España

Artur Mas, de 'hereu' de Jordi Pujol a mártir del 'proces'

Ha tenido que ceder en su deseo de mantener la presidencia de la Generalitat. No podrá dirigir el proceso que lleva a su pueblo a la tierra prometida de la independencia.

Artur Mas.
Artur Mas. EFE

Un acuerdo de última hora le deja fuera de la investidura como presidente de la Generalitat. Carles Puigdemont, alcalde de Gerona, será el nuevo president. La terquedad de la CUP, que le ha negado su apoyo, ha provocado que Artur Mas dé un paso atrás.

Hasta el 2000 se llamaba Arturo, año en que se cambió el nombre por Artur en el registro civil. Nació en Barcelona en 1956 (el 31 de enero cumplirá 60 años), en el seno de una familia de la burguesía catalana vinculada a la industria textil de Sabadell y la metalúrgica del Poblenou. Tras licenciarse en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Barcelona, desarrolló sus primeros pasos profesionales en el sector privado.

Se afilia a Convergencia Democrática de Cataluña en 1982

Su horizonte cambia en 1982, cuando decide afiliarse a Convergencia Democrática de Cataluña. Ingresa entonces como colaborador en el Departamento de Comercio, Consumo y Turismo de la Generalitat de Cataluña y se dedica a la promoción exterior y la captación de inversión extranjera para la comunidad autónoma.

Prospera rápido Artur Mas en su partido. Es concejal del Ayuntamiento de Barcelona (1987-1995) y diputado en el Parlament desde 1995. Ese año Pujol le nombra consejero de Política Territorial y Obras Públicas. Dos años después ocupa la consejería de Economía y Finanzas. Ya es el delfín del ‘president’. Por eso le nombra ‘conseller en cap’ en 2001. Son tiempos en que aparece de manera recurrente el asunto de las comisiones y el porcentaje del 3%.

En la órbita de Pujol

La corrupción acompaña a CDC y a Jordi Pujol y familia desde los albores de la democracia: Banca Catalana, caso Adigsa, caso Palau, caso ITV… Y desde finales de los años ochenta Artur Mas ha estado en la primera línea, como concejal en Barcelona, como consjero de Política Territorial y Obras Públicas, como consejero de Economía y Finanzas y como ‘conseller en cap’. Cuesta mucho imaginar que Mas era ajeno a la tupida red delincuencial que su partido y la familia Pujol habían tejido.

Mas afirma que no sabía nada de los tejemanejes de Jordi Pujol, al que le unen otras semejanzas, como la fortuna paterna. El padre del ‘president’ en funciones disponía desde finales de los años ochenta de una cuenta corriente en Liechtenstein con cerca de dos millones de euros. Él y sus hermanos eran los beneficiarios. Su padre regularizó la cuenta en 2008, tras ser descubierto por Hacienda. Liechtenstein fue el paraíso fiscal elegido por Mas padre y Andorra por la familia Pujol. Otra más, Oriol Pujol fue la mano derecha de Artur Mas hasta que las evidencias de la corrupción forzaron la retirada de la política del vástago del antaño ‘molt honorable’.

El nombramiento de 'conseller en cap' se interpretó en clave de designación de 'hereu' de Jordi Pujol

El nombramiento de ‘conseller en cap’ se interpretó en clave de designación de ‘hereu’ de Jordi Pujol. De hecho, en las elecciones al Parlamento de Cataluña del 16 de noviembre de 2003 asumió el liderazgo de Convergencia i Unió, federación que había gobernado Cataluña desde las primeras elecciones autonómicas, en 1980, con Pujol al frente. Le tocaba ahora, por tanto, relevar en la dinastía a su ‘padre político’.

Las urnas le dieron el segundo puesto en votos, tras el PSC, pero el primero en escaños. De nada le sirvió. El socialista Pasqual Maragall se hizo con la presidencia gracias al pacto con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) e Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV). Más de dos décadas ininterrumpidas de gobiernos de CiU saltaron por los aires, precisamente cuando le ‘tocaba’ a Mas.

Como jefe de la oposición tuvo que lidiar con algunos asuntos especialmente escabrosos, como la famosa sesión parlamentaria del 24 de febrero de 2005. Pasqual Maragall acusó personalmente a Mas de que Convergencia i Unió (CiU) se quedaba para sí con el 3% de los costes de la obra pública que había adjudicado mientras estuvo en el Gobierno catalán. Se estaba debatiendo el hundimiento del túnel del metro del Carmel, en Barcelona. Pero el porcentaje era material altamente inflamable. Mas le amenazó con echar por tierra el proceso de reforma del Estatut y al entonces presidente de la Generalitat no le quedó más remedio que plegar velas.

Perdió a la segunda

La ruptura del Tripartito provocó la convocatoria de elecciones anticipadas, el 1 de noviembre de 2006. Artur Mas se encomendó a la tradición que había dado muchas veces los votos necesarios a su partido. Ganó en las urnas, pero no logró la mayoría suficiente y volvió a formarse una coalición entre PSC, ERC e ICV. Esta vez el presidente elegido fue el socialista José Montilla. Mas no desesperaba. Tenía la convicción de que tarde o temprano conseguiría la presidencia de la Generalitat, aquella que Pujol ostentó durante 23 años.

En 2010 consiguió por fin ser investido presidente de la Generalitat de Cataluña

Pero le llegó la hora. A la tercera fue la vencida. Las elecciones del 28 de noviembre de 2010 le dieron la mayoría, aunque necesitó la abstención del PSC en la segunda vuelta para obtener la investidura. Tras siete años en la oposición, siete años sin la presidencia que le ‘correspondía’, decidió afrontar un giro soberanista: reivindicó un nuevo modelo de financiación para Cataluña y el derecho a decidir.

Subido a lo más alto de la ola independentista, Mas no quiere dejarse superar por el movimiento ciudadano cada vez más fuerte que clama por la autodeterminación. La sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 donde se declaran inconstitucionales diversos artículos del Estatut había encendido los ánimos del independentismo.

La masiva celebración de la Diada del 11 de septiembre de 2012 resulta vital para entender la estrategia política de Artur Mas desde este momento. Cegado por lo que considera un tsunami sin vuelta atrás, se pone al frente de un camino sin retorno e intenta aprovechar el impulso. Por eso convoca elecciones dos años antes de que toque. Porque confía en que su apuesta por el soberanismo le mantenga en el poder. Pero el revés que sufre (pierde 12 escaños) le obliga a apoyarse en ERC, hasta ese momento su principal enemigo político.

Los desencuentros con el Gobierno de Mariano Rajoy a cuentas del pacto fiscal y el miedo a quedar sepultado por el empuje independentista de la sociedad civil le sitúan en otro punto sin retorno, una nueva huida hacia delante: la convocatoria de un referéndum para que los catalanes se pronuncien. Todo ese ruido soberanista le sirve además para ocultar una gestión de la crisis económica que está llevando a la Generalitat a la bancarrota.

Convocó para el 9 de noviembre de 2014 una consulta sobre la independencia

Convocado para el 9 de noviembre de 2014 con el aval del Parlamento, el proceso fue suspendido por el Tribunal Constitucional. Artur Mas, terco en su deseo de pasar a la historia, cambió los términos para realizar la consulta a cualquier precio, aunque su resultado fuera simbólico. Lo llamó entonces proceso participativo. En esa pantomima sin control, los votantes favorables a la independencia fueron 1.861.753, un 29,5% del censo estimado.

Artur Mas está convencido de que debe conducir al pueblo catalán a la tierra prometida de la independencia. Su siguiente vuelta de tuerca consiste en volver a adelantar las elecciones legislativas y aglutinar en torno a ERC, Convergencia y asociaciones independentistas una plataforma en pos del soberanismo. Se llama Junts pel Sí (JxSí) y el cabeza de lista es Raül Romeva, aunque todo el mundo sabe que quien lleva los pantalones se llama Artur Mas.

Sin el socio UDC

Previamente Unió Democrática de Cataluña, su viejo socio liderado por Josep Antonio Durán Lleida, se había bajado del enloquecido proyecto de Artur Mas. El pasado 27 de septiembre se celebraron las elecciones. JxSí no consigue la mayoría absoluta y necesita algún gesto de la CUP para lograr la investidura. Ambos partidos votan el 9 de noviembre en el Parlamento una resolución que supone el primer paso de una programada desconexión con España.

Pero la CUP tenía muy claras sus condiciones: no a Artur Mas. Cuando estaba a punto de terminar el plazo, Mas cedió en favor de otro compañero de lista, Carles Puigdemont, alcalde de Gerona. Él lo explicó como un servicio a Cataluña. Conociendo al personaje, no se puede descartar que intente volver al primer plano.

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