Atentado en Londres ¿Son los lobos solitarios un mal menor?

Las células terroristas son flexibles y se ocultan con facilidad, pero tienen la vulnerabilidad de cualquier organización. No ocurre eso con los “lobos solitarios”. Cualquier musulmán puede sentir la llamada de la santidad despreciando su vida y la de unos cuantos infieles.

Agentes de policía tras el tiroteo ante el Parlamento en Londres.
Agentes de policía tras el tiroteo ante el Parlamento en Londres. EFE

Adrian Russell Elms es un ciudadano británico que nació en Erith of the Kent el día de Navidad de 1964. Casado, padre de tres hijos, ejerce de profesor de inglés y vive en Birgminham. Khalid Masood es un terrorista islámico que alquiló un todoterreno, atrpelló con él a unos transeúntes en el puente de Westminster, lo estrelló contra la verja del Parlamento, y luego degolló a uno de los policías que vigilaba antes de caer abatido por otros agentes.

Los dos son la misma persona. ¿Qué tránsito hay entre una y otra?

Hijo de madre soltera, cambió su segundo apellido por el de Ajao por su padrastro. A los 18 años fue condenado por un crimen de daños. “Era conocido por la Policía”, según un comunicado de la institución, “y ha sido condenado varias veces por asalto, también con intimidación y daños, posesión de armas y otras felonías”. En 2000 cruzó la cara de un ciudadano con un cuchillo alegando que éste había hecho comentarios racistas. Le tuvieron que coser 20 puntos de sutura. Había bebido cuatro pintas esa tarde. Fue condenado a dos años de prisión, pero a los tres tuvo otro altercado, pues acuchilló a otro hombre en la nariz. 

En 2004 se casa con una mujer musulmana, Farzana Malik. En algún punto, no se sabe si entonces, él se convirtió a la religión de Mahoma

En un reciente currículum, al que ha tenido acceso The Sun, se definía a sí mismo como “británico, amigable y cercano”. El resumen de su carrera también recoge que es economista, y de hecho estuvo trabajando en la fuerza de ventas de una compañía química.

En 2004 se casa con una mujer musulmana, Farzana Malik. En algún punto, no se sabe si entonces, él se convirtió a la religión de Mahoma. Pudo ser antes, mientras cumplía condena, en alguna de las tres cárceles en las que estuvo. Lo cierto es que tras el matrimonio dio un giro a su vida. Se sacó la titulación para enseñar inglés a extranjeros, y viajó a Arabia Saudita, donde vivía de enseñar su idioma natal. Cuando volvió a Gran Bretaña, en 2009, ya se había convertido al islamismo.

De 2011 a 2013 estuvo viviendo en Luton. Allí, como señala The Daily Telegraph, vivía Anjem Choudary, ahora en prisión por hacer proselitismo del terrorismo islaminsta. Choudary tiene vínculos con medio millar de hombres del ISIS. Entonces se movió, con su familia, al este de Londres, y luego otra vez a la Villa Olímpica. El último año lo ha pasado regentando una academia de inglés en Birgminham.

Lo cierto es que Adrian era un hombre violento antes de ser seducido por el islam, y que los antecedentes criminales son comunes en lo que se llama “lobos solitarios”

¿Dónde se ha producido la transformación de Adrian? Los policías están investigando numerosas pruebas para reconstruir lo ocurrido. Lo cierto es que él era un hombre violento antes de ser seducido por el islam, y que los antecedentes criminales son comunes en lo que se llama “lobos solitarios”. Los criminales son, para quienes reclutan futuros terroristas suicidas, una auténtica mina. Llevan una vida insatisfactoria, y la promesa de redención puede llegar a ser irrechazable.

Politico cita al profesor Peter Neumann, autor de un libro titulado Criminal pasts, terrorist futures: European jihadists. Neumann dice que en la cárcel, los internos “se sienten culpables, se hacen preguntas existenciales y reflexionan sobre su pasado. Y en muchas ocasiones están abiertos a adquirir nuevos valores”. La compañía de otros hombres, muchos de ellos violentos, no ayuda. Es un caladero perfecto para futuros terroristas. El islam, además, les redime de según qué crímenes hayan cometido. Al fin, esa religión condena la sociedad occidental como corrupta y corruptora. En el caso de Adrian, pasó diez años en un régimen extremista, como es la wahabista Arabia Saudita.

Es pronto para saber si el último Khalid Masood (ha cambiado de nombre varias veces) era un lobo solitario. Lo que resulta extraño es que quien quiere que no pensemos que los atentados islamistas son islamistas, cuando ya no se sostiene que sean enfermos mentales o no se puede ocultar su filiación religiosa, corran a señalar su carácter licántropo. Si un fenómeno es preocupante es precisamente ese. 

Cualquier musulmán puede sentir la llamada de la santidad despreciando su vida y la de unos cuantos infieles. Y eso es preocupante cuando hay 2,7 millones de fieles de Alá en tu país

Las células terroristas son flexibles y se ocultan con facilidad, pero tienen la vulnerabilidad de cualquier organización. No ocurre eso con los “lobos solitarios”. Cualquier musulmán puede sentir la llamada de la santidad despreciando su vida y la de unos cuantos infieles. Y eso es preocupante cuando hay 2,7 millones de fieles de Alá en tu país, como es el caso de Gran Bretaña. Recuerden el caso de Omar Mateen. Era cliente habitual de la discoteca de ambiente gay Pulse. En un momento de su despreocupada vida algo le hizo convencerse de que su religión condenaba esa vida y de que él tenía que redimir sus pecados matando allí a medio centenar de personas. Y es imprevisible cuándo cualquier musulmán sentirá el reclamo del yihadismo.

Es posible que en Luton se relacionase con el conocido predicador Anjem Choudary, y que por esa vía contactase, aunque fuera remotamente, con el ISIS. Pero no es necesario que tenga ningún tipo de vinculación con la organización para decidirse por cometer un atentado. 

Los lobos solitarios no son un mal menor.


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