OPINIÓN

FAES: de la tarea a la coartada

La historia de los pretendidos guardianes de las esencias del PP abunda en gente especialista en amagar y no dar y cuando alguien se ha lanzado a dar un paso determinante en esa dirección, se ha quedado solo.

El ex presidente del Gobierno, José María Aznar.
El ex presidente del Gobierno, José María Aznar. EP

La abundante producción de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales en sus tres décadas de existencia desde que José María Aznar la fundara en Valladolid cuando era Presidente de Castilla y León ha aportado un bagaje conceptual de indudable calidad al centro-derecha español de finales del siglo XX y arranque del XXI. Sus numerosas publicaciones, conferencias, seminarios y diagnósticos han tratado todo el abanico de problemas asociados a la organización de la vida pública de nuestro país con profundidad, rigor y coraje intelectual, siempre en defensa de los valores de la sociedad abierta, entre los que figura como pilar central la libertad. Si hay un legado del que Aznar puede sentirse orgulloso es la densa, constante y meritoria labor desarrollada por FAES.

Cualquier trayectoria dilatada al servicio del Estado presenta luces y sombras y la de Aznar no es una excepción

Cualquier trayectoria dilatada al servicio del Estado presenta luces y sombras y la de Aznar no es una excepción. Cuando alguien que ha desempeñado las más altas responsabilidades de gobierno entra ya en la fase del examen retrospectivo, lo que frecuentemente cristaliza en libros de memorias, no sólo se puede evaluar su sinceridad, sino su carácter en general. Un elemento clave para este tipo de juicios es la capacidad para hacer autocrítica. Si se leen las páginas de recuerdos dadas a la luz por el ex inquilino de La Moncloa y hoy ilustre miembro del lecture circuit internacional, se llega a una conclusión inequívoca al respecto. Una lástima, porque el nivel de lucidez y serenidad que se pone en la mirada desapasionada sobre uno mismo distingue al hombre excepcional del ser humano común.

FAES ha sido hasta hace muy poco el taller de ideas del Partido Popular y en teoría sus propuestas deberían haber impregnado y orientado la acción política concreta de la gran formación liberal-conservadora. Sin embargo, siempre ha existido una notable distancia entre lo que FAES iba plasmando en sus trabajos de reflexión y las decisiones y actuaciones reales de la fuerza política a la que supuestamente nutría de fundamentos ideológicos y de datos objetivos. Incluso durante los ocho años de mandato de su creador e impulsor al frente del Ejecutivo, cuatro de ellos con mayoría absoluta, en no pocas ocasiones la ejecutoria tangible del Partido Popular desde sus numerosos centros de poder municipal, autonómico y nacional, se apartó considerablemente del marco doctrinal y de las recomendaciones concretas del que podría considerarse su centro de estudios.

Hay inconsistencias que no resisten la prueba del contraste entre el ideario elaborado por FAES y su plasmación práctica

Se puede alegar, y no deja de ser verdad, por lo menos en parte, que una cosa es pensar en abstracto y otra gobernar en la realidad cotidiana, y que el mejor planteamiento sobre el papel ha de acoplarse a las circunstancias específicas del aquí y ahora. Sin negar esta evidencia ni olvidar que la política hecha a espaldas o contra los hechos y la naturaleza de las cosas, suele desembocar en desastre -el comunismo es un ejemplo típico- hay contradicciones que por flagrantes son difíciles de justificar. La proclamación solemne de la necesidad de la unidad nacional como indispensable garantía de la igualdad de derechos y deberes de los ciudadanos mientras se van facilitando a los liquidadores de España como proyecto colectivo los instrumentos para su empresa de demolición o llenarse la boca con las excelencias de la democracia a la vez que se designa autocráticamente un sucesor, son inconsistencias que no resisten la prueba del contraste entre el ideario elaborado por FAES y su plasmación práctica.

Desde que Rajoy fue puesto al frente de la organización, no es que haya falta de sintonía, es que el partido se mueve en dirección opuesta

La virtud de la coherencia no garantiza el éxito, es más, en ocasiones lo dificulta. Ahora bien, sí proporciona credibilidad, que es un componente esencial a la hora de emitir opiniones o pedir adhesiones. Hace mucho tiempo que las sucesivas cúpulas del PP deciden, actúan y resuelven en distinta longitud de onda a la que caracteriza el acervo ético e intelectual de FAES. Desde que Rajoy fue puesto al frente de la organización, no es que haya falta de sintonía, es que el partido se mueve en dirección opuesta a la que en principio debería ser su fuente de alimento moral y programático. Ante semejante anomalía, no han faltado las voces de protesta interior, pero jamás han cristalizado en un gesto o un movimiento efectivo que implicase un riesgo personal y político. La historia de los pretendidos guardianes de las esencias del PP abunda en gente especialista en amagar y no dar y cuando alguien se ha lanzado a dar un paso determinante en esa dirección, se ha quedado solo y ha pagado las consecuencias sin que nadie le asistiera.

Por tanto, suena un poco raro que convoquen a la grandiosa tarea de levantar España de su presente postración los mismos que, por mucho que monten espectáculos de luz y sonido para reclamar la pureza de la fe liberal-conservadora, siguen prestándose con su pasiva y resignada militancia a proporcionar una útil coartada a sus profanadores.


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