, haya o no finalmente nuevas elecciones generales.

Sánchez e Iglesias acordaron la continuidad del diálogo entre Iceta y Domènech

La principal conclusión que ha extraído la dirección del Partido Socialista después de la entrevista mantenida el pasado 15 de marzo entre Pedro Sánchez y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, así como de los contactos frecuentes entre el PSC y En Comù Podem (primera fuerza en Cataluña el 20 de diciembre), es que el independentismo catalán está dispuesto a declarar una tregua con el Estado aceptando provisionalmente una especie de “soberanía alquilada” que procedería de la aplicación de un acuerdo fiscal dotado de unas características parecidas a las del Concierto Vasco.

Sánchez ha evitado hasta ahora responder abiertamente a los “mensajes de auxilio” que desde la antigua Convergencia le han venido lanzando tanto al PSOE como al PP, sobre todo porque no quiere poner en riesgo el acuerdo firmado con Albert Rivera el pasado 24 de febrero, de momento el único posible que le permite mirar con un poco de esperanza la posibilidad de llegar a La Moncloa o bien de encarar unas nuevas elecciones mejor acompañado que el PP.

Pacto obligado con los independentistas

Sánchez ve inevitable tener que pactar tarde o temprano con los independentistas para resolver el contencioso catalán, una razón de peso que los propios barones de su partido radicalmente opuestos a un acuerdo con Pablo Iglesias le han puesto sobre la mesa para que no se le ocurra aceptar el apoyo abstencionista que podrían llegar a darle en su investidura fuerzas como Democracia y Libertad (8 diputados) o Esquerra Republicana (9).

Fuentes socialistas admiten que en el encuentro mantenido por Sánchez e Iglesias el pasado miércoles, este último le sugirió las ventajas de acabar consintiendo el respaldo indirecto a la investidura de las fuerzas políticas que defienden la celebración del referéndum en Cataluña, aspecto que el líder socialista sigue sin contemplar tanto por la vigencia del pacto con Ciudadanos como por la firme resistencia de Susana Díaz y los barones que la secundan a transigir con componendas tan arriesgadas.

En Comù Podem, la formación que dirige el diputado Xavier Domenech, ve permeable a un amplio sector del socialismo catalán a aceptar la celebración en Cataluña de un referéndum pactado con el Estado al estilo del que se organizó en Quebec en 1995 o en Escocia hace año y medio. A fin de cuentas, no hace tanto que el PSC defendía públicamente el derecho a decidir que tanto quebraderos de cabeza dio a Alfredo Pérez Rubalcaba y tampoco es descartable que esta reivindicación hubiera estado de cuerpo presente en el congreso federal que el PSOE pensaba celebrar para mediados de mayo y que este fin de semana ha dejado en suspenso el comité federal.

Puigdemont apuesta por un referéndum pactado a cambio de un concierto similar al vasco

Pese a ello, es altamente improbable que antes de que se despeje la investidura de Sánchez o se convoquen nuevas elecciones, los socialistas muevan ficha en tablero tan complejo como el catalán, a pesar de que ven evidente la intención de Puigdemont de “bajarse los pantalones” al margen de las dificultades que él mismo encuentra para frenar el proceso soberanista entre quienes apoyaron en enero su acceso a la Generalitat. El propio presidente catalán ha admitido que un acuerdo con el Estado para ordenar este proceso sería mejor entendido por la comunidad internacional, entre o no dentro de la reforma federal de la Constitución que la debilidad del Partido Socialista le obliga a mantener todavía dentro de las altas dosis de ambigüedad ya conocidas.

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