OPINIÓN

El capitalismo es el mejor amigo de las mujeres

Otro feminismo es posible: el liberal, que integre a mujeres y hombres en una tarea común a favor de la dignidad personal. Afrodita, desenmascarada y Godiva, desencadenada.

La economista María Blanco, autora de "Afrodita desenmascarada".
La economista María Blanco, autora de "Afrodita desenmascarada".

Cojo el título para este artículo del índice de Afrodita desenmascarada, el libro sobre feminismo que acaba de publicar María Blanco en la editorial Deusto. A través del estudio de la discriminación, el sexo, la prostitución, la pornografía, el aborto o la gestación subrogada, como temas concretos donde se la juegan las mujeres hoy en día, Blanco articula un feminismo de rostro liberal, individualista y humanista (o “libertario”, como gusta de llamar la autora) que se enfrenta al dominante en los medios de comunicación y que encuentra su plasmación más famosa en una “tuitstar” de izquierdas. 

María Blanco reivindica un feminismo que no sea el equivalente en la orilla contraria del machismo ni una versión del “marxismo cultural” aplicado a las mujeres

Este feminismo liberal de Blanco –en la senda que va de Clara Campoamor a Wendy McElroy, pasando Christina Hoff Sommers, Veronique de Rugy, Susan Pinker y Cathy Young– reivindica un feminismo que no sea el equivalente en la orilla contraria del machismo ni una versión del “marxismo cultural” aplicado a las mujeres. Frente al concepto de “lucha de géneros” de las feministas, que han copiado de la “lucha de clases” de Marx, Blanco sitúa como motor de la reivindicación feminista la libertad entendida como autonomía, creatividad y ausencia de coacción:

“¿Por qué hay que defender la igualdad? Por razón de la justicia, dicen (...) El que vale, vale. ¿No? Pues no, tampoco sirve esa respuesta. Porque quienes reclaman igualdad para las mujeres por justicia histórica, quieren que el punto de partida sea desigual a nuestro favor, para compensar los años de desigualdad.

En lugar de sustituir al papá-hombre (padre, esposo, hermano) por papá-Estado, siguiendo la misma lógica patriarcal aunque en su versión institucional (como diría Sarah Skwire, “la mujer necesita al Estado lo que un pez a una bicicleta”), Blanco realiza una auténtica reivindicación del derecho a decidir de las mujeres, sin someter dicho derecho al “género” masculino pero tampoco al “género” femenino, como hacía la archifeminista Simone de Beauvoir, la que empezó por aplicar el modelo de pensamiento socialista (guerra, resentimiento, colectivismo) al feminismo e insultaba a las mujeres, tratándolas como si fuesen tontas del bote, en nombre de su feminismo “de género”. Decía esta candidata al politburó de la vanguardia feminista que

“No creemos que ninguna mujer pueda tener esa opción. No debe permitirse a ninguna mujer quedarse en casa para criar a sus hijos. La sociedad debe ser totalmente distinta. Las mujeres no deben tener esa posibilidad, precisamente porque si existiese, demasiada mujeres optarían por ella”

Esta obsesión enfermiza de Beauvoir hacia las mujeres que tienen hijos y/o que se realizan en la creación de un hogar es característico del (auto) odio que manifiestan muchas de estas feministas ejerciendo una violencia hacia las mujeres que no acatan sus directrices dictatoriales, sacando a relucir una frustración latente. La misma que sentiría Beauvoir al verse traicionada una y otra vez, con ostentación y alevosía, por su pareja sentimental, el filósofo existencialista y filoterrorista Jean Paul Sartre. Frente al anticapitalismo primario, simplista e ignorante, en última instancia autorrefutado, de Beauvoir 

“La igualdad entre hombres y mujeres es imposible en el sistema capitalista"

“La igualdad entre hombres y mujeres es imposible en el sistema capitalista. Si todas las mujeres trabajaran tanto cuanto los hombres, ¿qué sucedería con esas instituciones de las cuales el capitalismo depende: como iglesias, casamiento, ejército y los millones de fábricas, negocios, etc. que dependen del trabajo de medio turno y mano barata?”

Blanco observa

“Hay que darse cuenta de que en los países capitalistas, las empresas pueden ser creadas por mujeres. Que nada impide que una empresa fundada y dirigida por una mujer tenga éxito. (...) Si a las hermanas iluminadas les dices que crees en el mercado como camino para salir de la pobreza, para lograr la autonomía económica de la mujer de manera no coactiva y moral, prepárate.”

Basándose en una concepción científica del desarrollo del “heteropatriarcado”, más allá del ideológico cliché de las herederas de la Beauvoir, Blanco analiza y diagnostica según los parámetros de la psicología evolucionista, desde el pasado de la especie

“Afortunadamente, la vida es dinámica, y eso permite la superación de las injusticias históricas y la regeneración social (...) Las mujeres cuidaban de los hijos y de los mayores, se quedaban manteniendo todo en orden, eran el centro de información, las psicólogas, la parte empática de la sociedad (...). Hasta aquí no hay nada denigrante para nadie. Que esas funciones generaran una toma de decisiones diferenciada no es necesariamente malo, ni implica minusvalorar a los hombres ni a las mujeres, porque todas esas decisiones, todas esas funciones permitieron una vida mejor para toda la tribu.”

hasta el presente capitalista

“El mercado laboral se ha diferenciado mucho y la mujer accede hoy a diferentes puestos de trabajo, sino que, además, las mujeres podemos controlar bastante bien de quién y cuándo nos quedamos embarazadas”

subrayando la mejora de las mujeres en particular, y de la dignidad de las personas en general, que se está produciendo en las sociedades liberales, en el sentido económico y político del mismo que tiene que ver tanto con la economía de mercado como con el Estado de Derecho.

“Por un lado, se insiste en hablar de «terrorismo machista», cuando la realidad nos dice que somos el país de Europa con menor número de muertes de mujeres por este motivo.”

La postura de Blanco pasa por un “enseñoramiento” (mejor que “empoderamiento”) de las mujeres por ellas mismas en lugar de promover una nueva dependencia de la figura masculina

Sobre todo, España, un país que está a la cola de violencia de género en el mundo, aunque la percepción entre la población es la contraria por la machacona repetición de un “relato” victimista y alarmista por parte de la “industria del feminismo de género”. Por el contrario, la postura de Blanco pasa por un “enseñoramiento” (mejor que “empoderamiento”) de las mujeres por ellas mismas en lugar de promover una nueva dependencia de la figura masculina, del “padre” biológico al “papá” Estado (definido a la perfección por Blanco como “un ente abstracto que va a velar por ti mejor que tú mismo”). Por ejemplo, y valga la anécdota, haciendo que aprendan más kárate y menos “cross fit”. En lugar de quitar presión a las mujeres, como hacen todos aquellos que condescendientemente siguen considerando a las mujeres como inferiores, y tratan de protegerlas como si fuesen “floreros” a través de “cuotas”, Blanco apuesta por:

“No se trata tanto de que los hombres modifiquen nada, se trata de que las mujeres dejemos de ponernos nerviosas, de desconfiar y de tener un desempeño peor cuando nos enfrentamos a un hombre.”

Y desafiando al feminismo, a la vez verdugo y victimista de la izquierda, que nace con Beauvoir, defiende

“Las riendas están en nuestras manos, que hay muchas cosas que tenemos que trabajar (como la seguridad en nosotras mismas, la decisión, la perseverancia), y que no le demos importancia a que muchas personas piensen antes que nada en cambiar las condiciones externas, en cambiar los parámetros y los baremos, y, en algunos casos, en promulgar leyes de «ayuda» para que nosotras no nos sintamos mal. Forzar la representación igualitaria es una estupenda manera de perpetuar esa sensación de inferioridad.”

Otro feminismo es posible: el liberal, que integre a mujeres y hombres en una tarea común a favor de la dignidad personal. Afrodita, desenmascarada y Godiva, desencadenada.


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