ESTADOS UNIDOS ¿Es Donald Trump imparable?

La prensa, ahora tanto como en la campaña electoral, le ha dado todo el bombo posible a las acciones y las palabras de Donald Trump, y de nuevo es ella quien le está otorgando su éxito político.

El nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EFE

Todas las esperanzas de carácter religioso, o casi, que se pusieron en Barack Obama con su llegada a la Casa Blanca son en este momento temores sobre la asunción del poder por parte de Donald Trump. Estamos viviendo, si seguimos las advertencia de gran parte de la prensa, un caso en el que la realidad de los Estados Unidos en 2017 imita al arte de La venganza de los Sith, en la que el canciller Palpatine se hace con el poder y luego se revela como Lord Sith Darth Sidious. Con todo, es posible que Obama no fuera un semidiós y que Trump no sea el dictador que nos vaya a arrastrar a todos al lado oscuro. Para descubrir si es así o no, creo que lo más indicado es atenerse a la realidad y no caer en la confianza de que los “hechos alternativos” nos permitan mantener nuestra postura contra toda evidencia.

El instrumento que tiene Trump en sus manos es el de las órdenes ejecutivas, cuya mejor traducción al español sería el de decretos

Realidad hay poca, aunque no está del todo mal para una primera semana estampando firmas en la Casa Blanca. Recordemos lo que ha hecho en estos primeros días de la nueva Administración. El instrumento que tiene en sus manos es el de las órdenes ejecutivas, cuya mejor traducción al español sería el de decretos. Es un instrumento que no viene recogido en la Constitución de los Estados Unidos, pero que utilizan todos los jefes de la Administración desde George Washington. La primera que ha firmado (20 de enero) llama a las agencias del gobierno a conceder todas las excepciones posibles a la aplicación del Obamacare, dentro de la ley. Es la primera medida de un cambio legislativo de largo alcance y de resultado harto incierto.

El lunes pasado paralizó las contrataciones de la Administración federal, excepción hecha del Ejército, con lo que quiere hacer ver que el suyo será un gobierno austero, pero no en Defensa. Reinstauró la medida de cortar los fondos a las organizaciones internacionales que favorecen o practican abortos. Y sacó a los Estados Unidos del Acuerdo Trans Pacífico (TPP), un instrumento de liberalización del comercio de los países a los que baña ese océano, con la notable excepción de China. Trump ha prometido proteccionismo (nunca una política tuvo un nombre menos apropiado), y aquí lo tenemos.

El decreto dice que el gobierno federal “renegociará” la construcción, de modo que tengan una participación mayor las empresas estadounidenses

El martes adoptó una medida que también se adhiere a sus promesas electorales. Ha aprobado la construcción de dos oleoductos, Keystone XL y Dakota Access, que como toda actuación favorable a explotar o utilizar energías susceptibles de un uso masivo tenía la firme oposición de los ecologistas. Esos movimientos no tienen la menor relevancia en el mundo de Trump, para quien sí es importante la seguridad y la independencia energéticas. Por otro lado el decreto dice que el gobierno federal “renegociará” la construcción, de modo que tengan una participación mayor las empresas estadounidenses. America first, dice su lema.

El miércoles aprobó la construcción de lo que queda de muro con Méjico, que grosso modo son dos tercios de la frontera. En una reunión con los dirigentes del Partido Republicano insistió en que son los vecinos del sur quienes pagarán la infraestructura. Es una posición humillante para el vecino y socio, y Nieto y Trump han cancelado la reunión que tenían prevista. Pero no es la única medida tomada ese día. Publicará semanalmente una lista de los crímenes cometidos por los inmigrantes.

La prensa, ahora tanto como en la campaña electoral, le ha dado todo el bombo posible a las acciones y las palabras de Donald Trump, y de nuevo es ella quien le está otorgando su éxito político. Trump, por el momento no tenemos medio de decir otra cosa, es un hombre que cumple sus promesas y tiene un vigor político innegable. Pero no es tan extraordinario, y sólo tenemos que volver sobre los primeros días de Obama. En el mismo período, el demócrata levantó la prohibición decretada por Bush de que se sellen los registros de los anteriores presidentes, prohibió que los nominados para la Administración trabajasen como lobistas, eliminó el recurso a la tortura en los interrogatorios, ordenó el cierre de la prisión de Guantánamo y ordenó una revisión de los detenidos en el contexto de la guerra contra el terrorismo.

El diseño institucional está pensado para que el centro de la política esté en el Congreso, y no en la presidencia

No ha leído mal. El cierre de Guantánamo. El que no se ha producido. Es el claro ejemplo de cómo el impulso de Donald Trump es más aparente que real. Aquello es una democracia, y está muy asentada. Y Trump se encontrará con algo que Barack Obama no llegó a comprender o a asumir, que el diseño institucional está pensado para que el centro de la política esté en el Congreso, y no en la presidencia.

Trump tendrá que negociar con senadores y representantes. Es un outsider dentro del Partido Republicano, pero ha logrado ganárselo. Con todo, su política proteccionista cuenta con adversarios poderosos, como el jefe de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Paul Ryan. Y lo más probable es que la mayoría republicana en el Congreso dure sólo dos años, pues las elecciones de mitad de mandato suelen ser favorables para el partido que no está en la Casa Blanca. Obama fracasó como presidente porque no supo negociar con un Congreso en manos republicanas. No parece que el temperamento de Trump le vaya a ayudar en caso de encontrarse con una situación similar. 

Francis Fukuyama ha publicado un artículo en el que se plantea si el sistema político estadounidense es lo suficientemente fuerte como para resistir una eventual embestida por parte del presidente Trump. Ese ataque no se ha producido, y presumir que lo vaya a hacer es correr demasiado. La cuestión es que Fukuyama cree, y yo coincido con él, que los frenos y contrapesos del sistema son suficientemente robustos. Pero eso no quiere decir que su presidencia, como las de varios de sus antecesores, pueda agrandar el poder del gobierno federal a costa de otras instituciones (Congreso, Estados) que ejercen un poder moderador.


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