El blog de MIrabaud

La mejora en EEUU y mercados emergentes guiará el crecimiento en 2017

Qué duda cabe de que el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses ha sido el acontecimiento más determinante de un año 2016 que había comenzado con una caída en picado de las bolsas tras la depreciación de la moneda china. Desde entonces, ha cundido un fuerte optimismo en torno a la reactivación del crecimiento.

También han arrojado sorpresas, tanto por su materialización como por la reacción positiva de los mercados en las semanas posteriores, otros acontecimientos políticos de primer orden, como la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea o el rechazo a la reforma constitucional resultante del referéndum italiano.

Abrimos un 2017 que, tras varios años de políticas monetarias no convencionales por parte de los bancos centrales, se caracterizará también por políticas no convencionales por parte de los gobiernos, que deberán trasladar a la práctica las decisiones tomadas por los electores en 2016.

2017 se caracterizará por políticas no convencionales por parte de los gobiernos, que deberán trasladar a la práctica las decisiones tomadas por los electores en 2016"

Mientras creemos que en Suiza y Europa el crecimiento económico se mantendrá en los niveles observados en 2016, a escala mundial prevemos para 2017 una aceleración de ese crecimiento hasta situarse en el 3,3% frente al 2,9% que obtuvo en el ejercicio anterior. Un repunte que se explica principalmente por una mejora de la actividad en Estados Unidos y también en los mercados emergentes tras un periodo de recesión en países como Brasil y Rusia. Aun así, la cifra contrasta claramente con la media de más del 4,5% obtenida entre los años 2002 y 2008.

En Estados Unidos son las expectativas de dinamización de la inversión las que centran toda la atención. Dado que la economía estadounidense está próxima al pleno empleo, el crecimiento de la producción se verá limitado por las subidas de los tipos de interés y su efecto sobre el consumo privado y la inversión residencial. De esta forma, apostamos por un crecimiento del producto interior bruto del 2% en la primera economía mundial.

A escala global, los riesgos para el crecimiento se derivarían principalmente de una ralentización del comercio internacional, que podría sufrir a consecuencia de las aspiraciones aislacionistas de numerosos países y una revalorización excesiva del dólar.

A más largo plazo, una de las claves debemos verla en China, donde la evolución del endeudamiento de las empresas no financieras seguirá siendo fundamental para la salud de la economía mundial.


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