El tiempo recobrado

Ideología, no gracias

El proceso de desideologización de los grandes partidos ha sido abundantemente estudiado por la ciencia política y es un fenómeno claramente detectable tanto en la derecha como en la izquierda. El deseo de captar el mayor número de votos posible, junto a la creciente tecnificación de la actividad de estas organizaciones de masas, ha conducido a la dilución de los principios básicos que en teoría las inspiran y a su sustitución por vagos eslóganes polivalentes y polisémicos destinados más a no molestar que a convencer. Por supuesto, las ideologías entendidas como visiones omnicomprensivas de la realidad sujetas a rígidas concepciones dogmáticas han demostrado ampliamente su fracaso y no se trata de volver a ellas. Las llamadas en feliz expresión "cárceles del pensamiento" no son aptas para responder a la complejidad de nuestro tiempo y se imponen abordajes más flexibles y adaptables, capaces de afrontar los problemas de un mundo en rápida evolución social, económica, científica y tecnológica. Todo eso nadie sensato lo discute y los representantes públicos que pretendan servir adecuadamente a sus conciudadanos han de ser conscientes de ello. 

Hay que evitar que el abandono de los esquemas totalitarios y de las interpretaciones inamovibles de la convivencia humana en sociedad sean sustituidas por un relativismo ético absoluto

Dentro de este contexto, sin embargo, hay que evitar que el abandono de los esquemas totalitarios y de las interpretaciones inamovibles de la convivencia humana en sociedad sean sustituidas por un relativismo ético absoluto, susceptible de desembocar en puro pragmatismo cínico y en la total ausencia de convicciones. Estas reflexiones las hago a raíz de la lectura de una reciente entrevista a la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid y por lo que se va viendo gran esperanza blanca del PP, Cristina Cifuentes, que a la pregunta "¿Y es malo ser comunista?" contesta con estas sorprendentes consideraciones: "No, no. Para nada. Yo tengo grandísimo respeto por los comunistas. Y amigos que lo son". 

Veamos. La historia del comunismo es una serie escalofriante de liberticidios, aniquilación violenta de disidentes, deportaciones forzadas, deterioro profundo del medio ambiente, atropello de derechos fundamentales, torturas, violaciones graves de derechos humanos, persecución religiosa, regímenes dictatoriales sangrientos y miseria material y moral. La URSS de Stalin, la China de Mao, la Camboya de Pol Pot, la Cuba de los Castro o la Corea del Norte de los Kim, sistemas comunistas todos ellos, han quedado marcados a fuego como períodos terribles en la historia universal de la infamia. Sus innumerables atrocidades derivan de la aplicación inmisericorde del marxismo, es decir, de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, del materialismo a ultranza, del partido único como vanguardia del cambio social y de la religión entendida como el opio del pueblo. Y ahora resulta que la rubia y angelical Presidenta de la Comunidad de Madrid, militante distinguida de una formación que afirma apoyarse en la síntesis del liberalismo, el conservadurismo y la democracia cristiana, declara públicamente a los cuatro vientos que ser comunista no es malo y que ella respeta grandemente a los adherentes a semejante pesadilla. 

Se cierne sobre nosotros una generación de políticos conceptualmente deshuesados y carentes del sentido de la ubicación en el territorio de las ideas

¿Ignorancia de las lecciones del pasado? ¿Progresismo mal entendido? ¿Ausencia abismal de distinción entre el bien y el mal? ¿Simple bobería buenista a la Zapatero? ¿Analfabetismo político? Cualquier explicación resulta inquietante en alguien que podría un día llegar a la cúspide de la pirámide institucional en España. Su compañera de filas Esperanza Aguirre, si bien no distinguida por su finura a la hora de practicar la selección de personal, jamás hubiera soltado semejante estupidez, como tampoco lo hubiera hecho José María Aznar, con todos sus defectos de carácter y limitaciones a la hora de contemplar el largo plazo. Se cierne sobre nosotros una generación de políticos conceptualmente deshuesados y carentes del sentido de la ubicación en el territorio de las ideas. Este vacío desolador no es inofensivo ni deja de tener consecuencias. Una persona sin principios ni necesidad de situarse intelectualmente representa un gran peligro a la hora de manejar los asuntos del Estado y el dinero del contribuyente porque se moverá sin guía ni referencia alguna en sus decisiones y se comportará como una veleta al viento de las encuestas o bajo el influjo incontrolado de su conveniencia personal. Un cierto grado de compromiso con determinados valores ligados a la dignidad intrínseca de los seres humanos y a su condición trascendente es imprescindible si se quiere gobernar sin caer en el abuso del poder o en la corrupción pura y dura. La Presidenta de la Comunidad de Madrid puede tener los amigos que quiera, comunistas, adventistas del séptimo día, vegetarianos o animistas, pero en el campo de las doctrinas políticas ha de saber dónde está o corre el peligro de perderse en los oscuros vericuetos de la tierra de nadie.

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Imagen: Cráneos de mujeres masacradas por los Jemeres rojos, en el condado Tinh bien, provincia de An Giang. Fotografía de Thuy Dao Nguyen.


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