OPINIÓN

La victoria de Geert Wilders

Wilders no ha sido el más votado, pero ha logrado condicionar el sentido del voto de los neerlandeses, e imponer su propia agenda política. Esa es su victoria.

Geert Wilders.
Geert Wilders. EFE

Vivimos tiempos de agitación, de titulares colgados de grandes amenazas, en los que el temor y las consignas apenas dejan espacio a la observación y el análisis sereno. La presidencia de Donald Trump ha convertido al periodismo, aunque no a todo, en un divertido ejercicio que se parece más a las peroratas de los alocados estilitas del speaker’s corner que a los mejores usos de esta vieja y cansada profesión. Yo mismo he puesto a parir a Donald Trump por una medida que ví en su momento cómo adoptaba Obama, sin que accionase mi indignación.

Lo mismo ha ocurrido con Geert Wilders. Los periodistas le llaman el “trump holandés”, quizás poder permitirse, también en los Países Bajos, dejarse llevar por sus sentimientos y no por mirar con calma lo que ocurre.

Todos los titulares están cortados por el mismo patrón: Victoria sobre el populismo, derrota de Geert Wilders, o de la extrema derecha

Las elecciones en los Países Bajos tienen mucha importancia. Las encuestas le habían llegado a otorgar al PVV, el partido de Wilders, siete puntos de diferencia sobre el liberal conservador VVD, liderado por el primer ministro Mark Rutte. Se podía convertir, entonces, en una victoria del “populismo”, la última palabra-comadreja del periodismo, o de la política, tanto monta monta tanto.

Todos los titulares están cortados por el mismo patrón: Victoria sobre el populismo, derrota de Geert Wilders, o de la extrema derecha, y demás. Pero no tenemos que mirar por nosotros mismos los resultados para ver que no es eso lo que ha ocurrido.

No ha perdido opciones de gobierno, porque no las tenía. Y ha obtenido victorias significativas, como ser el primer partido en Maastricht, que es la cuna de la Unión Europea

Es verdad que Wilders llegó a liderar los sondeos, y que quien ha acabado ganando es Rutte. Pero Wilders ha pasado de tener 15 escaños a 20, y de estar empatado por el tercer y cuarto puesto con la extrema izquierda a ser el segundo partido del país. Es más, a lo sumo podía aspirar a ser el primer partido en un Parlamento muy atomizado. Nadie quería pactar con él, de modo que no podía aspirar a formar gobierno, o a participar en él. Ahora se ha ofrecido para participar en la coalición gubernamental, pero sólo por darse una pátina de partido con aspiraciones que ninguno de los otros grupos quiere cumplir. No ha perdido opciones de gobierno, porque no las tenía. Y ha obtenido victorias significativas, como ser el primer partido en Maastricht, que es la cuna de la Unión Europea.

Si queremos buscar derrotados, no tenemos que mirar al PVV, sino al Partido Socialdemócrata, el PVV se suman los seis del CDA (cristiano demócratas), y los siete del D66 (liberales). La Unión Cristiana entra en el Parlamento con cinco escaños. Hasta el SGP (calvinista), que no logró entrar en el Parlamento en 2012, ahora cosecha tres, y FvD, de nueva creación, dos. El espectro del centro a la derecha tiene 101 escaños de 150 que tiene el Parlamento; 81 si dejamos de lado al PVV. Es la izquierda la derrotada en estas elecciones. Y todo ello ha ocurrido con una participación del 82 por ciento, 7,4 puntos por encima de 2012.

Geerts no sólo ha avanzado en su presencia en el Parlamento, sino que él, sólo él, ha marcado la agenda política

Es más, Geerts no sólo ha avanzado en su presencia en el Parlamento, sino que él, sólo él, ha marcado la agenda política. Mark Rutte ha adoptado un discurso más exigente contra el crimen, sin dar el paso de señalar quién protagoniza gran parte del mismo. La querella política con Turquía le ha favorecido. Le ha dado la oportunidad de mostrar que él puede sobreponerse a las presiones de otro país, enfrentándose a los deseos de medio millón de turcos en su país. De hecho, la caída de Geert Wilders en las encuestas, y la bajada del último escalón desde las últimas consultas al voto real, se puede entender del siguiente modo: Los holandeses, cuando las elecciones estaban lejos, mostraban espontáneamente su preferencia por Wilders y sus políticas. Pero, a la hora de la verdad, no quieren que sea él quien las lleve a cabo, o piensan que es un voto tirado pues nadie le quiere de colega en un gobierno.  

Wilders no ha sido el más votado, pero ha logrado condicionar el sentido del voto de los neerlandeses, e imponer su propia agenda política. Esa es su victoria.


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