Convergencia reclama la comparencia del minsitro ante el 'pressing diplomático'

Un incidente en Montevideo dispara la ira de Mas contra Margallo

Artur Mas se revuelve contra Margallo. Convergencia acusa al ministro de Exteriores de recurrir a oscuras maniobras para obstaculizar la internacionalización del proceso independentista. El último incidente ha tenido lugar en Montevideo.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, junto al presidente de la Generalitat, Artur Mas, durante un partido de fútbol
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, junto al presidente de la Generalitat, Artur Mas, durante un partido de fútbol EFE

Artur Mas no renuncia a difundir por el mundo su proceso independentista. Con escaso acierto, ya que no ha logrado hasta el momento ser recibido por personalidades de nivel ni en foros o plazas internacionales de relevancia. Una especie de 'paria mendicante', según la expresión de un veterano dirigente nacionalista rotundamente contrario a la gestión del líder convergente. Mas suplica audiencias pero recibe contundentes negativas. De ahí su irascibilidad y la de su equipo.

'Mordaza diplomática', lo llamó un miembro de la comitiva que suele acompañar a Mas en sus paseos por el mundo, según fuentes diplomáticas. El último encontronazo de la Generalitat con el Gobierno español ha tenido Uruguay como escenario. El 'ministro' de Exteriores catalán, Roger Albinyana, denunció una maniobra de la diplomacia española para impedir su comparecencia en el Parlamento del país iberoamericano al objeto de exponer ante ese auditorio la política del Govern. Esa al menos es la versión que ha difundido el propio comisionado de Mas para abrir puertas en el terreno internacional. Unos diputados uruguayos, país donde gobierna el Frente Amplio, de tendencia izquierdista, así se lo trasladaron al dirigente catalán que acto seguido pasó el informe a la Generalitat. Y, después, el enojo y la queja.

Un ridículo permanente

Mas es consciente de que el ministro García-Margallo ha dirigido casi personalmente la estrategia de bloquear la campaña de 'internacionalizar' la deriva soberanista catalana. La labor del titular de Exteriores ha sido notable. E infatigable. Ningún alto dirigente europeo ha recibido a Artur Mas en sus insistentes y estériles giras y desplazamientos continentales. Particularmente ridículo resultó el intento del presidente de la Generalitat por 'colarse' en la manifestación celebrada en París tras el atentado terrorista contra los trabajadores de la revista Charlie Hebdo. Arrinconado en un lateral de la manifestación, Mas se consoló efectuando unas declaraciones a TV3.

Las declaraciones de Margallo sobre Cataluña han producido ciertos malentendidos con Moncloa

La inquina de Mas hacia Margallo es notoria y reconocida. El titular de Exteriores, además de su intenso 'pressing diplomático' contra el proyecto secesionista, no evita incurrir en declaraciones públicas sobre el particular. Es uno de los ministros más proclives a pronunciarse sobre los asuntos de Cataluña, lo que a veces produce algún tipo de malentendido con Moncloa.

Convergencia considera que García-Margallo es el responsable de las 'supuestas presiones' sobre los quejosos diputados uruguayos. Algo que todavía está por demostrar. De ahí que se reclame su comparecencia en el Senado. El Gobierno no ha respondido por ahora. Lo considera una denuncia menor dentro de un incidente más de los que los nacionalistas catalanes pretenden sacar partido político. Y más en plena campaña electoral.

La presión del Palacio de Santa Cruz sobre el plan soberanista de Mas ha recogido ya importantes frutos. Además del vacío internacional casi unánime al president, hay que sumar la frecuente insistencia de altos dirigentes comunitarios sobre la imposibilidad de que una Cataluña independiente se mantenga en Europa. Este miércoles la propia ANC, la asociación civil que sufraga la Generalitat para movilizar a la población en la Diada, reconocía que Cataluña quedaría fuera del ámbito europeo.

La ofensiva diplomática de Margallo, ese 'pressing' sin fisuras sobre la 'diplomacia' catalana, ha sido uno de los vectores más eficaces del Gobierno del PP para hacer frente al órdago secesionista. En otros ámbitos, los resultados no ha sido tan interesantes.

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