Epicteto

Políticos o predicadores

Hace desgraciadamente ya muchos años descubrí en EEUU a los ‘predicadores’. Para mí, en la España de los años posteriores a nuestra Guerra Civil, un predicador era un cura o un fraile, en ocasiones hasta un obispo, que desde lo alto del púlpito (entonces se utilizaban los púlpitos en las iglesias) sermoneaba a los fieles explicando lo que a su entender decían los textos sagrados. De vez en cuando introducían otro tipo de comentarios, las más de las veces de carácter moral y, en algunas ocasiones, aunque escasas, políticos. El tono era normalmente mesurado y la forma generalmente correcta y respetuosa.

El descubrimiento de los predicadores americanos me sorprendió muy vivamente. Los sábados y los domingos, las televisiones, numerosísimas, se llenaban de retransmisiones en las que individuos pertenecientes a diferentes iglesias y auténticos showmen manipulaban descaradamente las creencias de los respectivos credos haciendo vibrar al auditorio, cuya reacción resultaba apasionante.

Unos levantaban los brazos hacia el cielo, otros lloraban, otros se abrazaban al vecino y la inmensa mayoría movía sus cabezas confirmando con sus gestos las palabras del predicador. 

La campaña electoral que estamos viviendo y la que hemos vivido hace unos  meses me ha recordado mucho a los predicadores americanos

Éste, impecablemente vestido pero muy cursi, se paseaba por el estrado, allí ya no había púlpito, gesticulando y gritando más que hablando en la mayoría de los casos, y en ocasiones acompañado de una persona que traducía a otro idioma, normalmente el español, las peroratas con las que el predicador obsequiaba a sus partidarios.

Aquello, para una mentalidad como la mía, acostumbrada a nuestros predicadores de iglesia, resultaba un auténtico circo que la televisión, entonces enormemente extendida en EEUU pero poco común en España, ampliaba de forma extraordinaria.

La campaña electoral que estamos viviendo y la que hemos vivido hace unos  meses me ha recordado mucho a los predicadores americanos. Es verdad que hay distintas clases de políticos en nuestra campaña, pero no es menos cierto que todos ellos, influenciados por la popularización que ofrecen las televisiones y por asesores que copian las tendencias americanas, se han convertido en predicadores que sólo buscan el apoyo populista.

Se da mucha más importancia a la forma que al contenido, actitud típica de un showman. Importa mucho más la reacción emocional que la comparación  racional y lógica entre las ofertas que se hacen y su valoración objetiva y real. Vale mucho más una hora de televisión que muchas horas de mítines, se convierte a nuestros líderes que mienten, manipulan, gesticulan y gritan en la más viva imagen de un predicador americano.

Resulta que hemos caído con el tiempo en el mismo vicio. Hay que estimular los sentimientos de la gente en lugar de hacerla pensar, más bien se pretende evitar que la gente piense, porque si votan por sentimientos es mucho más fácil manipularlos que si votaran por hechos y razones.

Cabe preguntarse a dónde nos va a llevar el circo que estamos viviendo y si en algún momento prescindiremos de esos predicadores y exigiremos a nuestros políticos actitudes responsables y a nuestras gentes, más cabeza que corazón.

No es fácil tener respuesta para una situación que no sólo nos afecta a nosotros, sino que de una u otra manera está afectando a Europa entera con más virulencia en el sur que en el norte, pero con virulencia en ambos lados.

La Europa de dos velocidades de la que tanto se habló cuando la instauración del euro va camino de convertirse en la Europa de dos mentalidades. Si en la política europea y española tuviéramos auténticos líderes, la televisión sería utilizada adecuadamente para valorar lo que debe ser valorado y evitar la manipulación grosera y permanente a la que estamos siendo sometidos.

Escuchar a nuestros políticos en estos momentos resulta de una pobreza extrema por lo que dicen, por cómo lo dicen y por lo que hacen. Cambian de criterio constantemente, chillan cuando quieren provocar un aplauso, todo lo que hacen está orientado a conseguir el voto y, si hay que engañar, se engaña, y si hay que besar, se besa.

Hemos importado sin lugar a dudas lo peor de la política norteamericana

Resulta penoso ver cómo se utiliza a los sufridos y estúpidos militantes para constituir un telón de fondo para el líder al que acompañan con notorios movimientos de cabeza para apoyar sus afirmaciones cuando no sus mentiras. Hemos importado sin lugar a dudas lo peor de la política norteamericana, que también en estos momentos está llegando a un extremo tal que producirá un cambio notable después de las próximas elecciones presidenciales.

O se introduce la seriedad, la racionalidad, el buen tono y la moderación en el mundo de la política o la democracia se acabará convirtiendo en algo insufrible y los parlamentos en patios de vecindad, y ya sabemos todos, y más en Europa, a lo que esas situaciones acaban conduciendo. 

El cambio no es acabar con la corrupción, esto está muy bien y nadie lo discute, pero el cambio real es acabar con la manipulación de la gente dejando de actuar como predicadores y haciéndolo como auténticos líderes que anteponen el interés común a los intereses personales y particulares.


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