En el límite

El Ibex pide un "gobierno estable"

El fracaso de los intentos para formar gobierno ha impulsado a los grandes empresarios a mover ficha, a manifestarse a favor de acuerdos post electorales a partir de julio. El Ibex, y las asociaciones empresariales, animan a los políticos a apartar sus diferencias, a constituir lo que ellos llaman "un gobierno estable". Y lo justifican con un estribillo que, por repetido hasta la nausea, resulta muy familiar: "la incertidumbre es nefasta para los negocios". La música es pegadiza, cierto, pero... la letra menos comprensible si se presta cierta atención. Es explicable que las empresas experimenten preocupación por la incertidumbre económica. Pero, ¿por qué tanta molestia por la interinidad del gobierno?

Al contrario, un gobierno en funciones es menos proclive a modificar las reglas del juego. En un sistema sano, no corrompido, cada parte se ocuparía de lo suyo: unos a gobernar; otros a producir, a innovar. Desgraciadamente, en España no es así. No existe frontera nítida entre lo público y lo privado: el marco institucional los mezcla, los agita y los revuelve en desordenada promiscuidad.

Las empresas dedican demasiados recursos y esfuerzos a agradar a los políticos, a comprar favores, descuidando la satisfacción de sus clientes

El marco económico raramente se rige por la competencia. Hay bajo la mesa demasiados acuerdos entre grandes corporaciones y el poder político, siempre en beneficio mutuo. Un intenso intercambio de favores que incluye legislación favorable para  garantizar pingües beneficios para los aliados. Un capitalismo de amigotes que reparte sus ganancias con los gobernantes por muy diversas vías: comisiones, regalos, condonaciones de créditos o puertas giratorias, puestos en el consejo de administración para ex gobernantes como pago por favores pasados.

El sistema no sólo despluma a consumidores y contribuyentes; también menoscaba la eficiencia y el bienestar pues las empresas dedican demasiados recursos y esfuerzos a agradar a los políticos, a comprar favores, descuidando la satisfacción de sus clientes, el desarrollo tecnológico y la creación de empleo. Se explican así décadas de adulación, de peloteo hacia los dirigentes políticos, por muy zoquetes que fueran. Los famosos halagos que Emilio Botín dedicó a José Luis Rodríguez Zapatero pasarán a la más exigente antología del disparate.

¿Quién diablos reparte ahora las prebendas?

Al Ibex y a las asociaciones empresariales les preocupa menos el color del gobierno que su duración. Necesitan saber de una vez quiénes serán sus interlocutores, quién diablos repartirá los favores y a quien hay que pagar. Siempre pueden llegar a acuerdos ventajosos con un nuevo ejecutivo, casi con independencia de su etiqueta. Pero cambios de gobierno demasiado frecuentes obligan a una constante renegociación de las cláusulas, añadiendo notables costes e incertidumbres. Este es precisamente el peligro que imponen los sistemas de acceso restringido: como el éxito no depende de la calidad, del mérito o el esfuerzo, cualquier modificación en el equilibrio de poder trastoca la posición de cada uno. Y una simple línea torcida en el BOE puede convertir grandes empresas, aparentemente sólidas y prometedoras, en candidatas a la quiebra. Por eso, para el Ibex y las asociaciones de empresarios, es fundamental la estabilidad de los gobiernos.

Los grandes magnates también han apuntado su preferencia por una coalición entre PP, PSOE y C's  

Ahora bien, los grandes magnates también han apuntado su preferencia por una coalición entre PP, PSOE y C's, una fórmula que excluya el populismo de Podemos. No porque crean que este partido no es bizcochable, seguro que lo es en la misma medida que el resto, o porque teman que pueda cambiar el sistema, algo descartado pues la política de Podemos consiste en profundizar todavía más en el clientelismo, elemento consustancial al régimen del 78. Temen, quizá, que este partido pudiera beneficiar a otros grupos empresariales distintos y, además, que sus políticas puedan dañar la actividad económica.

Sin embargo, no resulta muy oportuna ni creíble esta velada crítica si antes entonar el mea culpa. Fueron precisamente los grandes empresarios quienes contribuyeron, codo a codo con los políticos, a crear el caldo de cultivo idóneo para el arraigo del ahora denostado populismo. Y  quienes, con su ramplón inmovilismo, siguen soplando fuertemente sus velas, cediéndoles el monopolio de la crítica y del supuesto cambio...aunque este no consista más que en una profundización en los errores de siempre.

Décadas abonando el terreno para el populismo

El populismo se difunde con facilidad en una España harta de privilegios, de corrupción, huérfana de reglas claras, alejada de la igualdad ante la ley, acostumbrada a apaños y componendas en las alturas. Donde las grandes corporaciones gastaron dinerales en paquetes publicitarios para controlar la información sensible, generando una prensa absorta en la autocensura, temerosa de los tabúes, sumisa al poder. El populismo encuentra un ambiente favorable allí donde los gobernantes recurrieron al paternalismo, inflaron supuestos derechos sin mencionar los correspondientes deberes, fomentaron el infantilismo, el miedo a la libertad. Echa sus raíces donde los políticos diluyeron la responsabilidad individual para crear masas, rebaños; no ciudadanos. En lugares donde el trato recibido no depende de la valía, o el esfuerzo, sino del grupo al que se pertenezca. El populismo no es más que la consumación, el perfeccionamiento, la fase final del Régimen del 78.

Ya que se dignan a bajar a la arena, las grandes figuras empresariales deberían acabar de arremangarse, meterse de lleno en el fango

Ya que se dignan a bajar a la arena, las grandes figuras empresariales deberían acabar de arremangarse, meterse de lleno en el fango. Ser conscientes de que no sólo responden ante sus accionistas: como parte de la élite dirigente mantienen una importante responsabilidad con la sociedad. No es suficiente pedir un gobierno estable: el verdadero servicio a los ciudadanos sería abogar por una profunda reforma política, apoyados en su enorme poder mediático. Una reforma dirigida a instaurar instituciones neutrales, independientes, contrapesos, mecanismos eficaces de control del poder, sistemas de representación directa y adecuados métodos de selección de los gobernantes. Unas transformaciones profundas que retiren barreras y favorezcan una prensa independiente, libre de la coacción de gobiernos y grandes anunciantes.

Ánimo, señores, un poco de arrojo, valentía y pundonor. Porque, para limitarse a recomendar un pacto del que salga un nuevo interlocutor con quien retomar el intercambio de favores... mejor es seguir calladitos, sin bajar de la nube.


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