OPINIÓN

Votar con la vagina

Susan Sarandon va a votar por una mujer pero no porque sea mujer. Una conducta ejemplar en una época en la que cada vez más gente se define no por sus ideas particulares, por ser fulanito en lugar de menganito, sino por ser eso, “gente”.

Susan Sarandon.
Susan Sarandon. Gtres

En la serie de televisión American Crime Story: The People vs O. J. Simpson se muestra el juicio contra el jugador de fútbol americano por presuntamente asesinar a su ex esposa y el amante de la misma.  En el contexto del escándalo que se había producido poco antes, con la policía de Los Ángeles pegando una paliza de muerte a un ciudadano negro, Rodney King, la discusión en la calle no era si Simpson era realmente el asesino sino si un negro iba a ser juzgado por un “sistema de justicia blanco”.

También, claro, había un factor “de género”.  Porque la asesinada, como decía, era su ex esposa.  Así que tenemos a un acusado, hombre pero negro, y una víctima, mujer pero blanca.  ¿Qué “victimización” tendría más peso en este caso?  ¿La de los negros en un “sistema de blancos” o la de las mujeres en un “sistema de hombres”?  En el jurado había una mayoría de mujeres pero también una mayoría de personas “de color” (negro, se entiende).  Finalmente, y dado que todavía flotaba en el ambiente las violentas protestas de la comunidad negra por la brutalidad policial en el caso de Rodney King, la presión “de raza” fue mucho más intensa que cualquier otra.

Se da por descontando que si eres mujer, hispano y/o negro debes votar por Hillary Clinton. Y si eres un hombre blanco, por Trump

Pero, ¿había alguna otra perspectiva además de la reivindicación “feminista”?  Desde un punto de vista exclusivamente racional lo único relevante era si Simpson había cometido el crimen o no. Por ello la Justicia se representa como una mujer ciega. Ciega, se entiende, a aquellos factores que no tienen nada que ver con el hecho en sí. La balanza, que es su instrumento junto con la espada que simboliza el castigo, sirve para “pesar” los distintos argumentos, pruebas y evidencias que afectan al caso, como las pruebas genéticas que podrían mostrar que la sangre en el cuchillo son del culpable.  Aunque no la interesante pero especulativa cuestión de si vivimos en una sociedad “heteropatriarcal” o “blancocéntrica”.

En las elecciones norteamericanas los “análisis” sociológicos también vencen a los “meros” chequeos racionales de las propuestas de los candidatos. Así, se da por descontando que si eres mujer, hispano y/o negro debes votar por Hillary Clinton. Y si eres un hombre blanco, por Trump. Incluso se nos informa de que los votantes de Clinton compran más en Amazon y Nordstrom mientras que los de Trump lo hacen en Cabela`s y Finish Lane.  Interesantísimo… Una vuelta de tuerca consiste en informarnos de que los “blancos sin estudios universitarios” votan a Trump aunque jamás se leerá el sintagma paralelo “negros sin estudios (de ningún tipo) apoyan a Hillary Clinton” (en este caso se destaca el sintagma “mujer con estudios universitarios”. Por cierto, nunca se aclara si tener “estudios universitarios” se considera un beneficio o la hecatombe intelectual definitiva). El problema no es el análisis sociológico, ya que una mayoría de negros de toda condición intelectual votan a Clinton, sino que se usa dicho dato sociológico con un sesgo periodístico torticero de falacia ad hominem clasista. Aunque les parezca increíble a los periodistas titulados en la Universidad, se supone, los votos de las personas sin estudios valen igual, en todos los sentidos, que el de un Premio Nobel, aunque a Platón y sus pretenciosos seguidores contemporáneos les chirríe la simetría.

Susan Sarandon se ha rebelado contra la determinación genética, social o como se quiera entender y ha dicho que no se decantará por Hillary Clinton porque no “vota con la vagina”

Sin embargo, Susan Sarandon se ha rebelado contra la determinación genética, social o como se quiera entender y ha dicho que no se decantará por Hillary Clinton porque no “vota con la vagina”.  Tampoco por Trump.  En su caso apoyará a los “Verdes”.  Que son liderados, por cierto, por otra mujer, Jill Stein.  Pero Sarandon quería subrayar que a la hora de decidir su voto el factor fundamental no será “el género” sino una perspectiva de programa mucho más amplia, atendiendo a cuestiones racionales objetivas y no a subjetivas y sesgadas cuestiones identificadas con un factor sociológico, racial, religioso o cualquier otro condicionante particular.

Por supuesto, las feministas “de género” se han echado encima de Sarandon y se han declarado orgullosas de votar con sus órganos sexuales. Nadia Goodman, directora de las TED Talks, confiesa que decide el voto “con la vagina, en colaboración con el cerebro”. Pero este es un caso donde el orden de los factores sí altera el producto. A más vagina, o más pene (o “más pelotas” como vulgarmente defienden los más aguerridos defensores de Trump), menos cerebro. En concreto, menos lóbulos frontales, la parte del cerebro que actúa como “director de orquesta” de todo el resto. Sería una gran noticia que una mujer llegase a ser presidente del país más poderoso del mundo. Pero en cuanto que efecto colateral de otras capacidades y características asociadas a su persona, como la inteligencia o el carácter, no en tanto como consecuencia de su faceta “vaginal”.

La democracia representativa opera tanto como un mecanismo de refutación de aquellos que controlan el poder como un sistema de valores éticos y políticos. Si ni lo uno ni lo otro se basan fundamentalmente en creencias justificadas racionalmente, sino que se establecen por preferencias y gustos arbitrarios, entonces la deriva hacia la demagogia conducirá al advenimiento de líderes populistas que manipularán los sentimientos más primarios de los seres humanos, reducidos a vaginas y penes andantes en lugar de ciudadanos para los que la razón sea la guía fundamental. Todo el programa para una democracia ilustrada se basa en que dentro de los cráneos de las personas haya lóbulos frontales poderosos que guíen la orquesta neuronal con la sutileza de un Karajan, la precisión de un Barenboim y la libertad de un Kleiber. Como pasa con Sarandon. Sin embargo, hay una tendencia opuesta que pretenden sustituir el control de los lóbulos frontales por lo que ordenen impulsos primarios, aquellos que obedecen a los “ídolos de la tribu”, todos esos sesgos que obedecen a prejuicios de nacimiento, raza, sexo, religión o, como reza nuestra Constitución, “cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Ese es el auténtico dilema que se plantea en estas elecciones y en tantos otros lugares, de las universidades a las empresas: si seguir siendo una sociedad de individuos o de masas

Susan Sarandon va a votar por una mujer pero no porque sea mujer. Una conducta ejemplar en una época en la que cada vez más gente se define no por sus ideas particulares, por ser fulanito en lugar de menganito, sino por ser eso, “gente”. Y ese es el auténtico dilema que se plantea en estas elecciones y en tantos otros lugares, de las universidades a las empresas: si seguir siendo una sociedad de individuos o de masas.  Al final, Simpson salió exculpado a pesar de que todas las pruebas apuntaban en su contra.  Pero en este caso mi opinión no cuenta porque ni soy negro ni norteamericano ni juego al fútbol americano ni soy millonario ni __________________

(escriba aquí cualquier otra característica grupal al caso que no sea pertinente en mi caso)

Michael Moore escribió en un tuit que “Ninguna mujer inventó la bomba atómica, construyó una cámara de gas, inició un Holocausto, fundió los casquetes polares u organizó una matanza escolar”.  Este postureo pseudo feminista fue respondido por Jessica Ellis que mostró ejemplos para refutar cada uno de los asertos falsos de Moore porque hay mujeres que participaron en todos los aspectos tenebrosos y/o criminales que mencionaba Moore.  Y terminaba Ellis,

“Ser éticamente buena no es más fácil para nosotras que para los hombres.  Es hora de terminar con la creencia de que el bien surge de nuestras vaginas. Nosotras elegimos”

Esperemos que los norteamericanos de toda condición elijan a Clinton antes que a Trump. Pero que hagan la elección racionalmente, no hormonalmente. Las mujeres, a pesar de lo que creen Michael Moore y otros pseudo feministas, no sólo tienen vagina sino también cerebro.


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