OPINIÓN

El conflicto entre PSOE y Podemos y los huérfanos de la izquierda

Las dinámicas actuales del escenario político ponen sobre la mesa la dificultad de generar una alternativa de gobierno distinta a la de Rajoy debido a la desarticulación y desmovilización del espacio de izquierdas.

El conflicto entre PSOE y Podemos y los huérfanos de la izquierda.
El conflicto entre PSOE y Podemos y los huérfanos de la izquierda. EFE

A pesar de desarrollarse antes de la decisión de abstenerse por parte del partido el barómetro de octubre del CIS capta los movimientos que se generaron después de los resultados en Galicia y País Vasco y de la destitución de Pedro Sánchez como secretario general. Más allá de las tendencias típicas de toda encuesta hecha sin elecciones a la vista, el barómetro muestra dos tendencias claras que, de mantenerse, supondrían un grave problema para la izquierda española: por un lado, el reagrupamiento del voto de derecha en torno al PP que sigue recuperando votos que se fueron a Ciudadanos en diciembre y junio. Por otro, la aparición de una importante bolsa de ex votantes socialistas que parecen preferir quedarse en casa a votar a la coalición de Unidos Podemos.

La izquierda parece estar desmovilizándose cada vez más y no parece estar generando ningún tipo de dinámicas de concentración del voto

Es decir, los votantes de derechas parecen estar removilizándose y reagrupándose alrededor del Partido Popular. Un reagrupamiento que debería servir para formar un bloque capaz de aprovechar las dinámicas del sistema electoral en las circunscripciones pequeñas en caso de elecciones. Mientras que la izquierda parece estar desmovilizándose cada vez más y no parece estar generando ningún tipo de dinámicas de concentración del voto por el momento. La distancia que separa a los dos partidos parece demasiado grande como para generar movimientos internos y esto hace que los decepcionados con su partido, en este caso el Partido Socialista, opten en porcentajes muy pequeños por cambiar su voto a la alternativa.

Sin los micro datos de la encuesta no podemos observar exactamente las características de este 30% de votantes socialistas que parecen haber desertado de su partido por el momento. Sin embargo, el barómetro muestra datos que pueden ayudar a entender algunas de estas dinámicas. Por ejemplo, a pesar de que los votantes del partido socialista y Podemos se sitúan en el eje izquierda-derecha en posiciones bastante más cercanas entre ellos (3,75 los votantes socialistas y 3,01 los votantes de Podemos) de lo que hacen los votantes de Ciudadanos y el PP (6,99 los votantes de posición media de los votantes del PP por un 5,42 de los votantes de Ciudadanos), las propensiones a votar al otro partido del espacio son mucho más bajas en el primer caso que en el segundo. Sólo un 30,1% de los votantes de Ciudadanos y un 32,4% de los votantes del PP declaran que nunca votarían al otro partido. En cambio, un 47,7% de los votantes socialistas y un 44,6% de los votantes de Podemos declaran que jamás votará al otro partido.

El espacio de la derecha parece estar más claro y las posiciones menos en conflicto

Este dato seguramente se explica por el conflicto generado alrededor de la naturaleza y posición de los partidos que se ha dado entre Podemos y el PSOE, aunque no parece existir de forma tan clara entre el PP y Ciudadanos. Así, mientras los votantes de Podemos sitúan a su partido en el 2,71, los votantes socialistas lo sitúan en el 2,11. Más clara aún es la distancia en las percepciones del PSOE. A pesar de los movimientos hacía la abstención que se estaban dando en el Partido Socialista, sus votantes seguían percibiendo de media que el Partido Socialista se situaba alrededor del 4,14, ligeramente más a la derecha que la media de sus votantes, pero más cerca de ellos de lo que perciben a Podemos. En cambio, los votantes de Podemos perciben al partido socialista en un muy lejano 5,54. Esta separación de las percepciones de los partidos no se da entre los partidos que tradicionalmente se sitúan en el lado derecho del espacio político. La percepción que tienen de sus respectivos partidos los dos electorados es bastante similar. Ciudadanos es percibido como un partido cercano al 6 (5,98 entre el electorado ciudadano y 5,85 entre el popular) y al Partido Popular cercano al 8 (7,74 y 7,64, respectivamente). Es decir, la posición media de los votantes de los partidos de la derecha está más distanciada que la de los partidos, pero mientras que en la izquierda los electorados tienden a situar al otro partido mucho más lejos de sí de lo que lo hacen sus votantes, el espacio de la derecha parece estar más claro y las posiciones menos en conflicto.

Otro elemento que algunas veces se ha dado como explicación al fenómeno son los problemas de liderazgo de los distintos proyectos. No obstante, los datos no acaban de sostener esta dinámica. Es cierto que tanto la figura de Pablo Iglesias como la de Pedro Sánchez levantan pocas simpatías entre los votantes del otro partido: Iglesias solo tiene un 3,23 de valoración entre el electorado socialista y Sánchez un 3,59 entre el electorado de Podemos; y los votantes del Partido Popular le dan un aprobado a Rivera (5,23). Sin embargo, las fugas de Ciudadanos al PP se dan a pesar de que los votantes de Ciudadanos claramente suspenden a Rajoy con un 3,40. Además, a pesar de que aún no está claro que va a ocurrir con la coalición, los votantes socialistas parecen tener una percepción bastante buena del líder de la otra formación, Alberto Garzón (4,88). El problema del espacio que se sitúa entre PSOE y Podemos va mucho más allá del líder, es un problema de proyecto y de percepciones de éstos.

En resumen, las dinámicas actuales del escenario político ponen sobre la mesa la dificultad de generar una alternativa de gobierno distinta a la de Rajoy debido a la desarticulación y desmovilización del espacio de izquierdas. Unas dificultades que parecen estar más relacionadas con los actores (partidos políticos) que con la posición de los votantes españoles. Más allá de los problemas que esto pueda suponer para los partidarios de otro tipo de políticas públicas, si no se revierte esta situación podría suponer un problema para el sistema político e institucional español. Al fin y al cabo, la alternancia en el poder es uno de los elementos clave de cualquier sistema democrático.


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