Entre Escila y Caribdis

Odio al PP. Miedo a Podemos

El populismo no es el problema. Tampoco lo es el terrorismo. Si miramos el ascenso de políticos extremistas, y el poder de devastación e intimidación de los grupos terroristas, desde una perspectiva histórica, su capacidad de operación y de influencia es mucho más limitada que sus equivalentes de los años 70. Por no hablar de figuras que conjugaban el populismo y el terrorismo como Lenin, Adolf Hitler, Stalin y Mussolini. El auténtico problema es que el populismo y el terrorismo se usen como coartadas para recortar libertades y que las mismas élites extractivas se sigan comportando como mafias que se pretenden legitimadas por las urnas.

Tres factores contribuyen a que personajes como Tsipras en Grecia o Le Pen en Francia terminen finalmente “domesticados” por el sistema que pretenden combatir. En primer lugar, la globalización económica mundial. En segundo lugar, la ciencia y la tecnología. En último lugar, pero no menos importante, la federalización política europea. La globalización económica supone una expansión de las posibilidades de intercambio de ideas, de productos, de servicios, así como una restricción a los dislates ideológicos de iluminados como Iñigo Errejón, el cual es capaz de describir la formación de colas en Venezuela no por desabastecimiento ocasionado por la ruina económica del régimen marxista-chavista sino porque “hay más dinero” (la solución podemita pasa por darle a la máquina de producir billetes) y “los valores consumistas del capitalismo” (que ya cambiarán controlando las instituciones educativas y los medios de comunicación).

La extrema izquierda, junto al dogmatismo religioso, ha sido tradicionalmente el principal enemigo de la ciencia

La ciencia y la tecnología constituyen otro freno significativo a los delirios ideológicos en cuanto que son la base del pensamiento referencial y objetivo. La extrema izquierda, junto al dogmatismo religioso, ha sido tradicionalmente el principal enemigo de la ciencia. Tanto el creacionismo como el materialismo dialéctico han tenido en Charles Darwin a un símbolo de cómo la ciencia “materialista” o “burguesa” se opone a sus peligrosas ficciones ideológicas.

La federalización política europea, por último, es un hecho y significa la puesta en práctica de una soberanía europea que es, también al mismo tiempo, una limitación de los intereses a corto plazo de los gobiernos nacionales y un multiplicador de la economía y la política gracias al esfuerzo colectivo de un “sueño europeo” que se articula en cuatro ejes: Europa, tierra de paz; Europa, espacio de oportunidades; Europa, lugar de los derechos humanos; y, sobre todo, Europa, reino de la libertad.

Porque Europa está sobrepasando a EE.UU. en todos esos parámetros. Los Estados Unidos de América es un país que ha demostrado ser mucho más vulnerable que los Estados Unidos de Europa al ascenso de los populismos irredentos, como muestra el caso Trump e, incluso, la variable Sanders. Por otra parte, en Estados Unidos el crecimiento de la censura a través del movimiento estudiantil de extrema izquierda está convirtiendo los campus universitarios en una tierra hostil para el pensamiento crítico. Además, la proliferación de la violencia hace que esté en una situación de guerra civil latente permanentemente. Mientras que en Europa la media de presos por 100.000 habitantes es de aproximadamente 100, en Estados Unidos casi alcanza los 700, muy por delante de Cuba, China o Rusia. “Bienvenidos al infierno penal” podría poner Trump en un cartel en la frontera en lugar de su ya celebérrimo muro para desencantar a los posibles inmigrantes.

Pablo Iglesias y Podemos son, por tanto, sólo un síntoma del miedo a la libertad, a la innovación, al proceso destrucción creadora que caracteriza a la democracia constitucional y al capitalismo liberal y tecnológico del siglo XXI, cada vez más veloz y gigante, como una ola sobre la que hay que surfear con pericia, siendo intrépidos y flexibles. Donde la primera virtud será la resiliencia, la capacidad de levantarse una y otra vez cuando la destrucción lleve a las ruinas a lo que se consideraba hasta hace un momento “cool” e “in”. En El miedo a la libertad, un libro que hay que releer de vez en cuando, Erich Fromm, mostraba que los cambios en los diversos sistemas socio-económicos -del derrumbamiento de la sociedad medieval a la crisis capitalista alrededor de 1929- ocasionan reacciones de aislamiento y duda, de tendencias sádicas y masoquistas. Esas mismas reacciones y tendencias que intensificaron los comunistas leninistas y los nacional-socialistas son las que ahora estimulan, salvando las distancias, Donald Trump y Pablo Iglesias

Sin embargo, y a diferencia de entonces, igual que hay estabilizadores económicos que han suavizado el impacto de la crisis, también se dan estabilizadores políticos. Si "Dany el Rojo", que creía que iba a hacer una revolución en mayo del 68, se pasea tranquilamente por los pasillos burócratas de Bruselas, o Alfonso Guerra, que iba a hacer que España no la reconociese ni “la madre que la parió”, terminó aparcado en su escaño mientras dormitaba, "Pablo el Coletas" puede ser el encargado de presidir el BCE. ¿Quién mejor para darle a la manivela de producir billetes a mansalva? Draghi estará orgulloso.

Rajoy se está comportando como un carroñero esperando a que sean los demás los que se agoten en el derribo y la caza del monstruo mitológico chavista

El problema es Rajoy. Porque hace falta un partido conservador que esté liderado por alguien como Merkel o Cameron, un auténtico líder que sepa “surfear” en el gran tsunami político, económico y tecnológico que lo mismo puede hacer naufragar la UE, Brexit mediante, que ofrecer el impulso para un salto cualitativo hacia la apuesta federal de los Estados Unidos de Europa. Rajoy se está comportando como un carroñero esperando a que sean los demás, tanto Ciudadanos como PSOE, los que se agoten en el derribo y la caza del monstruo mitológico chavista. Sabe Rajoy que alguien tan contaminado como él por la corrupción, que hace que la cúpula dirigente del PP se parezca a una élite mafiosa al borde de un ataque de imputaciones, no puede liderar en absoluto una “gran coalición”, con lo que en lugar de apartarse a un lado prefiere jugar la carta enfermiza del miedo a los marxistas chavistas para intentar que el “voto útil” y la decantación por “el menos malo” lo encumbre una vez más a la presidencia del gobierno. 

Este blog se llama “entre Escila y Caribdis”. Y hace referencia al doble peligro que tuvo que enfrentar la embarcación de Ulises entre el monstruo Escila y el remolino Caribdis. La moraleja del Canto XII de la Odisea es que no hay que optar necesariamente por un dilema envenenado sino que cabe pasar a través de los cuernos del mismo. Pero en la aventura, Ulises perdió a unos compañeros. Siempre hay que pagar un precio por la salvación. Rajoy e Iglesias son nuestros dos peligros que nos pueden hacer zozobrar. Y el pueblo español parece estar cegado, a la vista de las encuestas, por dichas dos opciones, polarizándose de una manera tan irresponsable como arriesgada en un círculo vicioso en el que acabaremos naufragando. Cada vez más gente me dice que votará a Podemos por odio al PP o al PP por miedo a Podemos. Cuanto más odio y miedo, menos esperanza el #26J


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