OPINIÓN

Donald Trump y la presidencia que duró 77 días

El andamiaje político de Donal Trump se vino abajo el día 77 de su mandato, cuando degradó a Steve Bannon al expulsarle del Consejo de Seguridad Nacional. Esa decisión coincidió con varias iniciativas que indicaban un abandono de su proyecto, una vuelta a la normalidad, por más que esa normalidad también sea brutal.

Donald Trump y la presidencia que duró 77 días.
Donald Trump y la presidencia que duró 77 días. GTRES

Barack Obama sube al estrado. Viste etiqueta negra. La cena anual de la Casa Blanca es con la canalla extranjera, de modo que no se podía esperar mayor formalidad. Habla con voz potente pero cálida, y hace que sus palabras vuelen ingrávidas, resonantes. Torna la cabeza a uno y otro lado, y el público, entregado, ríe cada frase. Recuerda que por fin ha salido el documento que prueba que él nació en los Estados Unidos, condición indispensable para alcanzar la primera magistratura del Estado. Presente en la sala está uno de los hombres que más ha llamado la atención sobre la oscuridad de su nacimiento: Donald Trump. Comienza el espectáculo. 

Esa noche del 30 de abril de 2011 , Donald Trump decidió convertirse en el próximo presidente de los Estados Unidos

“Hoy, por vez primera, voy a publicar mi video oficial de nacimiento”. Las cámaras se posan sobre la cabellera naranja del empresario, y las risas corren de mesa en mesa. “Les advierto”, dice Obama: “Nadie ha visto esta grabación en cincuenta años. Ni siquiera yo”. Comienza la cuenta atrás, y entra la película El Rey León. Las carcajadas son puñales en el orgullo de Donald Trump. Luego dice que el empresario es, en realidad, el primero en ser feliz con dejar el asunto a un lado, “pues ya puede centrarse en las cuestiones que importan, como ¿nos inventamos la llegada a la luna?”. Las coñas del presidente sobre Trump se tienen que demorar entre risas y aplausos. La humillación, en presencia de centenares de personas y ante toda la nación, es completa, apabullante, dolorosa incluso para quienes se sienten reconfortados. Esa noche del 30 de abril de 2011 , Donald Trump, “the Donald”, como le llamó Obama toda la noche, decidió convertirse en el próximo presidente de los Estados Unidos.

Donald Trump es un ganador. Es de esas personas que tienen el instinto de un depredador y la decisión necesaria para apartar cualquier obstáculo a su paso. ¿Que Obama le había humillado? Él humillaría a Obama con la broma definitiva: convertirse en su sucesor. 

¿Que Obama le había humillado? Él humillaría a Obama con la broma definitiva: convertirse en su sucesor

Esta historia, de hace seis años, es clave para entender los cien primeros días de su presidencia, que precisamente se cumplen este sábado, 29 de abril. Trump, empresario y showman, no había mostrado más interés por lo público que el colegueo con los políticos y el espacio en las televisiones. Había anegado de dinero las campañas de Bill y Hillary Clinton, sus amigos. Sus convicciones políticas se diluyen, como un azucarillo, ante la practicidad del hombre de negocios, y sus principios son tan mudables como los de Marx... Groucho Marx. Al igual que una afrenta personal marcó su gran apuesta política, para entender su presidencia tenemos que acercarnos más a su persona que a sus ideas.

No le quema en el pecho el fulgor de una sociedad mejor, que ya ve con sus ojos y casi puede tocar con las manos. Steve Bannon sí es de esa pasta, y Bannon le ha dado una estrategia política, y le ha otorgado un andamiaje intelectual. Trump, el traidor a la élite, va a desenmascarar su lenguaje políticamente correcto y va a terminar con el ‘Estado profundo’, una versión gnóstica del statu quo. Va a defender los intereses de los americanos de verdad frente a los de una élite cosmopolita, apátrida, que tiene los medios para servirse del Estado a costa de los demás, y que se lucra vendiendo a los extranjeros los empleos nacionales. Y va a dar un puñetazo en la mesa para hacer ver que los EEUU mandan en el mundo, y que el ciudadano puede seguir sintiéndose orgulloso del poder de su país.

La OTAN ya no le parece obsoleta. China ya no manipula la moneda. Janet Yellen merece otra oportunidad. El Banco de Importación-Exportación ya no es ridículo

Este planteamiento, desde el punto de vista político, se vino abajo en el día 77 de su mandato, cuando degradó a Steve Bannon al expulsarle del Consejo de Seguridad Nacional. Esa decisión coincidió con varias iniciativas que indicaban un abandono de su proyecto, una vuelta a la normalidad, por más que esa normalidad también sea brutal. La OTAN ya no le parece obsoleta. China ya no manipula la moneda. Janet Yellen merece otra oportunidad. El Banco de Importación-Exportación (organismo público que financia la exportación) ya no es ridículo, sino necesario. Es más, ya tiene candidato para presidirlo. El hombre que ha nombrado para que sea su principal asesor económico, Kevin Hassett, defiende la inmigración y la deslocalización. En enero y febrero dijo que paralizaba la contratación federal, pero ahora vuelve a engrosar su nómina. Este giro político está aderezado, además, con el cariño y la admiración de Trump por su hija y su yerno, que son el epítome de esa élite que él iba a desenmascarar, y que tienen su propia oficina en la Casa Blanca.

Este giro político está aderezado, además, con el cariño y la admiración de Trump por su hija y su yerno, que son el epítome de esa élite que él iba a desenmascarar

El retrato de estos cien días de presidencia sería incompleto sin recoger lo que no ha cambiado, y que es lo mejor de su ejecutoria: su programa reformista. Ha desideologizado la gestión de los recursos naturales, acabado con dos regulaciones por cada una que aprueba, permitido la gestión privada de las cárceles, permitido que las agencias de crédito no tengan en los estudiantes un agujero negro, y ha dejado de favorecer la financiación pública de Planned Parenthood. Ha mejorado las condiciones para la inversión, ha aprobado una regulación que acaba, en principio, con los rescates a los bancos, ha ordenado que las decisiones sobre educación se adopten en el nivel local, y ha propuesto una de las reformas fiscales más importantes de la historia de los Estados Unidos.

Y aún queda el mayor éxito de lo que va de presidencia, que podría serlo de toda su Administración: la elección de Neil Gorsuch como noveno juez del Tribunal Supremo, que mantiene el equilibrio ideológico de la institución y permite que haya una mayoría conservadora en las próximas décadas. Donald Trump todavía puede ser un buen presidente.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba