Entre Escila y Caribdis

El lobby cristiano contra el lobby gay

En nuestra época los liberales hemos conquistado el espacio público. Pero ha sido una conquista para todos, incluso para los que quisieran monopolizarlo. El obispo Cañizares ha vuelto a salir a la palestra mediática por una paranoica defensa de la “familia cristiana”, en contra “del imperio gay” y algunas ideologías feministas. El lobby “gay” ha contraatacado presentando una denuncia por “discurso del odio” contra el prelado.

La sociedad abierta

popperiana siempre ha tenido entre sus principales enemigos a los de la cruzada religiosa

Al obispo Cañizares, como a todos los de su talante inquisitorial, le cuesta entender que cualquiera que no comparta su religión, su versión de su religión, pueda tener lugar en el ágora política. Durante mucho tiempo, demasiado, los que como él se creían en posesión de la verdad absoluta perseguían, censuraban y discriminaban a los que no caían bajo su estrecha visión del mundo. Llaman “Dios” a su prejuicio favorito y “fe” a su delirio particular. La sociedad abierta popperiana siempre ha tenido entre sus principales enemigos a los de la cruzada religiosa.

Cierto lobby “gay” y las feministas “de género”, por su parte, están en el lado opuesto del representante católico pero, como suele suceder, los extremos se tocan. Si unos quisieran ver las aulas de los colegios presididas por un crucifijo, los otros exigen ver su bandera arco iris ondeando en las Ayuntamientos. Unos y otros son versiones espurias tanto del cristianismo como del movimiento LGTB, y podrían ser los mejores representantes tanto de la aspiración a la fraternidad entre todos los seres humanos como de la tolerancia hacia la diversidad pero que, sin embargo, gracias a personajes enfermos de resentimiento como el obispo Cañizares o agrupaciones como Lambda, que utilizan la coartada del “discurso del odio” para tratar de cercenar el ámbito de la libertad de expresión, están emponzoñando la sociedad con sus respectivas moralinas. Sacristanes medievales en un lado, beatería postmoderna en la acera de enfrente.

El adversario auténtico tanto del lobby cristiano como del lobby gay es el “imperio de la Ilustración”: la economía de mercado, la democracia parlamentaria y la ciencia tecnológica. Es reveladora la pinza reaccionaria y regresiva que están realizando el feminismo “de género” y la Iglesia Católica contra la gestación subrogada o “vientre de alquiler”, un procedimiento por el que se podrían formarse nuevas familias y engendrar más hijos, lo que aparentemente tanto preocupa al prelado español, pero contra el que aducen las “de género” y los obispos su rancia ideología prohibicionista y moralista, refractaria tanto a la autonomía de los individuos como a los contratos libres realizados en el mercado.

El problema de fondo reside en que haya personas que se vean obligadas por las circunstancias económicas o la presión social a realizar actos que no desean realmente

Señalaba Cañizares el problema del incremento del número de abortos y las rupturas matrimoniales, para lo que se podrían implementar incentivos materiales para la formación de familias numerosas, así como el fomento de una cultura del compromiso de la pareja, sobre todo teniendo en cuenta la estabilidad psíquica y emocional de los hijos durante la infancia y adolescencia. Pero resulta indecente y abyecto que Cañizares se sirva de dicho problema para lanzar un ataque ad hominem contra la libertad y la dignidad de las personas. El problema de fondo reside en que haya personas que se vean obligadas por las circunstancias económicas o la presión social a realizar actos que no desean realmente. Y en ese sentido, Cañizares, si tuviera una catadura moral acorde con su rango eclesiástico, debería hacer una autocrítica sobre una institución como la suya que discrimina a las personas por su orientación sexual. Seguramente entre sus mismos compañeros obispos y sacerdotes -los cuales están obligados a la castidad por una regla “contra natura”, por usar una de sus absurdas falacias discriminatorias, que podrían eliminar para que hubiera más familias- hay bastantes homosexuales que tienen que vivir su condición desde el secreto y la falsa conciencia de ser unos pecadores.

El “imperio de la Ilustración” consiste en que la razón crítica ha fulminado a los dioses que, como los del politeísta Cañizares, se imponían como únicos.  Por el contrario, vivimos en una sociedad que podríamos considerar “neopagana”, abierta a múltiples formas de realización personal, en la que los diversos dioses, ya sean míticos o materialistas, trascendentes o de mercado, conviven en un conflicto pacífico, en una schumpeteriana “destrucción creadora” de ídolos, tratando de captar feligreses que llenen sus templos, ya sean centros comerciales o iglesias, museos o sinagogas, estadios de fútbol o mezquitas, salas de concierto o pagodas (ya se imagina el perspicaz lector a qué lado de las disyuntivas me sitúo).

En 1884 Félix Sardá y Salvany escribió El liberalismo es pecado. Y, efectivamente, desde el punto de vista de los cristianos retrógrados el liberalismo es mucho peor que el comunismo y el nazismo juntos.  Porque no se trataría de combatir totalitarismos de distinto signo, que le hagan la competencia de los simples y los fanáticos, sino un sistema en el que dichos totalitarismos pueden coexistir, con el único límite de la violencia.  Imaginen la rabia interior que tienen que reprimir constantemente personajes como Cañizares, Otegi o Pablo Iglesias, obligados por el sistema de la Ilustración liberal a mostrarse como domesticados asimilados al “sistema burgués”, al “imperio laico”, a la democracia capitalista.

El último eslabón en incorporarse a esta cadena totalitaria domesticada ha sido el feminismo de género

El último eslabón en incorporarse a esta cadena totalitaria domesticada ha sido el feminismo de género que, como hemos analizado en estas mismas páginas Javier Benegas, Juan M. Blanco, por una parte, y yo mismo, por otra, trata de empantanar y judicializar las relaciones entre las personas creando falsos conflictos asociados a fantasmales entidades colectivas. Primero, fue el marxismo-leninismo; a continuación, el maoísmo; hoy, el feminismo “de género”. Si la extrema izquierda no tuviera un espectro ideológico tras el que esconder su penuria intelectual, su miseria moral y su indigencia política, se revelaría como lo que tristemente es: una utopía para voluntades débiles y mentes malvadas.

Gritaba Rita Maestre en su asalto a la capilla de la Complutense que “menos rosarios y más bolas chinas”. Pero en una sociedad neopagana y neoliberal como la que disfrutamos caben tanto los primeros como las segundas. Sin que tengan que ser excluyentes para la misma usuaria. Quizás cristianos como Cañizares prefieran los cilicios mientras el colectivo LGTB prefiera la parafernalia BDSM. Pero para todos habrá en la viña del señor capitalista. Lo único, por favor, que respeten la cola para pagar en caja.


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