Entre Escila y Caribdis

Felices y libres "vientres de alquiler"

En Un mundo felizAldoux Huxley imaginó una sociedad donde las mujeres no se quedaban embarazadas porque se habían inventado unos “úteros” artificiales que hacían todo el proceso de gestación. Esta tecnología permitía un control social de los individuos desde la fecundación, produciendo diferentes “tipos” de seres humanos según las necesidades colectivas que decidiese un consejo de “sabios”. Es lo más parecido a una dictadura capitalista perfecta, donde la prosperidad económica ha eliminado cualquier necesidad de aspiración política mientras que la satisfacción material y el hedonismo moral parecen haber arrumbado nociones básicas acerca de la dignidad humana y los sentimientos morales fundamentales. Un mundo feliz es un lugar donde Shakespeare ha quedado tan obsoleto como los libros de autoayuda (no hay mal, lo primero, que bien no venga, lo segundo).

La ambigüedad entre la utopía y la distopía que sentimos ante Un mundo feliz viene dada porque el bienestar material nos tienta para que olvidemos la opresión política y la falta de autonomía de los individuos, que en lugar de ser ciudadanos con plenos derechos son meros siervos de una casta que los “diseña” a priori en un proceso de alienación tan invisible como efectivo. Sin embargo, cuando comparamos nuestra sociedad occidenta con Un mundo feliz no podemos por menos de sorprendernos de que hayamos alcanzado tal prosperidad económica al tiempo que ampliado las libertades políticas y profundizado en la participación democrática como nunca en la historia.

Prohibir los "vientres de alquiler", como hace la legislación española, no impide que se realicen sino que sólo los puedan realizar aquellos que cuentan con medios económicos para emigrar

En este contexto, en el que el desarrollo tecnológico se combina con la riqueza y la libertad, es en el que hay que entender la emergencia del proceso de la gestación subrogada o “vientres de alquiler”: la posibilidad de que una mujer “preste” su cuerpo para gestar al hijo de otras personas. Por supuesto, que la novedad tecnológica combinada con la libertad personal y el negocio económico suscita temores y rechazos entre diversos grupos por diferentes motivos ideológicos. Costa Rica, por ejemplo, ha prohibido la fecundación in vitro después de una fuerte campaña de la Iglesia Católica que se opone, en general, a cualquier “contaminación” tecnológica y capitalista del proceso de fecundación y nacimiento (aunque resulta tolerante con anticonceptivos como los preservativos o la anestesia en los partos). Más cerca de nosotros, el obispo de Córdoba tildó a la fecundación in vitro de “aquelarre químico”.

Sin embargo, lo que caracteriza a una sociedad abierta a fuer de libre es que, a diferencia de la sociedad cerrada a fuer de feliz temida por Huxley, los ciudadanos pueden tomar las decisiones que les incumben en plena autonomía, siempre y cuando no afecten negativamente a terceros (Juan Ramón Rallodefendió también este punto de vista liberal en estas páginas). En el caso de los “vientres de alquiler”, prohibirlos, como hace la legislación española, no impide que se realicen sino que sólo los puedan realizar aquellos que cuentan con medios económicos para emigrar. Así, del mismo modo que los pudientes costarricenses podrán venir a las clínicas españolas de fecundación in vitro, para ejercer una libertad que se les niega en su país de origen, Miguel Poveda, Ricky Martin, Miguel Bosé o Jaime Cantizano (por citar sólo a los famosos que lo han hecho público) han emigrado a EE.UU. para formar una familia que la moralista y paternalista legislación española les niega.

El término gestación subrogada parece una argucia para soslayar mediante un eufemismo las aristas economicistas que subyacen tras la expresión “vientre de alquiler”. Lo cierto es que no siempre tiene que haber un intercambio económico y que el útero puede ser “prestado” gratuitamente. Fue el caso de Tracey Thompson, la señora que gestó el hijo de su hija, dando lugar a la paradoja de ser su abuela y, en cierto grado, su madre. Incluso Sigmund Freud habría palidecido ante las consecuencias psicológicas que dicha “superposición de estados” podría ocasionar a los protagonistas. Aunque a la hora de la verdad no tiene porqué haber más problemas que los que de por sí vienen dados por la siempre problemática institución familiar. Que se lo digan a los Karamazov, a los Buddenbrook, a Lolita y Humbert Humbert. Viendo las fotografías posteriores al parto parecía más bien una comedia con final feliz de Frank Capra que una pesadilla gótica en plan La isla del doctor Moreau

A los conservadores les preocupa la novedad de los “vientres de alquiler” porque supone repensar el concepto de “maternidad” y de “familia”. Sin embargo, como defendió David Cameron en Gran Bretaña en el caso de la legalización del matrimonio gay. “Los conservadores creemos en los lazos que nos atan; que la sociedad es más fuerte cuando nos ofrecemos nuestros votos y nos apoyamos el uno al otro. Así que no apoyo el matrimonio gay pese a ser conservador. Apoyo el matrimonio gay por ser conservador".

Quizás en un futuro el obispo de Córdoba pueda formar una familia sin renunciar a su voto de celibato, haciendo uso tanto de la fecundación

in vitro como de la gestación subrogada

Mutatis mutandis nos sirve su argumentación en este caso para convencer a los conservadores. Considerando, además, que cualquier ayuda es poca a la hora de promover la natalidad en unas sociedades “avanzadas” progresiva y peligrosamente envejecidas. También se opone a la gestación subrogada el feminismo “de género”, en su caso porque desconfía de cualquier procedimiento que implique que las mujeres hagan algo con su cuerpo a cambio de dinero, ya que teme que las mujeres sean vistas como meros objetos de transacción económica. Pero ello les debería llevar a aprobar, al menos, la subrogación gratuita. De todos modos, un feminismo liberal, como el de Carmel Shalev, apoya cualquier tipo de “subrogación” ya que entiende que la capacidad de parir como un “poder de dar a luz”, en el que la mujer reproductora debería ser tratada como agente autónomo tanto en lo moral como en lo económico. Si se es “pro choice” a la hora de abortar también se debería ser “pro choice” a la hora de parir.

Quizás en un futuro, quién sabe, el obispo de Córdoba pueda formar una familia sin renunciar a su voto de celibato, haciendo uso tanto de la fecundación in vitro como de la posibilidad de la gestación subrogada. O las feministas de género ayudar de verdad a las mujeres que no puedan tener hijos ofreciéndoles vientres llenos en lugar de discursos vacíos. Y es que la combinación de tecnología, capitalismo y liberalismo, hace milagros, sin tener que renunciar ni a Shakespeare ni, ay, a los libros de autoayuda.


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