Entre Escila y Caribdis

Referéndums tengas y los ganes

En 2010 David Cameron revolucionó el estilo y el fondo del Partido Conservador orientándolo hacia el liberalismo. Era tan radical en su propuesta de renovación que The Economist diseñó una portada en el que se veía al flamante nuevo Primer Ministro luciendo una gigantesca cresta punk, acompañándolo de un titular que decía "Radical Britain. The West's most daring government" (“El más atrevido gobierno occidental”). David Cameron es un político en la senda de Margaret Thatcher o Felipe González, es decir, alguien con una ambición ideológica pareja a la de gobernar. Un líder transformador que concibe el poder como un trampolín hacia la transformación del mundo en lugar de un mero fin en sí mismo. En su caso, el habitual “poder por el poder” del político accidental pasaba a ser “poder para la libertad”.

Cameron era un euroescéptico "soft" allí donde su gran consejero, Hilton, era un euroescéptico "salvaje"

Steve Hilton era su lugarteniente ideológico. Descendiente de húngaros huidos del totalitarismo comunista, Hilton (originariamente “Hircsák”) parió el concepto de “Big Society”, consistente fundamentalmente en la devolución del poder, que había sido “sustraído” por el gobierno y el Estado, a los ciudadanos. Pero, atención, Cameron era un euroescéptico "soft" allí donde su gran consejero, Hilton, era un euroescéptico "salvaje".

El conflicto estaba servido entre los partidarios liberales de una “Big Society”, por un lado, y los demócrata-cristianos y socialdemócratas favorables a un “Big State” o “Big Government”, por otro. Los segundos se estaban imponiendo a pasos agigantados en la UE. ¿Cómo devolver el poder a los ciudadanos, tanto en Gran Bretaña como en Europa, cuya organización espontánea y libre constituye la sociedad? Cameron y Hilton basaron su proyecto liberal en tres pilares: la transparencia, la descentralización y la responsabilidad individual. Es decir, todo lo opuesto a la UE, un monstruo opaco, centralizado y en el que cada vez más se delega la toma de decisiones en autoridades platónicas supuestamente “sabias”

Frente a la deriva racionalista del continente, dogmática a priori, se opone la aproximación empirista y librecambista de los ingleses, paradójicamente inspirada en sus filósofos escoceses (Escocia ha votado mayoritariamente por la permanencia en la UE), desconfía de la nueva versión del despotismo ilustrado en el que se está convirtiendo la UE, en la que la democracia es un concepto discutido y discutible de facto. Los liberales europeos deberían constatar que el Brexit es, además de un rechazo a la inmigración masiva, una protesta contra el “hiperEstado” europeo y la burocracia. Para España la UE ha sido beneficiosa en términos democráticos y de liberalización. En Inglaterra, no tanto.

El ideal es Suiza pero también en Canadá o Estados Unidos son habituales las consultas populares sobre temas más o menos relevantes

Tanto la transparencia como la descentralización y la responsabilidad individual conducen necesariamente a la convocatoria de referéndums que complementen la democracia representativa. Convocar cada cuatro años a los ciudadanos para que elijan a unos representantes, en packs de candidatos y propuestas cerrados, debiera ser una anomalía a extinguir a medida que el conjunto de los ciudadanos alcanzan niveles razonables de educación, lo que ya se ha alcanzado en la mayor parte de países avanzados. El ideal es Suiza pero también en Canadá o Estados Unidos son habituales las consultas populares sobre temas más o menos relevantes, de la posible separación de una parte del Estado a la legalización de la marihuana o la prohibición de los juegos de azar. Solo en Estados Unidos durante un año se pueden presentar más de cien medidas para ser votadas por la ciudadanía, de las que aproximadamente un tercio son iniciativas ciudadanas.

El referéndum ha sido el corolario del radicalismo liberal de Cameron. La airada reacción de la opinión pública y publicada en España obedece tanto al antiliberalismo antidemocrático de la cultura política de la población española, abonada a la mentalidad de la servidumbre voluntaria, como al pánico de que la UE deje de ser el gran respaldo financiero y político de una España atenazada en sus contradicciones económicas y territoriales. En España, todos contra David Cameron en modo "Con Franco esto no pasaba". O "Mariano nunca lo hubiese convocado". La metáfora del patrón y el marinero. Leyendo las razones de la prensa española para mantenerse en la UE ("solidaridad", "esfuerzo común", "valores") se entiende lo del #Brexit.

Gran Bretaña era la gran esperanza, junto a Holanda, de que la UE no se despeñase por el gigantismo estatalista

Los partidarios del Brexit han optado por la vía Suiza o Noruega, de relaciones económicas fluidas pero sin los condicionantes políticos de verse sometidos al dictum alemán. Gran Bretaña era la gran esperanza, junto a Holanda, de que la UE no se despeñase por el gigantismo estatalista en el que se estaba sumiendo bajo la égida alemana que, con el apoyo siempre intervencionista francés, está haciendo de Europa un gigante con pies de plomo. Podemos plantear una ecuación que explique lo que ha pasado en Gran Bretaña: 

Pablo Iglesias ("solidaridad") + Bruselas (burocracia) + Merkel (inmigración) +Rajoy (deuda) + Hollande (estatismo) = #Brexit

El Brexit es un “aviso a navegantes” de que la UE se está construyendo de arriba-abajo, a espaldas de la ciudadanía, por parte de una presunta “élite” enclaustrada en diversas teorías económicas y políticas convertidas en dogmas. El Brexit es una llamada de atención urgente a un proyecto intervencionista y estatalista. Ha sido la respuesta democrática a una estructura de poder burocrática. Una UE sin respaldo popular sería un fraude en sí misma.  A los europeos nos falta el estímulo que tenían los norteamericanos en 1776: si no se independizaban juntos, los colgaban juntos. Sin embargo, en el mundo globalizado hay otras alternativas de relaciones multilaterales diferentes a la empleada por la UE.

Que los políticos españoles de todos los partidos critiquen la convocatoria de un referéndum de estas características implica refutarse a sí mismos

Han sido muchos los que han asegurado que los referéndums los carga el diablo. ¿Acaso las elecciones generales son diseñadas por dios? De que haya salido un resultado que quizás no es deseable no se sigue que la democracia, o los referéndums, sean inútiles o indeseables. Lo cierto es que la democracia representativa ha de complementarse con referéndums en cuestiones esenciales para que no degenere en lo que Jacques Delors ansiaba para Europa, un “despotismo suave”. El mismo despotismo que implícitamente defiende Rajoy cuando dice que él no hubiera convocado nunca un referéndum de esas características. Siguiendo con esa "lógica", habría que haber cancelado las elecciones del domingo e imponer un gobierno tecnocrático. Por supuesto, sin Rajoy porque puestos a soportar “déspotas” por lo menos que sean “ilustrados”. Que los políticos españoles de todos los partidos critiquen la convocatoria de un referéndum de estas características implica refutarse a sí mismos. Porque su legitimidad viene del poder residente en el pueblo y negar los referéndums es negar dicho poder. Al fondo, los que desde Platón han venido defendiendo la tecnocracia. Lo criticable, desde el punto de vista democrático y liberal, porque poder y libertad están indisociablemente juntos, es que no haya más referéndums en cuestiones esenciales, sea salir de la UE o permanecer en España. Porque los referéndums en las democracias liberales, a diferencia de las repúblicas bananeras, se convocan para conocer mejor por parte de los representantes lo que piensan y desean aquellos en los que está depositado originariamente el poder. Los que abominan de una democracia representativa complementada por referéndums (referéndums tras un debate informado en libertad) abominan de la democracia sin más.

David Cameron ha perdido un referéndum popular pero ha ganado una causa para la democracia liberal. El típico político español alucina con él. No sólo convoca un referéndum que puede perder sino que ¡dimite! cuando, ay, pierde. Por mi parte, en contra del #Brexit y a favor de que se haya celebrado el referéndum, pienso que una Europa ni liberal ni democrática no sería mi Europa.


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