OPINIÓN

El ogro bueno

Vivimos un período histórico plagado de sobresaltos y desde luego el nuevo comandante en jefe del ejército más poderoso del orbe no nos va a traer precisamente tranquilidad.

El ogro bueno.
El ogro bueno. EFE

El mundo de Donald Trump es simple, instintivo, voluble e inmediato. Es un lugar poblado de buenos y malos en el que la realización de los deseos se busca con independencia de su coste y en el que la frustración ante obstáculos imprevistos se desahoga mediante rabietas. Es un espacio reducido y abarcable que se domina a base de exigencias egoístas a los demás y de permanente indulgencia hacia los fallos propios. Es un universo descaradamente infantil. Y los niños adoran los cuentos, relatos lineales de fácil asimilación donde la fantasía hace todo posible y los personajes responden a estereotipos cuyo atractivo radica en su intemporal obviedad. Princesas, dragones, magos, hadas, sortilegios, castillos, alfombras voladoras y tesoros fabulosos que ayudan a dormir en las noches invernales transmitidos por la voz sedante de una madre solícita.

Trump ha encontrado su papel, el de ogro bondadoso, ser de portentosa envergadura, aspecto desgarbado y fuerza fabulosa

Pues bien, en este dominio de la imaginación al servicio de la felicidad, Trump ha encontrado su papel, el de ogro bondadoso, ser de portentosa envergadura, aspecto desgarbado y fuerza fabulosa cuya gigantesca y amenazadora apariencia asusta de entrada, pero que alberga un corazón tierno y protector. En su declaración televisada posterior a la acción punitiva sobre la base aérea de Shayrat nos ha revelado con conmovedora claridad la razón por la que ordenó el ataque: Asad, el brujo malvado, había asesinado a “hermosos bebés”, acto cruel y abominable que exigía un castigo ejemplar y rápido a cargo del ogro justiciero. Cincuenta y nueve misiles Tomahawk lanzados con milimétrica precisión desde dos cruceros situados a centenares de kilómetros de Siria le han demostrado al destructor de cunas indefensas que con el ogro de la Casa Blanca no se juega y que si persiste en tales atrocidades la próxima andanada caerá sobre su palacio de Damasco.

Cuando hace cuatro años Asad gaseó a miles de civiles en el distrito de Guta con un número de víctimas mortales veinte veces superior al que se ha producido en Shayk Juin, Obama, presidente de formación académica, inteligencia, cultura, refinamiento estético y sofisticación mental muy superiores a los de Trump, que se había comprometido a intervenir con contundencia si el régimen sirio recurría a las armas químicas contra su propia población, vaciló, ganó tiempo, negoció y faltó a su promesa sellando un acuerdo de conveniencia con Rusia sobre destrucción y control de arsenales químicos que acabamos de comprobar Asad no ha cumplido.

Con este presidente de los Estados Unidos no se matan niños gratis, es el mensaje perfectamente comprensible que se emite desde Washington

El número de preciosos bebés liquidados en Guta fue mucho mayor que los fallecidos en Shayk Juin, pero los mecanismos morales, y sobre todo emocionales, de un elegante abogado licenciado en Harvard no son los mismos que los de un tosco empresario inmobiliario graduado en economía en la Universidad de Pennsylvania. Mientras el uno consume varios días en complejos análisis de riesgos, consideraciones jurídicas, consultas a expertos y cálculo de efectos electorales a la vez que los pequeños cadáveres se enfrían y son enterrados por familias desesperadas, el otro, sin encomendarse a nadie, coge el teléfono que le conecta con el Pentágono y suelta un seco rugido que desencadena una eficaz medida punitiva. Con este presidente de los Estados Unidos no se matan niños gratis, es el mensaje perfectamente comprensible que se emite desde Washington, sembrando el desconcierto y el asombro a lo largo y ancho del planeta.

¿Cómo es que un presidente aislacionista que había advertido a sus aliados que no estaba dispuesto a seguir pagando el grueso de la factura de su defensa y que supuestamente se disponía a mejorar las relaciones con Putin, de repente propina un puñetazo sobre la mesa de las intrincadas relaciones internacionales que descoloca a amigos y enemigos porque, según afirma, no se puede tolerar que un dictador desaprensivo mate a inocentes lactantes? ¿Es que no mueren en hambrunas, guerras, atentados terroristas y genocidios miles de niños en Irak, Afganistán, Sudán, Birmania, Somalia, Yemen, Nigeria y tantos focos de violencia y barbarie que arden en África y Asia sin que Naciones Unidas, las democracias occidentales en general y los Estados Unidos en particular hagan nada efectivo por evitarlo? ¿Por qué en Siria y ahora?

Desde el inicio de su mandato, Trump mostró pistas evidentes de que es impredecible, que carece de un esquema de pensamiento definido y articulado y que es más proclive a los impulsos que a los planes

Desde el inicio de su mandato, Trump mostró pistas evidentes de que es impredecible, que carece de un esquema de pensamiento definido y articulado y que es más proclive a los impulsos que a los planes. La OTAN, la Unión Europea, Israel y Turquía se han apresurado a apoyar públicamente la abrupta reacción de Trump al crimen de Asad en Shayk Juin. Lógicamente, Rusia e Irán han protestado, han negado la responsabilidad del Gobierno sirio en este desastre humanitario y han acusado a Estados Unidos de violar el Derecho Internacional, algo así como si Gargantúa se escandalizase por la gula de un vecino.

Vivimos un período histórico plagado de sobresaltos y desde luego el nuevo comandante en jefe del ejército más poderoso del orbe no nos va a traer precisamente tranquilidad. Tendremos que adaptarnos porque hay serios indicios de que las cosas van a ser a partir de ahora mucho más elementales y directas, pero también más inciertas. Esto es lo que hay.


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