El Liberal - Política

Cataluña, del Tsunami Democràtic y las barricadas a la calma chicha

La respuesta sentencia a los líderes del procés era temida por muchos dentro y fuera de Cataluña. De la violencia extrema del 14-O se ha pasado a cortar únicamente Meridiana

Las imágenes de la violencia extrema por tercera noche consecutiva
Las imágenes de la violencia extrema por tercera noche consecutiva Álvaro Medina

Barcelona, sábado 16 de noviembre, 18.00 horas. Plaza Cataluña es un bullir constante de gente. Residentes y turistas comparten espacio, comercios, hoteles o restaurantes. Nadie diría que la capital catalana ha sido escenario en las últimas semanas de graves altercados en respuesta a la sentencia contra los golpistas del 1-O.

Los radicales independentistas han incendiado calles, reventado contenedores, alterado la paz social día tras día durante semanas. Este sábado, la calma es la seña de identidad, a pesar de que en la cercana Plaza de la Universidad decenas de independentistas llevan acampados casi 20 días en protesta por la sentencia.

La publicación de las condenas a los líderes del procés era temida por muchos dentro y fuera de Cataluña. Los anuncios de acciones de protesta masivas y violentas llevaban días produciéndose. No era difícil saber que habría altercados. La pregunta era cuál sería su calibre. Y, sobre todo, cuánto durarían.

Un mes y dos días después de la publicación de la sentencia que ha condenado a prisión a líderes como Oriol Junqueras, Joaquim Forn o Jordi Cuixart, la movilización violenta de las primeras semanas se ha ido apagando y esta última semana la realidad es que ha sido más el ruido que hacen los radicales independentistas en las redes sociales que las molestias que provocan con sus acciones.

Así se pudo constatar este mismo sábado, cuando menos de un centenar de CDR intentó bloquear la estación de Sants, el centro neurálgico del AVE en Cataluña. A los Mossos no les costó apenas un par de horas desalojar el hall de la estación y el tráfico de trenes no se vio en ningún momento interrumpido o retrasado. La convocatoria de los CDR tenía como objetivo el bloqueo total de Cataluña a través de sus redes ferroviarias. El resultado ha sido un contundente fracaso.

El día de la sentencia y la toma del aeropuerto

Nada que ver con lo que sucedió cuando, el lunes 14 de octubre, el Tribunal Supremo dio a conocer las condenas a los líderes de la independencia catalana. Movilizados por la entidad anónima Tsunami Democràtic, cientos de radicales se dirigieron al Aeropuerto del Prat con la intención de interrumpir el tráfico aéreo en el segundo aeródromo de España y uno de los más importantes de Europa. La acción conjunta de los Mossos y del Cuerpo Nacional de Policía impidió que la cosa pasara a mayores, a pesar de que los independentistas llegaron a comprar pasajes aéreos que les permitieran entrar hasta las salas de embarque para bloquearlas.

La irrupción de Tsunami Democràtic como entidad convocante de movilizaciones supuestamente masivas hizo pensar en que, en algún momento, hasta el presidente Quim Torra pudiera atreverse a reactivar la declaración unilateral de independencia que, durante ocho segundos, mantuvo el ex presidente Carles Puigdemont en octubre de 2017. Sobre todo cuando Barcelona se convirtió, días más tarde, en escenario de algaradas protagonizadas por ultras independentistas que no dudaron en levantar barricadas, encender hogueras o levantar el asfalto en las calles más emblemáticas y en las vías más estratégicas de la ciudad.

Pinchazos de la ANC

Tras el pinchazo del segundo aniversario del 1-O, las marchas del 18 de octubre convocadas por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural fueron masivas. Coincidieron, además, con la huelga general ilegal convocada por la Intersindical-CSC y la Intersindical Alternativa de Cataluña (IAC). Ambas acciones concluirían con una gran manifestación en Barcelona. Asistieron 525.000 personas. Nada que ver con los, por ejemplo, 1,8 millones de asistentes a la Diada de 2014.

El 26 de octubre se celebra una nueva manifestación convocada por ANC y Òmnium Cutural contra la sentencia del procés. La asistencia baja entonces hasta los 350.000 manifestantes. Paralelamente, disminuyen los altercados promovidos por Tsunami Democràtic y los CDR. La entidad anónima empieza a verse acosada y los CDR tienen ya a varios de sus miembros en prisión preventiva por presuntos delitos de terrorismo. La Audiencia Nacional empieza a investigar la posible relación entre ambos grupos y una posible "dirección política".

Fracaso en las dos oleadas

Tsunami Democràtic concluye su "primera oleada" de acciones de protesta contra la sentencia entre a principios de esta semana. Logra bloquear, junto a los CDR, la Junquera durante 30 horas. La intervención de la Gendarmería francesa logra desbloquear la situación, que se salda con la detención de 19 radicales. La entidad independentista anónima anuncia que su próxima acción será ya en diciembre, con vistas a la celebración del clásico en el Camp Nou.

Los CDR, por su parte, intentan tomar el testigo de Tsunami Democràtic entre el miércoles y el viernes. Convocan a sus seguidores a seguir "presionando" sobre la AP-7. La intentona es abortada por los Mossos, que identifican a una treintena de radicales en un hipódromo abandonado del Alt Empordà. Tras el fracaso, llaman al "bloqueo total" de Cataluña a través de sus redes ferroviarias. Convocan a sus simpatizantes en 9 estaciones de Rodalies. Solo logran protagonizar algún conato de sentada en la de Sants. Una vez más, los Mossos, con el apoyo del Cuerpo Nacional de Policía, logran desalojar la estación poco después, sin mayores problemas.

Un vistazo a las redes sociales de los radicales independentistas ofrece, sin embargo, una visión que poco o nada tiene que ver con la realidad. Es cierto que hay grupos manifestándose a diario, como el de Meridiana Resisteix o los de la Acampada Universidad, pero también lo es que no suman más de 200 personas entre ambos y que sus acciones, si bien provocan molestias, no tienen nada que ver lo sucedido a mediados del mes de octubre.

Resulta difícil saber qué pasará a partir de ahora pero todo indica que, salvo que el Govern de Torra pretenda volver a desafiar al Estado, las movilizaciones independentistas masivas y violentas puede que hayan tocado ya a su fin.



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