España

Cayetana Álvarez de Toledo: "Ciudadanos es una bofetada a la cerrazón del PP"

La política del PP y portavoz de Libres e Iguales, la plataforma civil que la semana pasada denunció a a la presidenta del Parlamento Catalán por desobediencia al Constitucional,  habla en esta entrevista sobre Cataluña, el futuro del PP y la tensión ante unas posibles terceras elecciones. 

La presidenta de la asociación cívica Libres e Iguales, Cayetana Álvarez de Toledo.
La presidenta de la asociación cívica Libres e Iguales, Cayetana Álvarez de Toledo. Efe

La suya es una de las voces más críticas dentro del PP. Cayetana Álvarez de Toledo ha señalado los errores de su partido, en varias ocasiones. Y casi siempre lo hace con un gesto contundente. El más reciente: renunciar a formar parte de las listas del Congreso en 2015 como veto a la permanencia de Mariano Rajoy como presidente del partido. El PP debe regenerarse y democratizarse; solo así podria recuperar y modernizar la política. A juzgar por los hechos, el PP está verde en casi todos estos temas.Pruebas no faltan. "La irrupción de Ciudadanos en el espacio electoral del PP es una bofetada a la cerrazón del PP. Con un matiz curioso y de consecuencias importantes. Esa bofetada podría haber sido mucho mayor", asegura a Vozpópuli justo cuando  populares y naranjas han completado, finalmente, un pacto de apoyo para el debate de investidura. 

"La irrupción de Ciudadanos en el espacio electoral del PP es una bofetada a la cerrazón del PP"

Casi dos años después de fundar la plataforma Libres e Iguales, y como portavoz de esa organización de la sociedad civil que rechaza la secesión en Cataluña, Álvarez de Toledo presentó hace dos semanas ante la Fiscalía General del Estado una denuncia contra la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, por su "reiterada desobediencia a las resoluciones del Tribunal Constitucional".  Alguien tiene que hacer respetar las leyes, y ese es justamente el Estado, razona. Periodista y doctora en Historia por la Universidad de Oxford, Álvarez de Toledo ha señalado una y otra vez el inmovilismo de Mariano Rajoy en lo que a Cataluña respecta. "Hace dos años, España tenía un Gobierno de un partido constitucionalista, con una clara mayoría absoluta. Es decir, un Gobierno con todos los recursos necesarios para dar, con éxito, una batalla política, ideológica y de opinión pública frente al separatismo. Esa batalla no se dio".  Nacida en Madrid, pero de padre francés y madre argentina, Cayetana Álvarez de Toledo siempre ha dicho que ella es española por elección. Tras vivir en Londres, llegó a los 7 años a Argentina. Acaso por ese motivo, entiende el tamaño de algunas contradicciones que dominan la vida política: "A veces dan ganas de desempolvar las viejas cacerolas con las que mi madre y otros cientos de miles de argentinos salieron a la calle". Esos son algunos de los temas que toca Álvarez de Toledo en esta entrevista.

-Libres e Iguales suma ya dos años de trabajo. ¿De qué forma el cambio de las condiciones políticas en Cataluña y en el resto de España han afectado el debate de secesión?

-Hace dos años, España tenía un Gobierno de un partido constitucionalista, con una clara mayoría absoluta. Es decir, un Gobierno con todos los recursos necesarios para dar, con éxito, una batalla política, ideológica y de opinión pública frente al separatismo. Esa batalla no se dio. Dos años después, España no tiene Gobierno; está políticamente dividida y bloqueada; y se asoma al ridículo de unas terceras elecciones. Este escenario es ideal para el proyecto de sedición. Y los separatistas lo saben. Le recomiendo que lea la denuncia que Libres e Iguales ha presentado contra la presidenta del Parlamento catalán, la señora Forcadell. Allí, en el relato de los hechos, podrá usted comprobar hasta qué punto la política catalana se ha salido no sólo del marco constitucional y democrático, sino también del marco de la discusión racional. Del marco de la razón. Esa pérdida de sentido ha contaminado la política española, que hoy está instalada en el absurdo. En lugar de forjar una gran coalición, el constitucionalismo español ha decidido protagonizar un gran esperpento. Es un espectáculo curioso. Y ciertamente desolador.

-Sin Artur Mas en primera línea, la carrera por la independencia, ¿se ha ralentizado o se ha atomizado?-Romper un Estado democrático en pleno siglo XXI no es tarea fácil. Pero la carrera por la independencia, y el delirio, continúan. La hagiógrafa de Mas hace ahora de anfitriona de Puigdemont, que canta Let it be con el jefe de los Mossos d’Esquadra y el ex presidente del Barça. Un guateque cumbayá, retro, pueril y antidemocrático. Las élites políticas y sociales españolas han cometido dos graves errores de apreciación en estos años. Uno: confundir las tensiones internas del nacionalismo con el descarrilamiento del proceso separatista. Y dos: creer que el proceso separatista dependía del destino de sus líderes. Cayó Pujol del pedestal y el proceso siguió. Cayó Mas de la Generalidad y el proceso sigue. El nacionalismo no necesita un mesías. Le basta con las vísceras. El nacionalismo es un fenómeno destructivo con un motor muy elemental: el miedo, la envidia, la ignorancia, el victimismo, la irresponsabilidad. Es decir, lo peor de los seres humanos. Mire usted al brexit. Ese inglés pasmado, arrepentido, ridículo, al que su arrebato identitario le ha arrebatado su fama de hombre sensato, moderado y civilizado, es el turbio rostro del nacionalismo.

El nacionalismo ya no es, ni volverá a ser, la bisagra para la estabilidad

-¿Cómo ha afectado la entrada de factores como CUP a la complejidad política en Cataluña?-La batasunización de la política catalana es el resultado de la muerte del catalanismo político, el fenómeno político más decisivo de los últimos años. Ver a la vieja burguesía catalana mendigar el apoyo de los que vienen, metafóricamente, a degollarles podrá producir, a algunos, una cierta satisfacción. El placer del “yo te lo advertí”. El problema, y el drama, es que las consecuencias las vamos a pagar todos los españoles. El fin del catalanismo político exige a los grandes partidos españoles, e incluyo aquí a Ciudadanos, abrir ya, de inmediato, una nueva etapa de la política española. El nacionalismo ya no es, ni volverá a ser, la bisagra para la estabilidad. La estabilidad —es decir, la propia gobernabilidad de España— depende ahora de que ocurra algo inédito: un pacto político profundo entre PP, PSOE y, si sobrevive, Ciudadanos. Esa es la verdadera nueva política y el único horizonte para España: el pacto de las grandes fuerzas democráticas y reformistas, frente a las fuerzas de la ruptura y la reacción. Cuanto antes lo entiendan unos y otros, mejor.

-La mayor reivindicación de Libres e Iguales se ha volcado en la ley. En hacer cumplir el espíritu de la ley. Ahora bien, sobre la construcción de un relato político, ¿qué ha cambiado? ¿En qué ha favorecido Libres a Iguales y en qué ha fallado en la cuestión catalana? -No hay que desligar la ley del relato político. Esa exigencia de desvinculación es una trampa del nacionalismo, en la que han caído muchas personas de buena voluntad. Defender la ley es defender la democracia española. Es proclamar que España no volverá a fracasar, como tantas veces en su historia. Es afirmar que somos una comunidad política madura, moderna y racional, y que no vamos a dejar de serlo por las presiones de una minoría reaccionaria, xenófoba y preilustrada. Es comprometerse con los fundamentos de la vida en comunidad: la libertad individual, la igualdad ante la ley, el pluralismo político y la solidaridad. No hay relato político más relevante ni más urgente en estos momentos. Y, en contra de lo que algunos creen, tiene una poderosa carga emocional. La emoción de la razón.

-¿Cuál es la magnitud del peligro que supone la eternización de la investidura y la formación de gobierno? ¿Qué tanto más erosiona la percepción colectiva de los representantes políticos? -El prestigio de los políticos está por los suelos y ellos siguen cavando. Y digo ellos porque yo, que tengo una profunda vocación política y que quiero seguir en política, me avergüenzo de las conductas políticas que veo cada día. Regates cortos, cálculos ínfimos, mentiras flagrantes. No hay grandeza ni altura ni apenas sentido del ridículo. A veces dan ganas de desempolvar las viejas cacerolas con las que mi madre y otros cientos de miles de argentinos salieron a la calle en Buenos Aires al grito de “que se vayan todos”.

-Libres e Iguales concentra una parte muy importante de la intelectualidad en España. ¿Por qué si hay una voluntad de pensamiento e intervención, a España parece costarle tanto hallar y elaborar un relato sobre lo que ocurre?-No cuesta elaborar un relato sobre lo que ocurre. Ni tampoco sobre lo que está en juego. De hecho, es bastante fácil. Pero, efectivamente, no se hace. Hay un agujero discursivo. Esto puede tener muchas explicaciones. Una fácil es la mediocridad de la clase política. Pero otras son algo más complejas. El excepcionalismo español siempre me ha parecido una farsa, mezcla de narcicismo y afán autodestructivo. Pero es innegable que algo pasa con nuestras élites políticas, mediáticas y empresariales. Su autoestima y convicción democráticas son de una insólita fragilidad. Priman el miedo, el complejo, el tacticismo y el interés personal. Tienen una visión funcionarial de la democracia. El resultado es que nuestra democracia está en funciones.

A veces dan ganas de desempolvar las viejas cacerolas con las que mi madre y otros cientos de miles de argentinos salieron a la calle

-Hay debates que, en determinados contextos, parecen haberse frivolizado o sacado de contexto, incluso vaciado de sentido (pienso en cosas que van desde la identidad en la cabalgata de Reyes hasta el debate de la madre trabajadora con Carolina Bescansa y su hija en el parlamento). ¿Qué se nos está escapando? ¿Qué no estamos leyendo en la dirección correcta?-Se nos está escapando la razón, el sentido de la proporción, de la jerarquía y del ridículo. Si sirve de consuelo, no es un problema exclusivamente español. Cuando la verdad deja de ser el marco y la exigencia básica para cualquier discusión pública, no hay debate posible. Cuando la verdad sale por la ventana, se instala el caos. El desastre del brexit. Las soflamas de Trump. El bloqueo español.

-Usted fue una de las primeras que planteó la necesidad de una regeneración interna en el PP. ¿No le resulta al menos irritante que Ciudadanos haya llegado con ese tono a las negociaciones? ¿No debió ocurrir primero puertas adentro?-Mi reflexión era bastante evidente: si tú no te regeneras voluntariamente, otros vendrán a regenerarte por la fuerza. Eso ha sido la irrupción de Ciudadanos en el espacio electoral del PP: una bofetada a la cerrazón del PP. Con un matiz curioso y de consecuencias importantes. Esa bofetada podría haber sido mucho mayor. No lo fue porque, en un momento dado, Ciudadanos se asustó. Tuvo miedo de que le llamaran “marca blanca del PP”. Coqueteó con Podemos. Luego pactó con Sánchez. Y tras las últimas generales, se enredó en el veto a Rajoy en lugar de anunciar, a la primera, su intención de entrar el Gobierno y liderar, desde el poder, una gran etapa de reformas. El resultado es que la necesaria regeneración, que en mi opinión pasa por la renovación no sólo de las personas sino también, y sobre todo, del proyecto político e ideológico del centro-derecha español, puede quedar en poca cosa. Rajoy y Rivera podrán pactar tal o cual medida. Pero los que defendemos una reagrupación del espacio del centro-derecha en torno a un proyecto renovado y moderno tendremos que seguir esperando. Sentados.

-El PP tiene que reconstruir el espacio de la razón, aseguró usted. Pero a veces da la impresión de que le cuesta incluso reconstruirse a sí mismo. ¿Qué piensa?-En las últimas elecciones generales, los españoles apoyaron al PP frente a la amenaza populista. Fue una decisión acertada, aunque con un efecto colateral negativo. La reflexión ideológica e intelectual sobre el futuro del centro-derecha quedó postergada sine die. Hoy el PP sigue siendo la primera fuerza política española. Pero es una fuerza sin proyecto. Se mueve a golpe de exigencias externas o de la necesidad de supervivencia de su actual dirección. Las esperanzas de un congreso abierto, con varios candidatos y un voto por militante, han quedado frustradas. Ahora bien, tarde o temprano ese proceso tendrá que afrontarse. España necesita, desesperadamente, recuperar la razón. Y eso no se consigue ni con seniles ni con pueriles. Hay que llamar a los adultos.

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