La pandemia del COVID-19 y la crisis que ha generado han paralizado todo en Cataluña. Pero, poco a poco y con la desescalada ya en marcha, las cosas van volviendo a la normalidad. Y, dentro de esa normalidad, se encuentra la convocatoria de elecciones autonómicas prometida por el presidente Quim Torra el pasado mes de enero, una vez fue inhabilitado como diputado en el Parlament. Unas elecciones que, según fuentes independentistas consultadas por El Liberal, podrían celebrarse el próximo mes de diciembre.

Torra está pendiente en estos momentos de lo que decida ya de manera irme el Tribunal Supremo sobre su inhabilitación. Si, finalmente, mantiene la sentencia, el hoy presidente deberá abandonar la Generalitat. Es cierto que alguien podría sustituirle en el cargo pero todo apunta a que la intención de la posconvergencia es forzar una convocatoria automática de elecciones. Unos comicios para los que los que JxCat comenzó la precampaña en cuanto el presidente anunció la ruptura con sus socios de ERC en el Govern de la Generalitat. Las elecciones, dijo entonces, se convocarían una vez fueran aprobados los presupuestos autonómicos para este año. Aún nadie sabía de la existencia del COVID-19 y de cómo el virus alteraría la normalidad. Las cuentas catalanas se han aprobado en plena pandemia y el presidente nada ha dicho sobre las elecciones. Pero ni él ni su partido las han perdido de vista. Y en la formación dan por totalmente amortizada su figura. Buena prueba de ello son las palabras pronunciadas este miércoles por el consejero de Interior, Miquel Buch, al respecto: "Si llega la inhabilitación del presidente, no podremos hacer más".

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, durante el Consejo Ejcutivo extraordinario.

La ruptura con ERC tiene como origen la inhabilitación de Torra por el caso de los lazos amarillos. Ordenada por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, refrendada por el Supremo y exigida por la Junta Electoral Central, fue ejecutada por el presidente del Parlament, el republicano Roger Torrent, a pesar de que JxCat defendía que, hasta que no fuera firme, no tenía porqué llevarse a cabo. Torrent prefirió hacer caso a quienes apoyaban la tesis de que el presidente no podía seguir siendo diputado, aunque sí mantener la jefatura de la Generalitat en tanto en cuanto no existiera un pronunciamiento firme del Supremo. Aquello bastó para que Torra y JxCat anunciaran la ruptura y, por lo tanto, la intención de convocar elecciones. 

El liderazgo de Puigdemont

Ahora, cuando son miles los contagiados y fallecidos por el coronavirus y la crisis económica está a la vuelta de la esquina, JxCat pone ya la vista en la "nueva normalidad" y, en esa situación, son las urnas las que tienen prioridad. Con ese horizonte, esperar a que sea el Supremo el que obligue a Torra a abandonar se contempla como un buen apoyo para la campaña, que podrían apoyar en el victimismo. El cartel parece que está ya confirmado, al menos en los nombres de quienes lo liderarán y salvo cambios de última hora. El ex presidente Carles Puigdemont sería el número 1. Fugado de la Justicia española, elegido eurodiputado y pendiente de lo que decida la UE sobre la euroorden emitida por el juez Llarena, Puigdemont dirige el gobierno catalán en la sombra desde el llamado Consell per la República. Una entidad radicada en Waterloo y desde la cual intenta marcar el paso del Govern catalán, además de internacionalizar la defensa del proyecto separatista.

Puigdemont, Comín y Ponsatí, recibidos con honores de Estado en Perpignan

El éxito del evento de Perpignan, celebrado a finales de febrero y posible foco de contagio masivo del COVID-19, permitió pulsar la capacidad de liderazgo de una candidatura de quien un mes antes había asegurado que no tenía intención de presentarse a las elecciones, aunque no lo descartaba dependiendo "de las circunstancias". Y las circunstancias indican que el ex presidente sigue teniendo mucho tirón entre la derecha independentista catalana.

Discreta y poco radical

Pero no se puede obviar que, como Torra, Puigdemont también tiene cuentas sin saldar con la Justicia española. Y que es más que posible que, aunque ganara las próximas elecciones autonómicas, no pudiera llegar a gobernar. Entra ahí en juego la número 2 de la lista, que, según las fuentes consultadas por El Liberal, sería Àngels Chacon. La consejera ha sido, hasta ahora, una persona muy discreta y que ha destacado por su capacidad de trabajo. Dicen que cuenta con el respaldo de Artur Mas y forma parte del ala menos radical del PdCAT.

La consejera Àngels Chacón durante la presentación de la Agenda Comercio 20/21.

De ser Chacón realmente la número 2, estaríamos en un nuevo escenario en el que JxCat podría renunciar al proyecto independentista unilateral y subirse al carro del diálogo y la negociación con el Estado. Un carro que, hasta ahora, ha conducido ERC con el éxito de haber forzado al Gobierno del socialista Pedro Sánchez a sentarse en una mesa de negociación sobre el futuro de Cataluña. Algo que la posconvergencia no ha asumido de buen grado. No tanto por la negociación en sí como por la rentabilización electoral que pueden hacer los republicanos de la misma.

ERC bailando con la más fea

Por otro lado, es imposible obviar cómo la pandemia condicionará la convocatoria electoral en lo que a la campaña se refiere. Más allá de las propuestas, no es difícil prever que JxCat, al igual que otros partidos, utilizarán el COVID-19 para azuzar a sus principales adversarios, los republicanos. ERC ha tenido que gestionar las áreas más afectadas por el virus, Salud y Asuntos Sociales y Trabajo. Y lo ha hecho, hasta ahora, con resultados muy cuestionables. A los republicanos, como se suele decir, les ha tocado bailar con la más fea.

JxCat, por el contrario, se ha centrado, a través de Torra, en la gestión de la imagen. Sobre todo en lo relacionado con el Estado. Y así han sabido cómo marcar el paso al Gobierno, al que no le ha quedado más remedio que ir aceptando lo que desde Cataluña planteaba un presidente que, si bien daba muestras de deslealtad, también promovía medidas que el Ejecutivo central ha tenido que aceptar, como el confinamiento total o el establecimiento de franjas horarias para las medidas de alivio del encierro.

Así las cosas, la nueva normalidad de la que tanto hablan tendrá en Cataluña una primera cita en las urnas con una campaña electoral en la que las mascarillas y los guantes recordarán a los ciudadanos que, como dice Michel Houellebecq, nada ha cambiado pero todo está siendo un poco peor.