El Liberal - Política

Carles Castro: “El catalanismo moderado necesita unidad y un liderazgo claro y con carisma”

"En el marco del relato nacionalista, los demócratas, los progresistas, son los que quieren la independencia de Cataluña, mientras que los fachas, los carcas, son todos los que se oponen a este punto de vista"

Carles Castro
Carles Castro

Carles Castro (Barcelona, 1955), es  redactor-analista electoral de La Vanguardia y autor del libro Cómo derrotar al independentismo en las urnas( ED LIBROS) que completa una serie de obras en las que despieza el comportamiento electoral de los españoles durante los últimos 30 años. Relato electoral de España: claves de la alternancia de poder durante tres décadas y Retrato electoral de Cataluña: claves para comprender tres décadas de elecciones catalanas son sus referencias anteriores. Éstas se suman a El poder catalán en su laberinto, título que permite al lector comprender cómo los catalanes abandonaron su particular oasis para emprender una travesía política hacia un destino incierto. 

¿Cuál es la tesis central de su libro 'Cómo derrotar al independentismo en las urnas'?

La hipótesis de esa derrota se basa en el hecho de que la mayoría independentista es mucho más frágil de lo que aparenta o de lo que dan a entender los números de  las distintas contiendas electorales. Las encuestas nos revelan, además, que hay un segmento importante de voto independentista sobrevenido. Estamos hablando de unos 300.000 o 400.000 electores que coinciden con lo que las encuestas detectan como independentistas tácticos, es decir, personas que no son independentistas, que no creen siquiera en la posibilidad de la independencia y ni tan solo la desean, porque tampoco la ven como una opción tan idílica como la pintan los seguidores más fanáticos. Pero han votado eso fruto de una situación de gran polarización y gran tensión identitaria. Ese voto no está consolidado y puede variar si existe otro tipo de oferta más cercana a sus posicionamientos más matizados.

A día de hoy parece que una confluencia de los diferentes grupos  que se reclaman del catalanismo moderado, es difícil. El soberanismo parece una diferencia insalvable entre ello ¿Cómo ves esta posible confluencia?

Es un espacio político muy fragmentado, lo que sin duda es un hándicap. De todas formas, la mayor dificultad es la falta de un liderazgo claro, de un candidato carismático que pueda unificar las diversas familias que componen ese espacio. Por otra parte, también sería necesario un programa común con contenidos que puedan responder a los retos del país. Un programa de mejora del autogobierno,  pero también que afronte los retos de la cohesión del país, y que ofrezca un modelo de catalanismo que pueda integrar, que pueda recuperar a esas personas que, como consecuencia del procés y la DUI, se asustaron literalmente de la deriva catalana y se fueron a posiciones muy antagónicas de lo que había sido el consenso catalanista.

Es verdad que ha habido un cambio cuando se pregunta a la gente sobre su sentimiento identitario, en el sentido de que más personas se declaran exclusivamente catalanas. Pero cuando miramos la evolución electoral de los comicios desde 1980, vemos que los antecedentes de lo que ahora es el independentismo ya tenían mayorías absolutas muy amplias con un solo partido. ¿Ha cambiado la sociedad o, al transformarse o modificarse el discurso de los líderes, los han seguido votando los de siempre aunque con una autodefinición distinta?

Primero, las mayorías absolutas nacionalistas a nivel parlamentario, sobre todo en la etapa más reciente, han sido consecuencia de un sistema electoral que beneficia al voto nacionalista, que está sobrerrepresentado, y que penaliza al voto de otro signo, ubicado sobre todo en zonas litorales que son las que están más infrarrepresentadas desde el punto de vista de la adjudicación de diputados. Por lo tanto, hemos vivido una cierta situación artificial en lo que se refiere a la mayoría nacionalista.

Todo el que vota independentista, y que si viviera en Madrid podría votar incluso al PP o a Vox, se considera que está en posiciones de izquierda

Es verdad que Pujol, cuando monopolizaba el discurso nacionalista, obtuvo en tres elecciones en torno al 45% de los votos. Si a ello añadimos el  6, o 7% de votos de Esquerra en aquel momento, el nacionalismo  superaba de largo el 50% de los votos. Lo que ocurre es que CiU tenia mucho voto útil de centro derecha no nacionalista. Es decir, había mucha gente que votaba al PP en las generales, y algunos al PSC,  mientras que lo hacía a CiU en las autonómicas, por una sintonía de tipo ideológico y político, y la prueba de ello es que Convergencia, aunque era un partido bisagra en el Congreso de los Diputados, en el Parlament  si se tenía que apoyar en alguien, se apoyaba sobre todo en el PPC. El fiasco del Estatut y las campañas tan desafortunadas que se llevaron en el resto de España por parte de algunas fuerzas cuyascríticas al Estatut se formularon en unos términos que para muchos catalanes no eran comprensibles desde el punto de vista identitario, provocan que comience  a surgir el deseo de más autogobierno o mejor autogobierno, como indican algunas encuestas. Eso cristaliza entre 2010 y 2012 con la llegada, además, de la crisis, que tiene un efecto catalizador del malestar. En ese momento se produce la depuración del contingente del voto nacionalista. Se separa de ese bloque el votante de centro y centro derecha, que se va a otras formaciones o queda huérfano, y el espacio nacionalista sufre una mutación y se transforma en independentismo, con el agregado de que mucha gente sublima su identidad catalanista e identifica táctica o estratégicamente el nacionalismo como independentismo. Así nos encontramos con el porcentaje del 47 o 48% que se declaran independentistas y que votan a partidos independentistas, y en este cambio hay también el factor del relevo generacional. Más del 50% del censo se ha renovado desde los años 80, por lo que la gente que vivió la transición, la posguerra o el franquismo y que iban dotados de una cierta prudencia política a la vista de lo que había sido este país, han sido relevados por otros electores que no tienen este chip de cautela política y que se lanzan más alegremente a aventuras  políticas y estratégicas mucho más arriesgadas.

Portada del libro Cómo derrotar al independentismo en las urnas
Portada del libro Cómo derrotar al independentismo en las urnas ED Libros

¿Cree que Artur Mas, cuando decide convertirse en el gran  timonel y abrazar el independentismo, lo hace por  la sentencia del Estatut, producida dos años antes, o lo hace por la crisis económica, después de incidentes en el Parlament y de encuestas que no le son favorables?

Sí, es cierto. Realmente el papel de la dirigencia nacionalista en la mutación hacia el independentismo es indiscutible. Pero también es verdad que hay un malestar en la sociedad. Hay una deriva hacia la radicalización nacionalista, aunque es evidente que  la dirección que marca la dirigencia nacionalista influye mucho, arrastra a un contingente importante de votantes hasta una posición que hasta entonces era muy latente. Artur Mas en el 2012 se convierte en el Moisés del independentismo después de haber estado gobernando desde 2010 con el apoyo casi exclusivo del PP en el Parlament y haber sufrido las consecuencias de aplicar unos recortes que han sido los más severos de toda España con excepción de los de Castilla La Mancha, de la marca Cospedal. Creo que en el 2012 Artur Mas se encuentra en una disyuntiva que no resuelve desde el punto de vista del  estadista sino desde el oportunismo político. El hecho de que tenga que entrar en el Parlament con helicóptero ya es un hecho bastante significativo de esa situación de desgaste y protesta social. A ello se suma  un crecimiento del sentimiento nacionalista  que puede beneficiar a su competidor más directo, que es ERC. Mas viaja a Madrid para conseguir el pacto fiscal con Rajoy, que tampoco tiene mucho margen porque está en plena eclosión de la crisis. Y cuando Rajoy le da la negativa al pacto fiscal, en vez de hacer una reflexión seria sobre la situación y sobre la correlación de fuerzas que exigiría una hipotética secesión, lo que piensa es que si él no lidera a la masa independentista, lo hará su competidor de ERC. En consecuencia, Mas aprovecha la coyuntura para convocar unas elecciones anticipadas y se presenta como el gran timonel que llevará a los catalanes a Ítaca, un lugar que él sabe que no existe pero que, tal como está la gente de irritada o de angustiada, lo puede prometer. Por eso se embarca en esa historia, que es una maniobra egoísta porque las encuestas le dan mayoría absoluta y sueña con poder gobernar sin ataduras ni controles… Y entonces se produce el segundo gran error de Mas, que es, sobre todo, un tecnócrata con discutible fama de eficaz pero con poco sentido de estado. Convoca unas elecciones anticipadas porque cree que tendrá mayoría absoluta y, en lugar de ver que esto se le va de las manos y que debería redirigir la estrategia hacia una posición que permita un avance más pragmático del autogobierno, se entrega a una política de añadir más leña al fuego, que es lo que le pide una parte de la sociedad y que podría haber sido la estrategia de ERC. Y de ese modo arrastra a todo un electorado que hasta muy poco antes, en las encuestas de preferencias territoriales favorables a la independencia, igual alcanzaba a un 40% de sus votantes. Con este paso pierde electores moderados, pero también reconvierte a muchos votantes que hasta aquel momento eran sentimentalmente catalanistas, pero no secesionistas.

En su discurso parece que equipara a centro derecha con votantes exclusivamente del PP. ¿No crees que el centro derecha en Cataluña es mayoritariamente votante de partidos nacionalistas?

Sí.  Pujol tuvo muchos votantes de  centro y derecha. Pero no sólo nacionalistas, sino de personas que podían votar PP en las generales e incluso al PSOE.

Desde entonces se han producido  cambios reales y cambios aparentes. Entre los cambios aparentes esta el hecho de que los votantes de JxCat son en buena parte herederos o incluso los mismos que votaban a Pujol cuando pactaba con el PP. Ahí no hay variación ideológica. Es clase media y media alta, con 8 apellidos catalanes y con el catalán como primera lengua. Es la confrontación territorial con el resto de España, sobre todo cuando estaba personificada por el PP en el gobierno, lo que comporta un falseamiento de la propia identidad ideológica. En las encuestas, los votantes de JxCat se posicionan tan a la izquierda como los votantes del PSC. ¿Cómo es posible? Pues porque en el marco del relato nacionalista, los demócratas, los progresistas, son los que quieren la independencia de Cataluña, mientras que los fachas, los carcas, son todos los que se oponen a este punto de vista. Como consecuencia de esa percepción, todo el que vota independentista, y que si viviera en Madrid podría votar incluso al PP o a Vox, se considera que está en posiciones de izquierda.  Por eso, en las encuestas se da ese falseamiento en la posición ideológica del electorado que JxCat , y en una parte  de ERC o incluso de la CUP.  Lo cierto es que, viendo los resultados de la CUP en según qué barrios de clase media alta donde no hay clase obrera y mucho menos pobres, has de interpretar que ese es un voto de clase media radical.

En las encuestas, los votantes de JxCat se posicionan tan a la izquierda como los votantes del PSC. ¿Cómo es posible?

¿Que esperas de las próximas autonómicas? ¿Cómo va a evolucionar la mesa de diálogo?

La gran tragedia electoral de este país en las autonómicas es que hay un importante sector del electorado que las considera unas elecciones de segundo orden y, además, perdidas. Y Con razón, porque el sistema electoral favorece el voto nacionalista. Estos catalanes  sólo van a votar cuando le ven las orejas al lobo, como en 2017. Y aunque este colectivo gana, y gana sobradamente en número de votos,  el resultado no se traduce en una mayoría parlamentaria. Y eso genera un cansancio, que cuando la situación no es tan dramática,  puede  llevar a estas personas a quedarse en casa, y eso me temo que es lo que ocurra en las próximas elecciones. La división del espacio independentista unilateral puede producir una caída de los nacionalistas y sería un elemento esperanzador para el cambio. Pero me temo que del otro lado se produzca una desmovilización en mayor grado y  que, por lo tanto, el independentismo vuelva a tener mayoría en el Parlament. El independentismo, si no se resuelve la pugna entre ERC y JXCAT, seguirá en posiciones maximalistas. Por eso, y salvo que se produzca un retroceso significativo de los partidos independentistas, veo muy difícil que se pueda avanzar en la mesa de diálogo hacia posiciones realistas y lo más probable es que se atasque en esta utilización táctica que hacen Torra, Puigdemont y compañía, exigiendo recuperar  pantallas que están aniquiladas, como la amnistía y la autodeterminación. Y ello a pesar de que Puigdemont está al final de la escapada y sabe que no será ni Maciá ni Tarradellas. Pero confía en el componente emocional para revertir el liderazgo que dan las encuestas a ERC.



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