El Liberal - Economía

Expertos en Economía de la Salud: “Hay que volver al trabajo”

El freno a la actividad económica es necesario en el momento álgido de la epidemia, pero no puede ser indefinido ni alargarse hasta la erradicación del virus

Un hombre lee durante el confinamiento por el coronavirus, en Sevilla.
Un hombre lee durante el confinamiento por el coronavirus, en Sevilla. Eduardo Briones / EP

El freno a la actividad económica es necesario en el momento álgido de la epidemia, pero no puede ser indefinido ni alargarse hasta la erradicación del virus. “En la salida de esta crisis viral deben atenderse tanto las vidas amenazadas ahora por la epidemia, como las que lo serán a medio-largo plazo, tanto por desatender las otras causas de muerte como por desatender excesivamente los medios de vida”, es la concluyente afirmación de “La salida: Retomar el trabajo”, un informe de Beatriz González López-Valcárcel, Ildefonso Hernández, Pere Ibern, Ricard Meneu, Vicente Ortún, Salvador Peiró, de fecha 7 de abril,

Más endeudamiento y más impuestos

Las consecuencias de la inactividad son previsibles: “un año sin turismo es una reducción del 15% del PIB (del 50% en Canarias), y un trimestre a un 40% de actividad supone una reducción del PIB anual del 10%”. Los gobiernos han de tener siempre en cuenta que el remedio no puede ser peor que la enfermedad, y por consiguiente “tratar de establecer las medidas óptimas de restricción de actividades a los ciudadanos, trabajadores y empresas, que deberían ser graduales y en función de la dinámica de la epidemia”. Sin desatender nunca la perspectiva global, ya que “no es sensato abrir la actividad económica en un país sin contar con la epidemia en los demás países” ni las consecuencias de la mobilidad de las personas; ponen como ejemplo que “aquí recibiremos en breve pateras con posibles infectados”.

La crisis actual, mayor que la de 2008, comportará un crecimiento del gasto público, que se financiará con más endeudamiento y, siendo éste insuficiente incluso en las mejores condiciones posibles, con un aumento de los ingresos públicos, es decir: más impuestos. No habrá más remedio que acudir a ello, dada la necesidad de atender a la población en paro y a las empresas arruinadas. Y se tendrá que hacer con medios propios: “Asumamos que la Unión Europea creará algún fondo de solidaridad con los países más afectados, pero descartemos obligaciones mancomunadas (coronabonos europeos)” y tengamos presente que no cabe esperar que el endeudamiento español sea absorbido por el Banco Central Europeo, entre otras cosas porque lo prohíben sus estatutos.

Reorganizar el sistema de salud

La salida de la crisis, según los autores de este estudio, empieza por la sanidad. En “los próximos meses, tal vez incluso años”, la prioridad será enfrentarse al Covid-19: “Hay que aumentar estructuralmente los recursos específicos —respiradores, camas de UCI, pero también profesionales sanitarios preparados”—. Harán falta “estudios específicos para cuantificar los aumentos necesarios en cada comunidad autónoma y área de salud”. Y habrá que “tener planes de contingencia preparados (“gestión de catástrofes”) que incluyan gestión de stocks, canales seguros de suministro de equipos de protección individual (EPIs), test, ventiladores y determinados medicamentos”.

El sistema de salud deberá reorganizarse atendiendo a la necesaria protección de profesionales y pacientes, evitando “cualquier aglomeración en los distintos niveles de atención” y “la coexistencia en los mismos lugares de pacientes con riesgo de Covid-19 con otras personas”, y aumentando “la capacidad de respuesta del sistema ante probables nuevas oleadas de la enfermedad”.

Aumentarán los controles para conocer el estado de los trabajadores de la sanidad, y poder organizarlos “de forma que no se contagien y que no contagien a sus pacientes o a las personas que cuidan”, y ello a pesar de las incertidumbres que aún existen sobre los métodos de detección. Por otro lado, la atención sanitaria deberá ser diferente: “Se trata de evitar que los pacientes con posible infección por SARS-CoV-2 vayan a los Centros de Salud o a Urgencias”. Se impone la teleasistencia, el diagnóstico rápido en domicilio, y la estricta separación de espacios entre pacientes, tanto en hospitales como en residencias de ancianos.

En cuanto a la atención primaria, afirman que “hay margen para espaciar las consultas y usar la teleasistencia asociada a la historia clínica”; ponen el ejemplo de los controles de hipertensión, que suponen el 10% de las visitas, “casi un millón de visitas al día”, algo que “en muchos casos podrían asumir los propios pacientes con formación por enfermería, un personal clave en esta estrategia”.

Mascarillas para todo el mundo

Abogan por un frente salubrista internacional desde el que prepararse para nuevos retos víricos. Después de que todos los trabajadores de la salud tengan los equipos de seguridad necesarios, “Correos, y las empresas privadas dispuestas, deberán entregar máscaras quirúrgicas y desinfectantes para las manos a todos los hogares” con el fin de reducir el riesgo de contagio. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que “la mascarilla misma es un fómite [un objeto que puede transferir un patógeno de un individuo a otro] y que mantenimiento de distancia y lavado de manos continuarán siendo esenciales. Habrá que valorar incluso si tanto la limpieza de móviles como de gafas no merece mayor atención”.

Además, apuestan por “una aplicación que permita un razonable seguimiento de las personas proveyendo así a las mismas del salvoconducto necesario para los desplazamientos”. En ese sentido, “convendría disponer de una alternativa europea que permitiera el control democrático de los controladores, un humanismo tecnológico aún por desarrollar”.  Con todas estas medidas, la actividad podría reemprenderse con un nivel aceptable de seguridad, aunque “el confinamiento tardará más en levantarse para población de riesgo y zonas geográficas en las que aparezcan focos”.

Finalmente, opinan que "verosímilmente esta crisis cambiará patrones de consumo y de producción", acelerando la implantación de innovaciones ya en marcha, como la digitalización, el teletrabajo, o la educación en línea. Otro efecto será el aumento de las desigualdades sociales, por lo que habrá que afrontar la atención a “grupos de población vulnerables que si antes se aproximaban a la marginalidad, correrán ahora el riesgo de la exclusión”.



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