OPINIÓN

Ideas contraintuitivas y política

Para nuestra desgracia, la política funciona frecuentemente desconectada de la verdad porque los políticos o bien desconocen la realidad de los asuntos sobre los que resuelven o, si la conocen, actúan como si no la conociesen.

Ideas contraintuitivas y política.
Ideas contraintuitivas y política.

Existen ideas que aparecen intuitivamente como evidentes y que son, sin embargo, falsas. Un ejemplo típico es el siguiente: Imaginemos que el globo terráqueo fuese una esfera perfecta y que lo rodeamos a lo largo del ecuador con una cuerda en contacto con el suelo. Esta cuerda tendría una longitud igual a la del ecuador, es decir, unos 40.000 kilómetros. Supongamos que realizamos la misma operación con otra cuerda que tenga un metro más que la primera y que nos preguntamos antes de hacerlo cuánto se separará de la superficie terrestre esta segunda cuerda. La mayoría de las personas a las que se formule esta cuestión responderán que la separación será imperceptible porque un metro añadido a 40.000 kilómetros representa un incremento de longitud de dos cienmillonésimas partes, es decir, prácticamente cero, por lo que la diferencia de utilizar una cuerda u otra, concluirán, será invisible al ojo humano. Pues bien, si se lleva a cabo el cálculo, cuyos detalles les ahorro porque es elemental, resulta que la segunda cuerda se encontrará a una distancia del suelo de dieciséis centímetros, perfectamente apreciable a simple vista.

Hay todavía verdades contraintuitivas en diversas áreas, la economía sin ir más lejos, que al ser ignoradas dan lugar a medidas políticas contraproducentes que son, sin embargo, adoptadas por unanimidad

Las falsas ideas claras concebidas a partir de intuiciones aparentemente obvias han dado lugar a numerosos errores científicos a lo largo de la historia, algunos de ellos letales, notablemente en el campo de la medicina. Pese a los extraordinarios avances del conocimiento humano y de los potentes medios para su difusión de los que disponemos en la era de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, hay todavía verdades contraintuitivas en diversas áreas, la economía sin ir más lejos, que al ser ignoradas dan lugar a medidas políticas contraproducentes que son, sin embargo, adoptadas por unanimidad de todo el arco parlamentario y acogidas como avances positivos.

Un caso reciente es el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que ha sido acordado por el Gobierno, la oposición y los sindicatos, con gran despliegue de publicidad, foto de familia y considerable satisfacción de todas las partes implicadas. En principio, la fijación de una cota inferior obligatoria para las remuneraciones de los trabajadores les protege de posibles abusos de empresarios codiciosos y alivia la pobreza de las capas sociales más desfavorecidas por lo que su aprobación y su aumento progresivo es una aportación regulatoria que ha de ser bienvenida. Cualquiera que se oponga a esta iniciativa será calificado de inmediato como antisocial, despiadado y representante inicuo del más inhumano capitalismo manchesteriano.

La imposición de un SMI es perjudicial para aquellos a los que quiere beneficiar, jóvenes que buscan un primer empleo, trabajadores poco cualificados y mujeres

Una revisión somera de la literatura económica, tanto teórica como empírica, sobre este tema, basada por una parte en cálculos rigurosos y por otra en la abrumadora experiencia disponible, demuestra que la imposición de un SMI es perjudicial para aquellos a los que quiere beneficiar, jóvenes que buscan un primer empleo, trabajadores poco cualificados y mujeres. Por supuesto, a medida que el SMI aumenta, sus consecuencias perversas se agravan, el paro crece y el número de ciudadanos pobres no sólo no disminuye, sino que se extiende. Tampoco entro en los argumentos irrebatibles que prueban este hecho contraintuitivo porque han sido perfectamente explicados recientemente, entre otros, por Lorenzo Bernaldo de Quirós, con motivo de la fanfarria montada por sus impulsores, que han convocado eufóricos a radios y televisiones para comunicar una buena nueva que va a causar mucho más daño que bien.

En Suecia, Finlandia, Dinamarca, Austria y Suiza no existe un SMI fijado por ley y en todos estos países la tasa de paro es netamente inferior a la española y el salario medio significativamente más alto. También da que pensar que, a petición del ministro de Economía, Luis de Guindos, se han establecido unas condiciones para la subida progresiva del SMI, consistentes en que únicamente se producirá si el crecimiento del PIB es superior al 2.5% y el de la afiliación a la Seguridad Social de 450.000 nuevos puestos de trabajo al año. En otras palabras, que el ministro, que sí sabe que el SMI dista de ser un elemento positivo para la actividad económica y la ocupación, se ha curado en salud y ha introducido unas cautelas que atenúen el estropicio.

En una sociedad ideal formada por ciudadanos bien informados que disciernen racionalmente seríamos inmunes a las falsas ideas claras

Para nuestra desgracia, la política funciona frecuentemente desconectada de la verdad porque los políticos o bien desconocen la realidad de los asuntos sobre los que resuelven o, si la conocen, actúan como si no la conociesen, desde la oposición para hostigar al Gobierno, y desde el Gobierno para no perder votos. En una sociedad ideal formada por ciudadanos bien informados que disciernen racionalmente y por responsables públicos que sirven exclusivamente al interés general apoyándose en evidencias contrastadas y en análisis rigurosos por encima del electoralismo o de la conveniencia del momento, seríamos inmunes a las falsas ideas claras y la política sería muy distinta de la que padecemos, tan distinta que sería innecesaria.


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