El Liberal - Política

Los hospitales ya se ven obligados a elegir a qué pacientes salvar del coronavirus

Salut conmina a volver a su puesto de trabajo al personal sanitario que ha estado recluido en casa de forma preventiva sin hacerles el test del COVID-19

Imagen de archivo de un quirófano vacío
Imagen de archivo de un quirófano vacío

El momento crítico al que tanto temían los médicos y los equipos de enfermería cuando se declaró la pandemia por el coronavirus ya ha llegado a los hospitales españoles. Como en una despiadada e irreversible lista de Schindler, porque saben que condenan a la muerte a quienes no estén incluidos en ella, los facultativos están teniendo ya que elegir a qué pacientes salvan y a qué pacientes dejan morir porque materialmente es imposible salvars a todo el mundo. “No hay respiradores para todos, no hay camas para todos. No hay suficiente personal. No hay de nada”, solloza una doctora, responsable médica de una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).  

Los sanitarios que están teniendo que enfrentarse a esta durísima y crítica situación coinciden en lamentar que “es absolutamente dramático, es de una brutalidad humanamente muy difícil de describir y de asimilar”. El patrón generalizado que están teniendo que aplicar para seleccionar a los pacientes es su esperanza de vida, o lo que es lo mismo: sus antecedentes médicos y, sobre todo, su edad. “Si faltan respiradores para personas de menos de 65 años tenemos que liberarlos y colocárselos”, retirándoselos a los más ancianos, explican. Lo que significa que un paciente de más de 65 años es condenado irremediablemente a morir. si llega uno más joven “Luego llegas a casa y te hinchas a llorar y gritas, pero cuando tienes que tomar la decisión, tienes que tomarla, porque sabes que no puedes salvarlos a todos. Y, por desgracia, tienes que elegir”.

Los elegidos, consiguen ser intubados. Los desahuciados son sedados para que no sientan nada y, de la mano del personal sanitario -porque los familiares no pueden estar presentes- , son acompañados a una sala donde se les “ayuda a morir y se está a su lado hasta el final”, describe con horror una doctora. “Tenemos que dejar morir a mucha gente, es insoportable, intolerable. Demencial…”, rompe a llorar la galena.

"Necesitamos ayuda para contener el virus"

Pero ni siquiera tomar la decisión de una muerte anunciada y sentenciada les permite detenerse. Los sanitarios eliminan el triste momento de la cabeza y siguen a lo suyo, a intentar salvar otra vida. Aunque solo sea para compensar. “Es una brutalidad el cupo de pacientes que hay por cada médico y por cada enfermera, no hay espacio, no hay recursos, Así no se va a poder frenar y contener el virus. Necesitamos ayuda”, despsra. Otro médico le apunta con crudeza: “Cómo le va a importar a Pedro Sánchez el futuro de los autónomos si ya ahora le importan una mierda las vidas del personal sanitario de todo el país”.

Ante la catástrofe, la Sociedad Española de Medicina Intensiva ha redactado un protocolo de recomendaciones éticas en el que pide a los médicos que prioricen "a las personas más jóvenes y con más posibilidades de sobrevivir”.

Los profesionales de la salud al cargo de las UCI no se están del todo solos a la hora de tomar tan terrible decisión. La Sociedad Española de Medicina Intensiva (Semicyuc) ya ha redactado un manual de instrucciones para lo que definen como “medicina de catástrofe”. El protocolo de recomendaciones éticas (que cuenta con el aval de la Sociedad Española de Medicina Interna) está destinado a los médicos que deben enfrentarse a situaciones límite y les pide, directamente, “que reserven el máximo esfuerzo terapéutico para las personas más jóvenes y con más posibilidades de sobrevivir”.

Entre los criterios para seleccionar a quién debe vivir priman el valor social del enfermo, su estado mental y sus posibilidades de curación, “Ante dos enfermos similares, se debe priorizar a la persona con más potencial de esperanza y calidad de vida”, aconseja el protocolo de la Semicyuc. También se hará un triaje por la edad y las enfermedades asociadas, lo que desaconseja completamente intubar a los mayores de 80 años,.A estos,  preferiblemente y en caso de que no haya más remedio, habrá que conectarlos a una máquina de respiración artificial y cuando se decida la limitación de cuidados se aliviará su sufrimiento, «incluyendo la sedación paliativa” hasta que fallezca. Tampoco se priorizará a enfermos de edad avanzada con “deterioro cognitivo, por demencia u otras enfermedades degenerativas”, como por ejemplo el Alzheimer.

Pero la decisión final siempre estará, como una espada de Democles, sobre la cabeza del médico intensivista, que será quien haga prevalecer su criterio en función de cada paciente y de cada momento, por encima incluso de cualquier protocolo. “Cuando has de elegir entre personas con más o con menos de 65 años de poco te valen las recomendaciones, porque lo que te gustaría es no tener que tomar la decisión”, reconoce un especialista,

De vuelta al trabajo sin hacerse la prueba

Pero no hay más cera que la que arde. La falta de previsión de las autoridades ante lo que podía pasar y la virulencia del COVID-19 han puesto el resto. La situación es tan dramática que los sanitarios que enfermaron en los primeros días de la pandemia, y ya se encuentran mejor, han sido conminados a regresar a sus puestos de trabajo en ambulatorios y hospitales.

Pero lo más atroz es que la Conselleria de Salut ha dictaminado que a estos profesionales que vuelven de pasar unos días de confinamiento (mínimo cuatro)  no se les haga la prueba del coronavirus para saber si están limpios del virus o siguen siguiendo un foco de contagio con piernas. No hay ni un solo test para ellos. Ni siquiera se les garantizan una mascarilla, se tienen que buscar una y esconderla, guardarla bajo llave. “Mi jefa me ha dicho que me ponga una mascarilla quirúrgica (que no evita ser contagiado) para no infectar a los usuarios y me ha mandado a pasar consulta. No importa si tengo el virus o no”, denuncia una enfermera de un concurrido Centro de Atención Primaria (CAP) barcelonés, que está a rebosar de pacientes haciendo cola. Y ella cree que es muy probable que todavía esté infectada. “No pasa nada, volveré a enfermar, me pondré bien y volveré aquí. Es mi trabajo, es lo que debo hacer”, asume con vocación y profesionalidad.

No debemos dejar de tratar a pacientes con patologías urgentes como el infarto y otras afecciones cardíacas. Es algo que sabemos tratar y que tiene una mortalidad mucho mayor que el COVID-19”, advierte la Sociedad Española de Cardiología

El despunte de las muertes por coronavirus y el hecho que acaparen la práctica totalidad de los recursos disponibles está alertando a la comunidad médica. Desde la Sociedad Española de Cardiología (SEC), se están lanzando mensajes de alarma. “No debemos dejar de tratar a pacientes con patologías urgentes como el infarto y otras afecciones cardíacas. Es algo que sabemos tratar y que tiene una mortalidad mucho mayor que el COVID-19”, advierte un portavoz del SEC. Y hace a la vez un llamamiento al comité de crisis y a las autoridades sanitarias: “Por favor. Pedimos a quienes distribuyen los recursos, que necesitamos mantener un mínimo de actividad para no perder más pacientes por otras afecciones que nada tienen que ver con el coronavirus, pero que también matan”. Malos tiempos para la medicina.



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