OPINIÓN

Tenemos gobierno, ¿Y ahora qué?

El Partido Popular ha perdido su mayoría absoluta, la pluralidad se ha instaurado en el parlamento y las coaliciones se han vuelto necesarias, en teoría. Pero la sensación es que el nuevo gobierno no va a ser tan distinto del saliente.

Mariano Rajoy en el Congreso.
Mariano Rajoy en el Congreso. EFE

Ha costado 10 meses, pero parece que, esta semana el parlamento escogerá a Rajoy como nuevo presidente del gobierno, dejando atrás el gobierno en funciones más longevo de la historia democrática de España. Sin embargo, la abstención del PSOE solo nos asegura el gobierno y que evitaremos unas segundas elecciones anticipadas. No despeja la duda de cómo se va a gobernar España de ahora en adelante.

Hemos evitado las elecciones, pero 10 meses después seguimos siendo incapaces de agregar las preferencias expresadas por los españoles en las urnas en forma de gobierno con capacidad de actuación

Con un Partido Popular incapaz de formar ninguna mayoría que no pase por el apoyo implícito o explícito de los socialistas, y un partido socialista, terriblemente imprevisible en sus estrategias y acciones políticas, por las batallas internas y las divisiones, las dudas sobre la futura gobernanza de España siguen sobre la mesa. Hemos evitado las elecciones, pero 10 meses después seguimos siendo incapaces de agregar las preferencias expresadas por los españoles en las urnas en forma de gobierno con capacidad de actuación. El nuevo gobierno nace lleno de dudas sobre si será capaz de pasar nuevos presupuestos o iniciar ningún tipo de reforma importante.

En este escenario se abren dos posibilidades. La primera es una legislatura corta en la que los socialistas no apoyan las propuestas del gobierno popular para poder recuperar su espacio y el gobierno acaba convocando elecciones anticipadas. La segunda es una legislatura en la que el partido socialista temeroso ante la amenaza de un adelanto electoral da apoyo a la gran parte de las medidas del Partido Popular sin capacidad real de negociar las condiciones y las políticas salientes.

Es decir, seguimos sin ser capaces de adaptar nuestras instituciones y políticas públicas a los cambios en las preferencias políticas de los españoles. O el gobierno fracasa o va a ser un gobierno del Partido Popular aplicando el programa del Partido Popular sin tener que hacer grandes concesiones a ninguno de los otros grupos parlamentarios. Los cambios electorales no parece que se vaya a traducir en cambios en las políticas y formas de hacer de la política española. El Partido Popular ha perdido su mayoría absoluta, la pluralidad se ha instaurado en el parlamento y las coaliciones se han vuelto necesarias, en teoría. Pero la sensación es que el nuevo gobierno no va a ser tan distinto del saliente. Es cierto que el tono de Rajoy ha cambiado la última semana, pero sus incentivos siguen siendo perversos. El botón atómico de las elecciones anticipadas sigue estando en su mando, y Ciudadanos ha dejado de ser necesario. Es decir, si quiere, el Partido Popular puede seguir teniendo un poder político abrumador para seguir legislando sin voluntad de negociación y dialogo real.  

El optimismo que generaron los nuevos partidos en 2015 se ha evaporado, la resignación y el pesimismo han vuelto

Esta situación no ha quedado exenta de consecuencias para el sistema. El optimismo que generaron los nuevos partidos en 2015 se ha evaporado, la resignación y el pesimismo han vuelto. Y esto son malas noticias para todos, incluso para los que han conseguido mantener su poder intacto. Una democracia sin apego ciudadano es una democracia en constante peligro de nuevos populismos, de nuevas problemáticas sociales y sobre todo de un mal funcionamiento. Las instituciones deben responder a las nuevas demandas de los ciudadanos, no pueden vivir de espaldas a ellas.

Es cierto que la situación era envenenada y que los actores necesitan tiempo para adaptarse a los contextos, pero el equilibrio alcanzado no es satisfactorio y muchos deberían hacer autocrítica. Los partidos no han sabido moverse en el nuevo escenario, es necesario un cambio. Los partidos españoles deben volver a ser transparentes y predecibles para sus votantes o será imposible que haya responsabilidad ni rendición de cuentas. El nuevo gobierno empieza su andadura con un parlamento con muchos deberes por hacer y el reloj empieza a tocar las horas.


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