CRISIS DE REFUGIADOS

Cómo favorecer la xenofobia

Lo que somos lo compartimos con la sociedad en la que crecemos, y con ella asumimos un conocimiento del mundo, unas expectativas, unos anhelos, una idea sobre cómo es y cómo debe ser lo que acaece; en definitiva, una cultura.

Angela Merkel visita un centro de refugiados en Alemania.
Angela Merkel visita un centro de refugiados en Alemania. EFE

Barack Obama llegó a la Casa Blanca con tres palabras: “Yes, we can”. Pablo Iglesias y su banda han creado un cascarón sobre el que vadean el proceloso mar político español y lo han llamado Podemos. En ambos casos se trata de apelaciones generales, sobre las que los votantes ingenuos vuelcan sus propios anhelos. Angela Merkel también ha dicho lo mismo. En particular, “wir schaffen das”; “lo podemos hacer”.

En el caso de la canciller alemana, sus palabras se refieren a algo concreto: la asunción de centenares de miles de refugiados; sólo en 2015, 1,1 millones de personas según el gobierno alemán. Angela Merkel ha repetido que el país lo puede hacer como si fuera un lema de campaña, pero durante meses. Más parece una invocación a los dioses o la expresión de un deseo que una muestra de confianza.

Asumir una población extranjera de esas dimensiones y en tan corto plazo supone un reto logístico y económico, pero ese es el menor de los problemas

Asumir una población extranjera de esas dimensiones y en tan corto plazo supone un reto logístico y económico, pero ese es el menor de los problemas. Lo que somos lo compartimos con la sociedad en la que crecemos, y con ella asumimos un conocimiento del mundo, unas expectativas, unos anhelos, una idea sobre cómo es y cómo debe ser lo que acaece; en definitiva, una cultura. Y la que entra con los centenares de miles de refugiados e inmigrantes a Alemania, y a otras partes de Europa, es distinta de la que tenemos aquí y, en ocasiones, contrapuesta en cuestiones fundamentales.

Por ejemplo, ¿cuál es el valor de la persona? Y ¿es el mismo si es un hombre o una mujer? Estas cuestiones tienen la máxima importancia para las alemanas que este 31 de diciembre, en el que celebramos el fin del año, se plantean si salir o no a participar de la fiesta. Alemania va a desplegar en Colonia 1.500 policías para evitar que se produzcan más asaltos sexuales, entre otros delitos habituales. Durante el año, sólo en Colonia, se han denunciado 1.310 delitos, entre los cuales había 662 denuncias por ataques sexuales, 28 de ellos violaciones. Una parte de estos delitos han sido cometidos por los refugiados, en una proporción que no se corresponde con su número.

El ministro bávaro de Finanzas e Interior, Markus Söder, ha señalado que la situación en el país se ha deteriorado

Pero el problema no se limita al último día del año. El ministro bávaro de Finanzas e Interior, Markus Söder, ha señalado que la situación en el país se ha deteriorado, y que “nuestras mujeres e hijas cada vez tienen más miedo de los asaltos” por parte de los refugiados, y reconoce: “Estamos empezando a perder el control de nuestras calles y plazas”. Y anima a acelerar las deportaciones.

Un refugiado sirio de 18 años, columnista del Huffington Post, tiene una visión distinta. Según explicó en la red social Twitter, los atentados sexuales masivos sufridos por decenas de mujeres en Colonia hace un año es por su culpa, porque “salen solas por la noche”. Puede que esta no sea la visión más común entre los sirios acogidos en Alemania, pero tampoco tiene porqué ser la menos moderada.

Hay instrucciones estrictas desde arriba de no reportar delitos cometidos por refugiados

Una fuente de la policía de Frankfurt al semanario Bild

El problema no se circunscribe a Colonia, claro está. El diario británico The Daily Express recoge que en lo que va de año 2.125 personas han sufrido asaltos sexuales a manos de extranjeros, de los cuales 199 son violaciones. Y recoge también un mapa en el que se documenta cada caso, y ese mapa cubre toda Alemania. Según André Schultz, presidente de la Asociación Nacional de Detectives, el 90 por ciento de los crímenes sexuales cometidos en Alemania no se reflejan en las estadísticas oficiales. Es imposible apreciar cuánto hay de verdad en esas palabras. Pero el semanario Bild citaba una fuente de la policía de Frankfurt diciendo que “hay instrucciones estrictas desde arriba de no reportar delitos cometidos por refugiados”, y esa información se clasifica como confidencial.

Y tampoco se circunscribe a Alemania. En Austria el problema es mucho menor, aunque no para cada una de las 91 víctimas registradas hasta septiembre. En Suecia sí hay un problema muy acuciante, aunque en este caso no sólo por parte de los refugiados (en 2015 llegaron 163.000), sino también de la población inmigrante, llegada de oleadas anteriores. En cualquier caso, el número de delitos sexuales contra mujeres se ha doblado en los últimos tres años, según el Consejo de Prevención del Crimen. Y ahí la realidad también se oculta. El jefe de la Policía Central de Estocolmo, citado por The Spectator, dice: “A veces no nos atrevemos a decir cómo son las cosas en realidad porque creemos que sería un instrumento en manos de los Demócratas Suecos”, un partido de derecha nacionalista.

Su llegada es una oportunidad para hacer que prevalezca entre ellos, y de ellos con las sociedades de acogida, unos valores de convivencia

Por suerte, los refugiados que aprovechan la acogida en Europa para delinquir son una minoría. O, al menos, eso es lo que nos dicta el sentido común a falta de estadísticas oficiales. Su llegada es una oportunidad para hacer que prevalezca entre ellos, y de ellos con las sociedades de acogida, unos valores de convivencia; para que Europa vuelva a mostrar que las diferencias culturales pueden no ser un impedimento para la convivencia. Y es una oportunidad económica para Europa y para los refugiados, a pesar de que por ejemplo en Alemania sólo el 13 por ciento ha encontrado un empleo, y es una economía sin paro.

Pero para que sea así es necesario expulsar a quien ha demostrado despreciar esa convivencia. No hacerlo es injusto con los europeos y con los refugiados que sí quieren convivir en paz. Y ocultar la verdad le otorga el monopolio de la realidad a quienes tienen un discurso contrario a las sociedades abiertas y libres. Pero esa receta para favorecer la xenofobia es justo lo que estamos haciendo.


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