OPINIÓN

El PP contra Hayek

Que Cifuentes reniegue de quien como Hayek es el liberal por antonomasia, muestra el complejo de inferioridad intelectual de cierta derecha política en España.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. EFE

“En el Partido Popular hay personas que pueden tener en algunas cuestiones ideas un poco más conservadoras.  Otras que tienen unas ideas un poco menos conservadoras. Creo que lo importante es que encontremos un punto de encuentro en el que todos tenemos que estar de acuerdo. Pero, sobre todo, que demos respuesta a los problemas que nos plantean los ciudadanos. Los partidos nos tenemos que adaptar, no podemos quedarnos anquilosados en Hayek o en Marx, pensadores que eran del siglo pasado.”

Cristina Cifuentes, que en alguna ocasión se ha definido como liberal, respondía así a una cuestión sobre el posicionamiento ideológico del PP. El gran partido de centro derecha es una amalgama de conservadores, demócrata-cristianos y liberales. Fraga, Alzaga y Schwartz fueron, respectivamente, las cabezas visibles de las diferentes corrientes. Los liberales siempre han sido la guinda de un pastel del que se llevaban la mayor parte las otras dos corrientes.

Al mismo tiempo que Cifuentes abjuraba de Hayek, Pablo Iglesias no tenía ningún empacho en manifestar su admiración en Twitter por el dictador y terrorista Che Guevara

Que Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, equipare a Friedrich Hayek, uno de los filósofos y economistas fundamentales a la hora de legitimar el Estado de Derecho y la economía de mercado, con Karl Marx, el gran referente de las “democracias populares” o dictaduras del proletariado, así como de la economía planificada e intervenida por el Estado, es una mala noticia porque significa una derrota intelectual y una claudicación moral por parte de las élites políticas (“élite” en el sentido de manejar el poder y el presupuesto) ante la “guerra cultural” en la que estamos inmersos.

Al mismo tiempo que Cifuentes abjuraba de Hayek, Pablo Iglesias no tenía ningún empacho en manifestar su admiración en Twitter por el dictador y terrorista Che Guevara. El reconocimiento por parte de Iglesias muestra que Podemos es socialdemócrata sólo como reclamo electoral, porque realmente es de extrema izquierda. Que Cifuentes reniegue de quien como Hayek es el liberal por antonomasia, respetado tanto por anarcocapitalistas rothbardianos como por social-demócratas keynesianos, muestra el complejo de inferioridad intelectual de cierta derecha política en España.

También José María Lasalle, un referente académico en el ámbito del liberalismo español, había manifestado su distanciamiento de Hayek achacándole un “liberalismo antipático”. Para Lassalle, tanto Hayek como Friedman son dos marcas del liberalismo que hay que evitar en el discurso público porque se identifican con Thatcher y Reagan, lo que le daría mala imagen publicitaria al liberalismo en España, al asociarse con el neoconservadurismo, inspirado en Leo Strauss, de los Irving Kristol y compañía de la revista The Public Interest. En el superficial y enmarañado debate mediático de España es cierto que se confunden etiquetas como la de “neoliberal” con “neoconservador”. Pero de eso se trata, de hacer pedagogía no de huir del debate profundo.

Hayek es el gran referente filosófico de la defensa liberal de una sociedad abierta, mientras que Marx es el líder filosófico de los que buscan implantar un Estado prohibicionista e intervencionista

Los objetivos de una política “de centro” tecnocrática es, no puede ser de otra manera en un contexto democrático, la creación de empleo y el funcionamiento de los servicios públicos. Pero la cuestión de fondo es si hacerlo dentro de los parámetros de una sociedad cerrada o de otra abierta. Hayek es el gran referente filosófico de la defensa liberal de una sociedad abierta, mientras que Marx es el líder filosófico, en la versión neopopulista de Laclau y Moffat, de los que buscan implantar un Estado prohibicionista e intervencionista.

Permítanme que cite un párrafo de Camino de Servidumbre

“No hay nada en los principios básicos del liberalismo que hagan de éste un credo estacionario; no hay reglas absolutas establecidas de una vez para siempre. El principio fundamental, según el cual en la ordenación de nuestros asuntos debemos hacer todo el uso posible de las fuerzas espontáneas de la sociedad y recurrir lo menos que se pueda a la coerción, permite una infinita variedad de aplicaciones. En particular, hay una diferencia completa entre crear deliberadamente un sistema dentro del cual la competencia opere de la manera más beneficiosa posible y aceptar pasivamente las instituciones tal como son. Probablemente, nada ha hecho tanto daño a la causa liberal como la rígida insistencia de algunos liberales en ciertas toscas reglas rutinarias, sobre todo en el principio de laissez­ faire.”

Lo peor no es que Cifuentes reniegue de Hayek sino su desprecio hacia la actividad intelectual

Entre la Escila de la socialdemocracia, en la que cayó su amigo Keynes, y la Caribdis del anarcocapitalismo, hacia el que tendía su maestro Mises, Hayek podríamos decir que es el referente “absoluto” del liberalismo, desconcertante en su movilidad conceptual y su posibilismo político tanto para los conservadores aferrados a las tradiciones como para los socialistas cegados por su utopismo. Pero precisamente por su flexibilidad conceptual ajena a cualquier dogmática, que le llevó a escribir Por qué no soy conservador, podría ser perfectamente ese “punto de encuentro”, del que hablaba Cifuentes, entre “liberales de todos los partidos”.

Lo peor no es que Cifuentes reniegue de Hayek sino su desprecio hacia la actividad intelectual. Pido perdón por citar a alguien no del siglo pasado sino todavía más viejuno, del siglo XII, un tal Bernardo de Chartres, que sostenía que

“Somos enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no porque la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura”

Ni Hayek ni Marx significan anquilosamiento sino que son multiplicadores del pensamiento creativo. Pero es cierto que son gigantes que miran en direcciones opuestas. Por la senda de Hayek, mal que le pese a Cifuentes, se llega a un gobierno limitado, dentro de los parámetros de la “Rule of Law”, con unos presupuestos equilibrados y una sociedad civil libre de los déspotas que pretenden erigir un “Estado megalómano” con ínfulas de “ogro filantrópico”. Estas dos últimas expresiones son de otro par de pensadores, Jean-FranÇois Revel y Octavio Paz, no sólo del siglo pasado sino, además, hombres, blancos, heterosexuales, burgueses y occidentales. Pero que, a pesar de todo, tenían razón.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba