La política educativa de la Generalitat desprecia la lengua materna de más de la mitad de los alumnos catalanes, conculca la verdad en los curricula de historia, geografía y literatura, y es profundamente anti-social.

En particular, la inmersión lingüística es esencialmente discriminatoria contra más de la mitad de los niños y niñas catalanes cuya lengua materna es el español y es radicalmente anti-social. En los últimos años de severa confrontación las escuelas de la Generalitat se han convertido en madrasas independentistas, soliviantando los derechos de los niños y los de los padres, así como los de algunos profesores que creyeron en la vigencia del Estado de derecho también en las aulas de Cataluña.

Esta política educativa sirve a la causa separatista y genera fracaso escolar. En el Panel A de la Figura 1 vemos que los alumnos catalanes castellanoparlantes que no alcanzan el nivel mínimo de comprensión lectora son el doble del promedio de España. Así, el fracaso de los castellanoparlantes es del 30,0% en Cataluña y del 9,3 % en Castilla-León y en Madrid.

Cataluña sufre un régimen nacionalista guiado por la mentira más flagrante, por el desprecio a España y la completa falta de respeto a más de la mitad de los catalanes

En el Panel B se aprecia la diferencia en las puntuaciones entre estudiantes catalanes cuya lengua materna es el catalán (533 puntos) y aquellos cuya lengua materna es el español (515). En el Panel C se compara el fracaso de los castellohablantes (30,0 %) con el de los catalonaparlantes (17,5 %). Sin duda, hay un problema gravísimo. Si a la discriminación lingüística y social unimos el adoctrinamiento[1] entendemos la función social y política de las escuelas de la Generalitat. Una llengua, un pais.

Veamos otro aspecto de la mini tiranía separatista catalana: la rotulación comercial. También ahí es flagrante la vulneración de los derechos de los consumidores y los de los comerciantes. En Barcelona, el español lo usa el 60 % de los ciudadanos, pero en español sólo hay un 16 % de rótulos (español y catalán o sólo español; ver la Figura 2, Panel A). En Bélgica, con una situación lingüística muchísimo más confrontada que la de Cataluña, el francés lo emplea el 69 % de los bruselenses y los rótulos comerciales en francés en esta ciudad son el 57 % del total (véanse los Paneles A y B de la Figura 2). La Generalitat expedienta y multa a los establecimientos no rotulados en catalán. Un 42% de las sanciones afectan al sector de la hostelería, un 21 % al comercio minorista y un 6 % a los transportes.

Finalmente, un tercer aspecto de la tiranía del mini Estado independentista: la señalización del tráfico. También ahí es muy flagrante el incumplimiento de la legalidad. A estas alturas del dislate separatista y de la destrucción de Cataluña, esto quizá se considere nimio. No obstante, el bilingüismo es un aspecto clave del ser Cataluña y de los catalanes. En cambio, sólo el 5,2% de los rótulos de circulación está -como es de ley- en las dos lenguas que son oficiales y que son de uso paritario en Cataluña. El 94,2 % de los paneles está solo en catalán. Mientras, el 0,7 % está solo en español.

Al fin, llegamos a casa: TV3 completa el adoctrinamiento lingüístico e ideológico recibido en la escuela, de compras y en la calle. TV3 es esencial a la confrontación separatista: el 75,3 % de quienes se “informan” en TV3 vota separatista; sólo el 28 % de quienes se informan en otro medio vota separatista.

Conclusiones

Cataluña sufre un régimen nacionalista guiado por la mentira más flagrante, por el desprecio a España y la completa falta de respeto a más de la mitad de los catalanes, un régimen sustentado en el adoctrinamiento en las escuelas y los medios de comunicación.

El carácter antisocial de la Generalitat secesionista se aprecia en los impresionantes resultados de exclusión social que provoca su política ‘educativa’: los niños y jóvenes estudiantes castellanohablantes fracasan el doble que los catanohablantes.