El tiempo recobrado

A por las clases medias

La estabilidad, el orden y la prosperidad de una sociedad están estrechamente vinculadas a la extensión y solidez de sus clases medias, compuestas principalmente de pequeños y medianos empresarios, autónomos, funcionarios y profesionales que viven del fruto de su esforzado trabajo, ahorran, consumen, forman familias unidas e intentan dar a sus hijos una buena formación que les permita ascender en la escala social. Una política laboral, fiscal y social inteligente ha de velar muy especialmente por crear un entorno favorable a estos estratos de la comunidad de los que depende su viabilidad, su seguridad y su calidad de vida. Cualquier medida o norma que inhiba su actividad o que debilite los valores vertebradores que la inspiran, es lesiva para el interés general y debe ser evitada. Es por eso que un programa como el de Podemos está contraindicado para consolidar la recuperación en la medida que provocaría un rápido declive de las clases medias. 

El ministro de Hacienda se ha vanagloriado de esta actuación de la Agencia Tributaria con el curioso argumento de que la ley es igual para todos

Hace unos días saltó a las portadas una noticia que ilustra perfectamente este hecho y que demuestra hasta que punto determinadas ideas deletéreas han contaminado a todos los partidos y han envenenado a la opinión pública. El ex presidente Aznar ha sido objeto de una inspección fiscal fruto de la cual ha debido realizar una declaración complementaria y pagar una tremenda multa más los intereses correspondientes. El ministro de Hacienda se ha vanagloriado de esta actuación de la Agencia Tributaria con el curioso argumento de que la ley es igual para todos, con independencia de lo que se sea, se haya sido o se aspire a ser. Dejando aparte que el obligado cumplimiento del ordenamiento jurídico en un Estado de Derecho es una obviedad de la que hacer gala resulta cuando menos inquietante, la sanción impuesta a José María Aznar tiene una lectura muy distinta que la típica envidia española ha orillado, imbuida de la satisfacción que en nuestros lares causa siempre el mal ajeno.

La supuestamente reprobable falta cometida por el ilustre contribuyente consistió en haber percibido las retribuciones de su trabajo como conferenciante y autor de libros a través de una sociedad, tal como hacen, por cierto, una gran número de profesionales con toda normalidad. El reproche de la inspección, según se ha publicado, deriva de que al tratarse de rendimientos del trabajo, debían tributar como IRPF y no como impuesto de sociedades. En primer lugar, y aún suponiendo que la declaración contuviese puntos discutibles en cuanto a gastos imputados y otros tecnicismos, no hubo ocultación de ingresos ni voluntad de defraudar por lo que la multa está de más e indica un propósito deliberadamente agresivo sin justificación lógica. En segundo lugar, es perfectamente legítimo dentro de la normativa vigente buscar las formas de satisfacer al fisco menos onerosas para el que paga. Y en tercero, si Aznar se atribuyó un salario a cargo de esa sociedad, esos emolumentos tributan como IRPF y por tanto en todo caso lo que quedaría por elucidar es si la contabilidad de su entidad familiar era correcta, lo que, en caso de producirse algún error de interpretación de la ley, es subsanable mediante una simple complementaria. En definitiva, que la Agencia Tributaria ha de comportarse como una recaudadora neutral de las cargas fiscales y no caer como una guadaña sobre los ciudadanos honrados buscando la fórmula más dañina para el sufrido declarante. 

Nos encontramos en niveles de expolio y pedir aún más vaciamiento del bolsillo de la clase media es simplemente una barbaridad

En España, una familia de clase media con unos ingresos anuales de 60000 euros paga entre impuestos directos estatales, autonómicos y municipales e indirectos por los bienes y servicios que adquiere el escalofriante porcentaje del 68% de esa cantidad, con lo que le quedan,después de sustraer el total de lo que se ha llevado el Estado, 20.000 euros escasos. Estas son las cifras que hay que tener en mente cuando desde fuerzas de izquierda se aboga por incrementar el esfuerzo fiscal de la gente. Nos encontramos en niveles de expolio y pedir aún más vaciamiento del bolsillo de la clase media es simplemente una barbaridad. 

Por supuesto, que la evasión fiscal o la economía sumergida son condenables y deben ser perseguidas, pero como es bien sabido son precisamente los muy opulentos y las grandes corporaciones los que con más facilidad escapan de las garras del fisco, mientras las rentas medias soportan la mayor parte la de la losa tributaria. 

El episodio de la multa a Aznar no ha de ser visto, por consiguiente, como una loable acción justiciera del Tesoro Público, sino como una señal alarmante de una concepción social que nos está conduciendo al fracaso y a la pobreza.


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