Entre Escila y Caribdis

Capitalistas que destruyen el capitalismo

Desde sus orígenes existe la intuición de que el capitalismo es intrínsecamente inestable, un sistema que no caerá por factores exógenos sino por su propia dinámica autodestructiva, en aras de su misma lógica suicida. En el Manifiesto Comunista, Karl Marx admiraba la capacidad del capitalismo para expandir exponencialmente la producción pero, al mismo tiempo, deploraba que este crecimiento fuese desequilibrado, desproporcionado, como si fuese más bien parecido a un caso de elefantiasis o cáncer, un tumor devorando el entorno y a los propios humanos para seguir creciendo hasta acabar como una estrella masiva, colapsando en un agujero negro. 

La gran apuesta, traducción de The Big Short, es un libro de Michael Lewis que ha dado lugar a la película homónima de Adam McCay.En un primer plano es una crónica del funcionamiento de los mercados de títulos hipotecarios en los EE.UU. a principios de siglo XXI, que llevó al colapso de instituciones financieras como Lehman Brothers y dio lugar a la última gran crisis sistémica del capitalismo. Pero también traza una panorámica del sistema económico de libre mercado como un todo, configurado como un sistema de “checks and balances” predispuesto hacia la corrupción y la crisis por una falta de ética capitalista de sus integrantes.

En 2005, en los EEUU, podías conseguir un préstamo de un millón de dólares pagando sólo 25 dólares al mes

En 2005, en los EEUU, podías conseguir un préstamo de un millón de dólares pagando sólo 25 dólares al mes. Quicken Loans ofrecía (¿regalaba?) una hipoteca de interés variable y solo intereses que daba a los prestatarios seis meses con cero pagos y un tipo de interés del 0,03%. Algo olía a podrido en el sistema económico norteamericano, pero casi todo el mundo prefería ponerse una pinza en la nariz para no darse por aludido del hedor a corrupción e idiocia. La gran apuesta no es una tragedia shakesperiana, llena de monólogos y sangre, sino más bien una comedia made inBilly Wilder, vitriólica a fuer de moralista.

Lewis configura su relato basándose en la creencia de que mientras haya una serie de hombres inteligentes y virtuosos que equilibren el reverso tenebroso del capitalismo (el de aquellos que no distinguen el beneficio legítimo del robo puro, duro y cínico), la máquina de creación de riqueza podrá estropearse pero no terminará de gripar del todo. Los “héroes” para Lewis no son comunistas indignados ni anarco-capitalistas utópicos sino inversores que combinan la audacia innovadora con una ética weberiana de compromiso con los valores superiores del sistema y de la comunidad de clientes a la que se deben. Inversores, que son capaces de analizar las empresas del sistema y descubrir cuáles de ellas tienen valor y las que son un fraude. Por el contrario, los “malvados” son los que, llevados por la estupidez y/o la codicia, son capaces de aprovecharse de los desfavorecidos del sistema, aquellos que no pueden tener la información relevante para tomar decisiones. Abusando, además, de su buena fe. Del mismo modo que Auschwitz en gran parte fue posible por el “mal banal” de los que se dejaron llevar por el rebaño, como denunció Hannah Arendt, también Wall Street aparece como un lugar en el que la maldad se filtra a través de la codicia y la ambición.

Al espectador completamente inexperto en temas financieros le recomiendo leer primero el libro, armado de lápiz para subrayar y tomar notas. Y, después de asimilar algunos conceptos claves (“ventas en corto”, “CSD” y “CDO”, “hipotecas subprime”), ver la película que por su propia naturaleza no permite hacer pausas para buscar información complementaria.

Grandes presencias actorales como Brad Pitt, Christian Bale, Ryan Gosling o, sobre todo, Steve Carell que interpreta al personaje paradigmático, Steve Eisman (en la película le han cambiado el nombre a Mark Baum), dotan a la película de la verosimilitud necesaria para darle cierto aire documental. En la secuencia clave de toda la película vemos a Carrell/Eisman/Baum de pequeño, en la sinagoga, donde el rabino explica a su madre que es un poco problemático en las clases del Talmud porque se dedica a buscar inconsistencias en la palabra de Dios. La madre, sin inmutarse, le pregunta muy interesada al sacerdote judío si, de hecho, las ha encontrado. Una anécdota muy parecida a cuando le preguntaron a Isidore Rabi, premio Nobel de Física, qué le había llevado ser científico, a lo que contestó que cuando iba al colegio escuchaba a las madres que iban a recoger a sus hijos preguntarles si habían aprendido algo en la escuela. Pero que su madre, sin embargo, le preguntaba a él: “Izzy, ¿hiciste una buena pregunta hoy?”

El mensaje de Lewis es que un capitalismo sin virtudes está abocado al desastre porque traslada todo el riesgo y el perjuicio a la clase media

Rabi se hizo científico para seguir haciendo buenas preguntas. Steve Eisman se dedicó a las finanzas para seguir buscando inconsistencias, esta vez en el sistema financiero. Le gustan los cómics y su favorito es Spiderman. Es decir, puede ser que se maneje en los límites del sistema pero no porque le atraiga el lado salvaje sino, como al lanzarredes, porque detesta la deshonestidad. El mensaje de Lewis es que un capitalismo sin virtudes está abocado al desastre porque traslada todo el riesgo y el perjuicio a la clase media, debido a la colusión de intereses entre las grandes empresas y el Estado. En el fondo, La gran apuesta es una reivindicación liberal contra cierto tipo de capitalismo, el “capitalismo de Estado”, en el que los lobbies han secuestrado la maquinaria estatal para ponerla al servicio de sus intereses espurios. Tipos como Eisman o Michael Burry (encarnado por Christian Bale, otro que como Carrell se merecería una nominación al Oscar por su gran interpretación), depuran las inconsistencias del sistema capitalista allí donde corporaciones como Merryl Lynch o Moody’s ahondan en las contradicciones del mismo.

El modelo de capitalismo sano en el libro es Warren Buffet, el inversor que se guía por la creación de valor real y no por especulaciones, información privilegiada y demás atajos del “capitalismo de amiguetes”. Del mismo modo que Carlos Slim representa el capitalismo mercantilista, basado en privilegios estatales, frente al capitalismo liberal de Amancio Ortega, que emerge exclusivamente de la libre competencia, Buffet es un adalid de la honestidad y el compromiso de las inversiones, esa mezcla de apuesta y conocimiento, en contraposición al capitalismo de casino, en la que el azar, la codicia y la superstición sustituyen al cálculo racional, la responsabilidad patrimonial y el beneficio legítimo.

La gran apuesta se suma al mosaico de películas que están cumpliendo la función del cine de explicar la realidad desde las imágenes

Adam McCay se esfuerza por explicar al espectador neófito algunas de las sutilezas financieras de un capitalismo cada vez más sintético, como la droga o los alimentos (dicho sea sin ánimo peyorativo), a través de metáforas relatadas por personajes famosos. Pero es inevitable que las hipotecas “basura” o los seguros contra el impago de las mismas resulten temas esotéricos y crípticos, sobre todo en un país como España en la que el analfabetismo financiero es tan acusado. Por el contrario, será mucho más digerible Spotlight, una película más plana y menos interesante, porque se centra en el escándalo de la pederastia dentro de la Iglesia católica norteamericana. Pero en su brillantez compositiva, sus diálogos incisivos y su brillante análisis del “zeitgeist” capitalista, La gran apuesta se suma al mosaico de películas, de Inside Job a Margin Call pasando por El siglo del individualismo (Adam Curtis), que están cumpliendo la función del cine de explicar la realidad desde las imágenes. Película de ideas y conceptual, comprometida y compleja, incorpora en su ADN esa “ejemplaridad pública” de la que habla el filósofo bilbaíno Javier Gomá. Por lo que debiera ser de visión obligada tanto en Davos como en Bilderberg. Y en todos los centros educativos del país: por una Educación Financiera, Ética y Cinematográfica de la Ciudadanía.


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