Entre Escila y Caribdis

De la "plaga judía" a la "invasión musulmana"

En los años 80 Pedro Ruiz hacía una imitación de Manuel Fraga en la que el político gallego se refería a un tal Iñaki Gazteluubarrengoechea Iturribarrigorrigoicoecherrotaberrigocagecoechea como “presunto vasco”. En lo más duro de los asesinatos etarras se produjo un “efecto halo” negativo por el que cualquier vasco se asimilaba a terrorista, una chapela era sinónimo de bomba y había quien proponía que la misteriosa lengua vasca se había originado en Mordor. Aunque los terroristas eran una combinación insana de nacionalismo étnico y marxismo-leninismo, lo más fácil para algunos era echarle la culpa a todos los vascos indiscriminadamente.

Separar maniqueamente el mundo entre “ellos” y “nosotros” está haciendo que rebrote la xenofobia

En la actualidad, y con los atentados islamistas copando las portadas periodísticas, la tentación de tomar la parte por el todo y de separar maniqueamente el mundo entre “ellos” y “nosotros” está haciendo que rebrote la xenofobia, en este caso contra los seguidores del Islam como un todo. Así, Donald Trump ha advertido contra la “invasión musulmana”, proponiendo que sean expulsados todos los seguidores del Islam. A Trump, como a todos los xenófobos (buenas personas, eso sí, porque en realidad no son racistas ni nada parecido sino simplemente “ordenados”), les entra por un oído y les sale por el otro la información sobre los miles de musulmanes muertos en atentados islamistas. Aplican la máxima de aquel ingenioso obispo inquisidor, Arnaldo Amaric, que durante el sitio de Béziers, en la cruzada albigense, recomendó a sus tropas “¡Matadlos a todos. Dios reconocerá a los suyos!”. 

Hablando de inquisidores. No sé si reconocerán este párrafo.

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.”

De lo que se trata es de ayudar a catalizar los movimientos modernizadores del Islam de una manera orgánica y autónoma

A Jesús le gustaban las metáforas sencillas para que comprendiesen hasta los analfabetos sus ideas complejas. El problema es que pueden llegar a interpretarlas listillos que corten y echen al fuego a seres humanos en lugar de árboles. En plan Torquemada. O Calvino. Pero también hubo entre los cristianos gente como Montaigne, Erasmo o, mi favorito, Castellio que hacían una interpretación humanista en lugar de terrorista de las parábolas de Cristo. Ceteris paribus con los musulmanes. Aunque gran parte de los cristianos era un hatajo de sádicos torturadores, poco a poco, durante siglos, la minoría ilustrada y razonable fue aumentando su número e influencia hasta convertirse a finales del siglo XX de manera casi unánime en una religión de paz. El Islam viene de muy atrás, por lo que el número de musulmanes ilustrados todavía es minoritario respecto de una gran mayoría dogmática e intransigente, bárbara y violenta. Pero satanizar al Islam en su conjunto es tan absurdo como hacerlo con el cristianismo y el judaísmo, las otras dos grandes religiones monoteístas mediterráneas, tan sublimes en lo bueno como en lo malo. De lo que se trata, por el contrario, es de ayudar a catalizar los movimientos modernizadores del Islam de una manera orgánica y autónoma. Y realizar una crítica al islam desde la racionalidad tan respetuosa como dura y contundente. ¡Bienvenidos, musulmanes, a la tierra del “sapere aude”! (Averroes os lleva siglos esperando)

El peligro inmediato es el del terrorismo islamista pero el profundo es el de la reacción xenófoba

El peligro inmediato es el del terrorismo islamista pero el profundo es el de la reacción xenófoba. En un continente de gran tradición cristiana, siempre se ha percibido lo no-cristiano, de ateos a la “plaga judía”, que dicen los antisemitas, pasando como, ahora, por la “invasión musulmana”, el cliché favorito de los islamófobos, como una amenaza a que los postulados culturales cristianos fuesen no sólo complementados sino sustituidos por otros axiomas religiosos. En España se ha usado el lema de su patrón, “¡Santiago y cierra, España!”, como un bastón con el que pegar a los que no se ceñían al “hablar cristiano”. En el siglo XXI, liberal y democrático, pacifista y ecologista, feminista y capitalista, deberíamos cambiarlo por un “¡Santiago y abre, Europa!”

Sin embargo, tanto Europa como Estados Unidos podrán seguir siendo herederos de la civilización ilustrada si son capaces de asimilar en igualdad de condiciones los particularismos de las grandes religiones monoteístas que están condenadas a entenderse, en una alianza civilizada y universal basada en la razón, de Abraham, Jesús y Mahoma. E, incluso, Richard Dawkins.


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